domingo, 27 de octubre de 2013

La sonrisa del candidato



Estoy ahora en Santiago de Chile, una ciudad y un país que me resultan especialmente cercanos y entrañables. El tiempo acompaña el plácido paseo por la urbe, en una primavera especialmente luminosa. Santiago tiene el dinamismo que caracteriza este país, que ha pasado de lugar apartado a urbe cosmopolita, donde aterriza todo lo nuevo.
En estos días se prepara la ciudad y el país para unas elecciones presidenciales. Basta salir a la calle para darse cuenta del hecho, pues miles de carteles con las fotos de los candidatos rellenan toda avenida de cierta importancia. Paseando ayer por una calle menor, contemplaba la figura sonriente, siempre sonriente, de estos candidatos. No sé exactamente cuáles eran sus ideas políticas, cuáles las diferencias entre ellos, pues los lemas electorales son tan genéricos que no es posible clasificarlos. Había una cosa común a todos ellos: sonreían, nos ofrecían su mejor imagen de persona feliz que va a procurar la felicidad de quien le vote. Caras jóvenes o maduras, ropa generalmente informal, aunque de buena marca, todos sonríen, seguramente por imperativo del guión, pues en varias ocasiones parecía una sonrisa demasiado forzada. No conozco el sistema electoral chileno, pero se muestra cómo los candidatos “mayores”, los que aspiran a la Presidencia, arropan con su sonrisa, acompañan con su presencia a los que optan a puestos de menor trascendencia: senado, congreso, parlamentos regionales. Todos sonríen. Parece que sólo se puede ser político si se es feliz, mejor dicho si se da imagen de felicidad; no hay problemas, todo va bien, aquí estamos nosotros para solucionarlo.
Parece no importar si el candidato es eficiente, si es honesto, si es inteligente, si procura el bien de los demás. Lo más destacado es que sea feliz, que lo parezca al menos. La política es demasiado ambicionada para no ser sospechosa. Los líderes tienen demasiado interés en serlo para que se lo reconozcamos. Un líder lo es naturalmente, porque es como es. Elegir al mejor solo es posible cuando se conoce a las personas, en entornos pequeños. En elecciones anónimas, parece que la imagen (la sonrisa) para más que las virtudes de los candidatos. La democracia es el mejor sistema político que conocemos, pero tiene vicios, no podemos aceptarlo sin críticas. Están jugando con nuestro dinero, con nuestros problemas, con nuestras esperanzas.
Viendo una campaña electoral me vienen a la cabeza las sabias palabras de Benedicto XVI en la encíclia Caritas in veritate: "El desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común. Se necesita tanto la preparación profesional como la coherencia moral" (n. 71).

domingo, 20 de octubre de 2013

¿Dónde está Asia Bibi?

Era un domingo del mes de junio del año 2009. Asia Bibi se levantó pronto mientras su marido y sus hijos todavía dormían. Fue a un campo cercano a participar en la cosecha de bayas, pues su modesta economía doméstica requería de cualquier ayuda. En su pequeño pueblo, situado en el centro de Pakistán, el día era muy caluroso. Tras varias horas trabajando bajo un intenso sol, decidió ir a beber agua al pozo cercano. Otras mujeres que también trabajaban en la cosecha lo vieron. Una de ellas gritó contra ella: había contaminado el agua, porque Asia Bibi es cristiana y no puede beber donde lo hacen los musulmanes. El revuelo consiguiente llevó a que muchas mujeres se congregaran en torno a ella y comenzarán a atacar su condición de cristiana. Ella osó defenderse y comparar a Jesús con Mahoma sobre esa cuestión. La respuesta fue una colección de insultos y una paliza improvisada. Luego la denuncia por blasfemia, un delito que en Pakistán se paga con la muerte. Desde entonces, Asia Bibi está en la cárcel, tras un simulacro de juicio en donde se la declaró culpable de la pena capital. Espera la ejecución de su condena o la concesión del indulto. La ofrecieron convertirse al Islam, pero ella se ha negado, manteniendo su fidelidad a la fe en Jesús, en la que fue criada. Lleva cuatro años encerrada en una oscura y fría prisión, aislada de otras presas, por temor a que alguna quiera cobrar el alto precio que un mulá ha puesto a su cabeza (suficiente para comprarse una casa en ese país). No puede ver a sus cinco hijos. Pocas veces a su marido, su principal apoyo. Asia Bibi es una mujer sencilla de un pueblo sencillo, que no sabe leer ni escribir, pero que está convencida de los valores que guían su vida: que ama a su familia, que ama a Dios, tanto que no entiende como en su nombre la gente puede desplegar tanto odio. Una mujer sencilla que suscitó el interés internacional porque pone rostro a una legislación inaudita: injuriar a Allah o a Mahoma, despreciar al Corán, puede conducirte a la muerte. Basta que varios testigos lo confirmen; es su palabra contra la de otros que pueden fácilmente utilizar esa ley para saldar rencores personales.
Asia Bibi ha recibido muchos testimonios de apoyo internacional, que no han sido todavía suficientes para liberarla de la cárcela, para permitirla abrazar a su marido y a sus cinco hijos. El gobernador musulmán de su provincia, Salman Taseer, fue asesinado en diciembre de 2010 por apoyarla: un soldado de su escolta le disparó. Tuvo tratamiento de héroe por buena parte de los clérigos que alientan el creciente radicalismo islámico del país. Poco tiempo después, en marzo de 2011, Shahbaz Bhatti, el único ministro cristiano del gobierno pakistaní, fue también asesinado, en una emboscada a la salida de su casa en Islamabad. Ambos asesinatos fueron reivindicados por una organización talibán.
Bhatti había denunciado en múltiples ocasiones la ley de la Blasfemia en su país y había dado apoyo público a Asia Bibi. Había sido amenazado numerosas veces por su apoyo a las minorías religiosas. Poco antes de morir dejó grabado: "Creo en Jesucristo, que dio su vida por nosotros, y estoy listo para morir por esta causa. Vivo para mi comunidad y moriré si es preciso para defender sus derechos". Desde sus muertes han pasado más de dos años, cuatro desde que Asia Bibi ingresó en la cárcel. Ni las peticiones de Benedicto XVI, ni de otros líderes mundiales, han servido para liberar a esta mujer sencilla, que sólo quiere vivir tranquila con su familia, siendo fiel a su Fe. No olvidemos a estos cristianos que en tantos países sufren discriminación, desprecio o ponen en peligro sus vidas simplemente por ser fieles a sus convicciones. Los medios de comunicación occidentales se olvidan de ellos; parece que no interesa su testimonio, en una sociedad que parece también olvidarse del cristianismo. No podemos ser indiferentes ante el sufrimiento de nuestros hermanos de tantos países, al menos hagamosles presentes en nuestras oraciones y sigamos difundiendo su sufrimiento, para que algún día puedan vivir su Fe libremente.

(puedes también contribuir a su liberación mediante la campaña que se está promoviendo para pedir el indulto al presidente de Pakistán)

domingo, 13 de octubre de 2013

Esperando al Nobel...



Uno de mis doctorandos, belga, me comentó hace unos días con gran satisfacción la concesión del premio Nobel de Física de este año a uno de sus compatriotas, François Englert, proponente junto a Higgs de la famosa partícula que finalmente se nombró con el apellido del científico escocés. Me alegró la alegría de mi amigo, y su razonable orgullo por que otra persona más en su país haya conseguido tan alta distinción científica. He revisado estos días la distribución por países de los 853 premios Nobel que han sido concedidos hasta el momento. Si nos centramos únicamente en los de Ciencias (Física, Química, Medicina) y Economía, que de alguna manera son consecuencia del nivel académico e investigador de los países donde trabajan los candidatos premiados, la posición de España resulta realmente lamentable, ya que sólo contamos entre nuestros compatriotas con un premio Nobel, Ramón y Cajal, nada más y nada menos que en 1906. Severo Ochoa, premiado en 1959, también en Medicina, sólo podemos considerarlo como español por el origen, puesto que su trayectoria investigadora se realizó mayoritariamente en EE.UU., donde emigró en 1942. ¿A qué se debe esta carencia de talentos científicos? Uno puede aludir a cuestiones de desarrollo económico, pero se enfrentará con el hecho de que países de menor desarrollo que el nuestro cuentan con recientes galardonados, como México (Mario Molina, Química, 1995), Corea del Sur (Pedersen, Química, 1987) o Polonia (Hurwicz, Economia, 2007; Charpak, Física, 1992). Si atenemos a tamaño de los países y nivel de actividad económica, las comparaciones con Holanda, Austria, Suecia o Bélgica resultan sonrojecedoras. Otro caso, el de Noruega, que con apenas 5 millones de habitantes, cuenta con 6 premios Nobel desde 1968 hasta ahora (2 en Química, 3 en Economía y 1 en Física). Si se trata de entorno cultural, podemos compararnos con Italia, que tiene 7 premios Nobel desde 1969 (4 de Medicina, 2 de Física y 1 de Economía).
En suma, ¿por qué no tenemos investigadores de primer nivel? A mi modo de ver, porque fallamos por la base. Para tener deportistas de élite hace falta que haya una buena educación física, que haya interés en la población por esos temas y que los padres consideren muy relevante que sus hijos se dediquen al deporte. Por supuesto, son necesarias además infraestructuras para practicarlo y soporte económico para que las personas más capaces tengan ingresos que les permitan mantenerse. Soy consciente de que en nuestro país eso se aplica, casi en exclusiva, al fútbol, y en particular al fútbol profesional de primera y segunda división. El resto de los deportes tienen realmente un rendimiento mayor que la inversión.
Si aplicamos todo ese símil a la Ciencia, a la innovación y al desarrollo, entendemos qué está pasando en España. Cuando ningún gobierno se toma en serio la educación de base, cuando no hay una reforma a fondo de la Universidad, cuando la inversión en I+D es cosmética, poco o nada articulada con la industria, cuando no hay incentivos reales para que nuestros mayores talentos trabajen en nuestro país, cuando el reconocimiento social es tan mediocre, no podemos extrañarnos de los resultados. Si gastarse 90 millones de euros en un futbolista es rentable en nuestro país, y no lo es contratar a un premio Nobel por una fracción de esa cantidad, algo debemos reflexionar. No se trata de una cuestión de "orgullo patrio", sino de aprovechar mejor nuestro ingenio, volcandolo además en beneficio de la sociedad,  que pase de la "cultura del pelotazo", de la que todavía vivimos sus secuelas, a un nuevo modelo económico, basado en el esfuerzo, la dedicación, el talento, y la inventiva.

sábado, 5 de octubre de 2013

La virginidad de la Virgen (II)

Dediqué mi última entrada a dar argumentos escriturísticos que muestran como la interpretación correcta de la Sagrada Escritura avala que podamos llamar Virgen a la Madre de Jesús, que no contradice algunos párrafos donde una interpretación literal -particularmente cuando se desconoce la lengua en que está escrito el texto original- podría llevar a equívocos. Por esa razón, parece razonale acudir a la opinión de quienes interpretaron los textos de la Sagrada Escritura en fecha muy cercana a cuando fueron escritos. El criterio protestante de "sola Escritura" ha sido positivo para valorar la importancia de la Biblia como fundamento de la Fe, pero ha tenido el efecto muy negativo de abrir paso a múltiples interpretaciones del mismo texto, obviando la Tradición (cómo lo interpretaron los antiguos cristianos) o el Magisterio de la Iglesia (la autoridad moral para hacerlo). Esto aplica a muchos temas controvertidos desde la Reforma protestante, como la presencia real de Jesús en la Eucaristía, el significado del sacerdocio y de otros sacramentos, las relaciones entre la Fe y las obras, etc., y es la responsable -en última instancia- de la enorme cantidad de divisiones en el seno del protestantismo (unas 12.000 iglesias cristianas, la mayor parte creadas después de Lutero).
En el caso que hoy nos ocupa, indicabamos en la última entrada que la expresión hermanos de Jesús  que aparece en varios pasajes de la Biblia, no contradice que María no tuviera otros hijos, puesto que es razonable entenderlo como parientes cercanos, ya sea hijos de un matrimonio previo de San José, o hijos de algún hermano de José o de María. La primera interpretación es la que le da la Iglesia ortodoxa y la mayor parte de las iglesias orientales, que son firmes partidarias de la Virginidad perpetua de María; la segunda es más común entre la Iglesia católica y parte de la anglicana. Conviene resaltar que entre los escritores antiguos de reconocida autoridad, sólo Tertuliano es partidario de interpertar literalmente la expresión "hermanos de Jesús", y lo hizo en el marco de sus disputas sobre la realidad de la Encarnación (esto es, para mostrar, que Jesús era hombre verdadero, pues tenía también hermanos). Conviene recordar que Tertuliano acabó sus días siguiendo una secta rigorista (los montanistas), y por tanto fuera de la comunión de la Iglesia. Entre los Padres de la Iglesia y escritores cristianos más antiguos, es prácticamente unánime la interpretación de que los hermanos de Jesús son parientes o hermanos de padre, y que, por tanto, María puede considerarse con propiedad como siempre Virgen. Este es el caso de San Ignacio de Antioquía y Orígenes (ambos del s. II), de Eusebio de Cesarea, San Atanasio, San Efrén y un largo etcétera  (hay numerosas citas de estos autores en este magnífico blog).
Resulta muy sintomático que San Jerónimo, a quien debemos la traducción latina de la Sagrada Escritura, quien conocía perfectamente las lenguas originales (vivió en Palestina numerosos años), es completamente partidario de la virginidad de María, y defiende que la interpretación del término hermanos (que el mismo utiliza en la Vulgata) es el de primos.
Cuando interpetamos lo que quería decir Sócrates, parece razonable que estudiemos lo que de él decía Platón, que era su discípulo directo. Cuando queremos saber lo que significa determinado pasaje de la Biblia, también parece razonable preguntar a quien lo leyó en su idioma original o a quien lo escuchó por tradición oral directa. Ellos indudablemente tienen más probabilidad de interpretarlo correctamente que cualquier exégeta o lider religioso de los siglos XVII a XXI. No solo es cuestión de fe, sino más bien de sentido común.

domingo, 22 de septiembre de 2013

La virginidad de la Virgen María (I)

Estoy leyendo estos días un libro escribo por Elizabeth Abbot sobre la historia del celibato, que es un tema que me resulta de especial interés. Este libro me está decepcionando bastante, aunque aún me queda casi la mitad por leer, pues el análisis que hace del fenómeno del celibato, particularmente en su relación con el cristianismo, está plagado de inexactitudes históricas e interpretaciones que me parecen, cuando menos, retorcidas.
Uno de los capítulos lo dedica a María, la madre de Jesús, a quien la mayor parte de los cristianos también llamamos la Virgen María. De acuerdo a la autora, la Iglesia habría distorsionado la imagen real de María, convirtiéndola de una madre normal en un icono de la virginidad, en flagrante contradicción con lo que de ella nos narra la Sagrada Escritura. Al igual que hice hace algunos meses con el Bautismo de los niños, voy a dedicar dos entradas de este blog a demostrar que esta acusación es fruto de una visión muy simplificada de las cosas. Por un lado, hoy me propongo mostrar que la interpretación de la Biblia es perfectamente compatible con la virginidad de María, dejando para la semana próxima lo que nos dicen los escritores cristianos más antiguos al respecto, que ha sido confirmado posteriormente en los escritos del Magisterio de la Iglesia.
Como cristiana protestante, la autora de este libro asume que la Biblia solo puede interpretarse desde la literalidad, lo cual ha llevado a muchas interpretaciones claramente erróneas de los textos sagrados (la de la antiguedad del universo, por ejemplo), particularmente cuando no se conoce la lengua en que esos textos fueron originalmente escritos. Veamos qué nos dicen los Evangelios sobre María (utilizo la traducción de la Biblia de Jerusalén).
En primer lugar, haré referencia a la virginidad de María antes de que naciera Jesús.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Resistencia civil al fútbol

A mediados del s. XIX, Henri David Thoreau, se niega a pagar impuestos en EE.UU. por su desacuerdo con la guerra con México y la pervivencia de la esclavitud, siendo encarcelado por ello. Se inicia así una línea de pensamiento y actuación que conocemos como desobediencia civil, y que supone en última instancia   una postura ética de resistencia activa ante situaciones injustas. Las ideas de Thoreau tuvieron luego gran trascendencia en otros movimientos pacifistas, como el que lideró Gandhi y dio lugar a la independencia de la India. Cuando hay leyes o situaciones objetivamente injustas, no podemos mirar a otro lado, convencernos que no podemos hacer nada al respecto y seguir haciendo exactamente lo mismo. Naturalmente, el grado de compromiso variará con la gravedad de las implicaciones que esas disposiciones tengan.

Me venían estas ideas a la cabeza con un tema que aparentemente tiene poca importancia pero que a mi juicio también puede enmarcarse en este contexto de resistencia civil. Muchas personas se han escandalizado este verano con los fichajes que los clubes más pudientes de fútbol tienen el lujo de permitirse, incluso en una situación económica tan delicada como la que actualmente vivimos. Se dice que es una decisión de una entidad privada sobre la que no puede regularse; se dice también que esas cifras de contratación, por lo demás absolutamente estrafalarias, resultan inversiones rentables. No les falta razón en ambos casos, pero precisamente por eso los demás ciudadanos debemos hacer algo al respecto. Si resulta rentable que un club de fútbol en España se gaste mas de 90 millones de euros (unos 15.000 millones de pesetas!!) en contratar a un señor que le pega patadas a una pelota, hay que preguntarse por qué. ¿Qué ha descubierto ese jugador: alguna vacuna que salvará muchas vidas humanas, quizá una nueva fuente de energía, tal vez una teoría filosófica que nos hará más felices? Basta echarle una ojeada a los mensajes que incluyen en sus Twitters los jugadores estrella, o los cantantes estrella, o los actores estrella para darse cuenta de que aportan muy poco a la humanidad: sólo entretienen; no resuelven ningún problema, sólo hacen olvidarlos (momentáneamente).  ¿Se imaginan que nuestro país hubiera fichado tres premios Nobel, de medicina, o economía, o física? ¿Cuánto nos hubiera costado? ¿Cuál sería su "ficha" anual? 
-Pero, claro eso no es rentable, porque no le interesa a nadie lo que hace un premio Nobel, podríamos decir. 
-Ese es precisamente el problema: si un jugador de fútbol es rentable es porque hay millones de personas dispuestas a gastarse dinero en sus camisetas, a pagar por verle en la televisión, o incluso a leer sus anodinos mensajes en las redes sociales. 

-¿Debemos resignarnos entonces a que el país se gaste fortunas en trivialidades?
Se me ocurre una idea, muy sencilla pero a la larga muy efectiva: dejemos de ver el fútbol, en la televisión, en los campos; dejemos de leer periódicos deportivos; apaguemos el telediario cuando se inicia la sección de fútbol (mal llamada de deportes, pues es ridícula la proporción con otros deportes). La única forma de parar una locura es hacer otra: cortar con nuestra dependencia de algo que solo aporta diversión, pero supone un ingente gasto inútil, o al menos forcemos a que ese gasto se equilibre con otros que son imprescindibles: alimento, educación, salud, ciencia, innovación.. también deporte, el de cada uno. 

martes, 10 de septiembre de 2013

¿Custodios o verdugos?

El Papa Francisco vista de blanco, todos los Papas lo hacen, lo han hecho desde hace muchos siglos. Identificamos el blanco como un color de paz. Los Papas de los últimos siglos han sido especialmente promotores de la paz. Benedicto XV clamó contra la guerra, Pio XII puso todos los medios a su alcance para que acabara (su escudo episcopal era una paloma con un ramo de olivo), Juan Pablo II evitó la guerra entre Chile y Argentina en diciembre de 1978, y habló muy claramente contra la guerra de Irak, y Benedicto XVI ha hablado en repetidas ocasiones de la paz entre las naciones. En esa tradición se sitúa el Papa Francisco, que ha hablado con toda claridad sobre la paz en Siria. Recomiendo vivamente que leais la homilia que pronunció con motivo del día que había convocado de ayuno y oración por esa intención.
La guerra resuelve muy poco; la violencia en general resuelve muy poco. Crea más problemas que soluciones. Son muy pocas las guerras verdaderamente justas, siempre hay otras motivaciones menos nobles, siempre intentan darse razones que no lo son. El recurso a la fuerza es solo un recurso para quien sabe que sus razones no convencen o no sabe exponerlas. En el fondo, la guerra es una manifestación de lo peor que habita en el espíritu humano, sobre todo cuando perdemos de vista que somos criaturas, hijos de un mismo Padre: "Cuando el hombre piensa sólo en sí mismo, en sus propios intereses y se pone en el centro, cuando se deja fascinar por los ídolos del dominio y del poder, cuando se pone en el lugar de Dios, entonces altera todas las relaciones, arruina todo; y abre la puerta a la violencia, a la indiferencia, al enfrentamiento".
El Papa comenta uno de los primeros capítulos de la historia violenta de la especia humana, la que describe el asesinato de Abel, a manos de su propio hermano. Nos narra el capítulo 4 del Génesis que Caín sintió envidia de la prosperidad de su hermano, hasta el punto que llegó a odiarlo y acabar con su vida. Dios le pide cuentas de una manera delicada: «¿Dónde está Abel, tu hermano?». Y  Caín responde: «No sé, ¿soy yo el guardián de mi hermano?». Esta contestación la damos ahora muy a menudo, cuando justificamos nuestra indiferencia en un supuesto respeto a la libertad de los demás: "no es mi problema", no tengo por qué cuidar de los otros, de mi familia, de mis amigos, de los compañeros de trabajo... cada uno es libre de hacer lo que quiera. Ciertamente, ¿pero no será en el fondo una excusa de nuestro egoísmo?
El Papa Francisco continúa: " Esta pregunta se dirige también a nosotros, y también a nosotros nos hará bien preguntarnos: ¿Soy yo el guardián de mi hermano? Sí, tú eres el guardián de tu hermano. Ser persona humana significa ser guardianes los unos de los otros".
Guardián significa en nuestro idioma quien vigila (policia), pero también quien cuida, quien se preocupa, quién está disponible para los demás. Siendo miembros de la misma especia, siendo hermanos, hijos de Dios, todos somos guardianes, custodios de los demás, no el sentido de controlar sus decisiones, de dirigirlas, sino de sentirnos comprometidos con su bien, de superar nuestro egoísmo, nuestro propio interés, para crear una sociedad más solidaria. Por el contrario, cuando los demás se ven como instrumentos para nuestro propio interés, se rompe la armonía y, como sigue diciendo el Papa Francisco, "... el hermano que deberíamos proteger y amar se convierte en el adversario a combatir, suprimir. ¡Cuánta violencia se genera en ese momento, cuántos conflictos, cuántas guerras han jalonado nuestra historia! Basta ver el sufrimiento de tantos hermanos y hermanas. No se trata de algo coyuntural, sino que es verdad: en cada agresión y en cada guerra hacemos renacer a Caín. ¡Todos nosotros! Y también hoy prolongamos esta historia de enfrentamiento entre hermanos, también hoy levantamos la mano contra quien es nuestro hermano".
La paz no es solo tarea de diplomáticos, nos afecta a todos, a la manera en que contemplamos a los demás, a la forma en que intentamos resolver los problemas, a cómo superamos los distintos puntos de vista, las situaciones conflictivas. Ojalá nuestra oración permita parar la guerra de Siria, ojalá nuestra actitud cambie la guerra en tantos países, los conflictos en tantos lugares de trabajo, en tantos hogares.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Un amigo es un tesoro

Hay libros que entretienen, otros que enseñan, otros que hacen pensar y otros que marcan de tal forma que nos hacen cambiar. Hablo, naturalmente, de los buenos libros; los otros prefiero no calificarlos. Cualquier buen libro aporta mucho, pero hay algunos que no sólo nos hacen pasar buenos momentos, no sólo nos ilustran sobre aspectos de la vida que no conocemos bien o sobre experiencias que no alcanzamos a comprender, sino que nos impactan de tal manera que nos animan a un cambio de rumbo, aunque sea pequeño, en nuestros valores o nuestro comportamiento. Claro está que esto es muy personal, a cada uno le impactan unos escritos, pero también podemos afirmar que hay libros universales, que a todos de alguna manera nos "sacuden" de nuestra modorra interior y nos hacen ilusionarnos con la idea de ser mejores. Me parece que uno de esos libros es el "pequeño principe" (el Principito, como lo hemos traducido en las versiones más conocidas en España), una obra maestra del aviador y escrito francés Antoine De Saint - Exupéry, desaparecido en un misión de reconocimiento durante la segunda guerra mundial. El Principito es uno de esos libros que ofrece mucho más de lo que sugiere a primera vista. Está lleno de analogías, de sugerentes imágenes, de contrastes que nos permiten reflexionar sobre valores quizá desvaídos en nuestra vida.
Hoy quería comentar algo sobre reflexiones que el Principito nos propone sobre la amistad, uno de los más profundos sentimientos del ser humano. Me parece que uno de los síntomas de la crisis de valores que vivimos en Occidente es la pérdida del sentido de la amistad, que siempre es amor gratuito, amor generoso. La palabra amigo desgraciadamente hoy se manosea con su recurrente uso en las redes sociales. Se dice sarcásticamente que "eres más falso que un amigo en Facebook". Lástima que las redes utilicen esa palabra para referirse a una relación humana que emulan de manera enormemente superficial. Como es lógico, nadie puede tener 300 ó 400 amigos. Lo que las redes sociales refieren como amigos son sólo personas que, con más o menos cercanía, tienen algún interés en lo que decimos o hacemos. Muy lejos está eso de lo que es realmente un amigo: alguien que siempre está ahí para escucharnos, para ayudarnos, alguien con quien queremos compartir momentos de alegría o tristeza. La amistad requiere tiempo, dedicación, tiene que ser bidireccional: no podemos tener amigos sólo para servirnos de ellos.
Me parece que los pasajes que el Principito dedica a diálogar con el zorro son una magnífica alegoría de lo que es la amistad. El zorro pretende convencerle que le domestique, para que ese niño desconocido pase a ser alguien con significado, alguien a quien ama y por quien es amado. No será ya un niño más, sino su amo, su amigo. Eso requiere un entrenamiento, una repetición de encuentros que fragüe una relación humana. "Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios". Los ritos, los tiempos, la dedicación. La intimidad require cultivar la amistad. Naturalmente no estoy hablando de nada sensual; el amor de amistad no requiere intercambio corporal: sólo es genuino cuando es espiritual, aunque se base también en favores materiales. La amistad no es el noviazgo, no es el amor esponsal, naturalmente no el amor genital. Todos necesitamos amigos, somos seres sociales y necesitamos expandir nuestro interior con alguien que nos conozca, que nos oriente o simplemente que sepa estar junto a nosotros en los momentos necesarios. Pero el ajetreo cotidiano, las largas distancias, la comunicación incomunicada de las nuevas tecnologías, nuestro creciente materialismo, pueden hacernos perder uno de los mayores tesoros: la amistad, y quien no tiene amigos, me parece que ha perdido buena parte de su vida, aunque aparentemente triunfe. Como dice el zorro al Principito, "Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo,  domestícame!"

domingo, 25 de agosto de 2013

Raíces del actuar moral

Estoy leyendo estos días un libro de un amigo que presenta los valores que a su juicio permiten alimentar una vida plena. Es un hombre con una gran preocupación ética, y así lo muestra en los valores que propugna: el amor por los demás, la comprensión, la honestidad, la frugalidad, el respeto por el medio ambiente.
Vivimos en un entorno cultural que se ancla en el relativismo ideológico, que, tal vez subrayando el respeto por las opiniones de todos, acaba por negar que unas estén más cercanas a la verdad que otras, negando también la existencia misma de la verdad, o al menos la capacidad de nuestra razón para alcanzarla. Esta postura resulta muy acorde con la sensibilidad contemporánea, pero en la práctica se aplica a pocos temas de nuestra realidad cotidiana. Poca gente discute que dé igual ganar más o menos dinero, que tal o cual fruta que vemos en el mercado esté pasada o no, que dé igual llegar a una u hora al trabajo, o que los niños tengan o no que hacer las tareas que les han encomendado en clase. Dejamos pues el relativismo para el terreno de la ética o moral, donde cada uno puede tener sus convicciones, por muy absurda fundamentación que tengan, siempre que no afecten a la vida de los demás. El consabido lema: "que cada uno haga con su vida lo que quiera", tiene una base moral muy razonable, pues cada uno es libre de tomar unas u otras decisiones, pero debería complementarse con la necesidad de fundamentar esas decisiones sobre principios que nos dignifiquen, personalmente y como individuos que forman parte de una sociedad. De ahí que sea muy importante tener claro cuáles son esos principios del "buen obrar", qué conductas son buenas y cuáles son desdeñables, aunque en última instancia nuestra debilidad las acabe haciendo. En esto pasa como en las comidas: hay alimentos que son más saludables que otros, aunque comamos algunos que sabemos nos pueden hacer mal con el sólido argumento de "un día es un día".
Al igual que en la comida hay argumentos para saber qué alimentos son buenos y malos para nosotros, también tenemos referencias morales para saber qué conductas son buenas y malas. Un criterio de decisión sería nuestra propia constitución biológica (qué acciones favorecen a nuestra fisiología y cuáles la deterioran: drogas, por ejemplo). Otro iría más allá y se refiere a nuestra condición antropológica: somos seres sociales, sexuados, nos desarrollamos en el seno de una familia, etc. Finalmente, podemos basar nuestros valores morales en unos principios filosóficos o religiosos: por ejemplo, podemos estar convencidos de que los animales tienen tanto derecho a la vida como nosotros y evitar el consumo de carne; o ser fieles de una determinada religión y seguir sus principios éticos. En la tradición judeo-cristiana, esto se concreta en los diez mandamientos, reglas básicas de la moral, que tienen un origen revelado (unos textos que aceptamos o no), pero pueden fácilmente fundamentarse sobre razones biológicas o sociales. Por ejemplo, la actitud de cariño y desvelo de una madre por su hijo procede de una decisión libre que toma con unas raíces culturales -entre las que pueden estar también las religiosas - aunque se base en un instinto que se comparte con otras especies animales.
Para el cristianismo, estos planos que no se contraponen, pues lo verdaderamente humano -ya sea originalmente biológico o social- se asume en la tradición revelada. Si somos creados por Dios, no tendría sentido que sus instrucciones morales contravinieran la constitución física o social con la que nos ha concebido. Por eso las reglas morales que procuramos vivir en el cristianismo facilitan una vida plena, ya que incluyen las dimensiones físicas, sociales y espirituales que conformen nuestra existencia. Nada más lejos de la moral cristiana que la arbitrariedad, pues ni la naturaleza es arbitraria ni los preceptos que Dios nos ha transmitido: ambos proceden de la misma fuente y conforman las "instrucciones de uso", para que alcancemos una felicidad temporal y eterna.

sábado, 17 de agosto de 2013

La ética de la Tierra

He leído estas últimas semanas un libro que recomiendo vivamente para los últimos días de vacaciones. La traducción española del libro es "La ética de la Tierra", en edición de Jorge Riechmann, que se publicò en 2000. El titulo original que le dio su autor, Aldo Leopold, era: "The Sand County Almanac", el diario del condado arenoso, refiendose a la comarca en donde se situaba la finca que sirvio de esparcimiento a su familia en las décadas que trabajo en el estado de Wisconsin. En un lenguaje sumamente evocativo, el autor nos cuenta en doce capítulos -dedicados a cada uno de los doce meses del año- sus experiencias y sensaciones en esa granja, mostrandonos un magnífico ejemplo de lo que significa contemplar la naturaleza, mirarla con interés, asombrarse de su belleza, conocerla mejor, aprender de ella.
Completa este diario, unos capítulos sobre otras vivencias campestres de Leopold durante sus largos años de servicio en el Servicio Forestal de EE.UU.,  y un capítulo a modo de conclusión, en donde el autor propone unas reflexiones que permitan establecer una nueva relación con la naturaleza. Esta breve sección da, de alguna forma, título a la obra en su versión española, ya que ahí Leopold enuncia las bases de una nueva dimensión ética: la que nos liga al resto de las criaturas vivas.  Como escribe el mismo autor, "la ética de la tierra, sencillamente, extiende las fronteras de la comunidad para incluir los suelos, las aguas, las plantas y los animales; dicho de otro modo, la tierra" (p. 135). Hasta mediados del s. XX todo el mundo consideraba que las relaciones éticas sólo afectan a los seres humanos; a partir de esta obra, con algunos antecedentes en el movimiento conservacionista estadounidense, comienza un nuevo debate sobre nuestras conexiones éticas con otras criaturas no humanas. ¿Tenemos deberes con los animales, las plantas? ¿Esos deberes son consecuencia de su propio valor o de la necesidad de otros seres humanos de disfrutarlos? No es fácil responder a esa cuestión desde la perspectiva de Leopold. Sus comentaristas más biocéntricos (caso de Calicott, por ejemplo) abogan más bien por la primera postura, que definiría una nueva dimensión ética, ya que los seres vivos no humanos también serían sujeto de derechos. En mi opinión, esa conclusión está más allá de lo que sugiere Leopold, pero no cabe duda que nos estimula a reflexionar en esa línea, y sobre todo nos aporta una nueva perspectiva sobre los valores que la contemplación natural ofrece al ser humano, más allá del valor puramente económico que esos recursos naturales puedan tener para nosotros. Como él mismo afirma: "El pivote que hay que mover para poner en marcha el proceso de evolución que conduciría a una ética de la tierra es simplemente éste: dejar de pensar que el uso adecuado de la tierra es sólo un problema económico. Examinar cada cuestión en términos de lo que es correcto desde el punto de vista ético y estético, además de lo que conviene económicamente". Y concluye, indicando un criterio que suena ciertamente como un a priori moral: "Algo es correcto cuando tiende a preservar la integridad, estabilidad y belleza de la comunidad biótica. Es incorrecto cuando tiende a otra cosa" (p. 155).
Aprovecho para recomendaros el enlace a una cátedra de ética ambiental que hemos iniciado recientemente en la Universidad en la que trabajo:

domingo, 11 de agosto de 2013

¿Se puede vivir sin esperanza?

La dureza y extensión de la crisis en que estamos sumidos ha implicado para muchas personas la pérdida o el resquebrajamiento del optimismo vital. La noción de progreso como algo lineal, siempre ibamos a mejor, y la constación de que hay cosas que estamos perdiendo y que seguramente no vamos a recuperar, nos une a un ambiente cultural propio del llamado postmodernismo, caracterizado por un pesimismo existencial, un nihilismo que considera como pasajera cualquier alegria, pues en última instancia son espejismos y, al final, solo queda la amargura. Detrás de esta actitud hay muchas cosas, a mi modo de ver una evidente es la pérdida de la Fe, con mayúsculas, pues cuando se pierde la confianza de que hemos sido creados por un Dios personal, que vela por nosotros, es muy difícil mirar más allá de las cosas que nos fuelen, física o moralmente, encontrar el sentido vital de nuestra existencia. Sin Dios, se acaba perdiendo también la fe en los demás seres humanos y, en última instancia, en nosotros mismos. No niego que haya personas sin fe, ateos o agnósticos, que tengan esperanzas cotidianas, pero el sentido último, la Esperanza con mayúscula de que todo tiene sentido, de que las piezas encajarán, de que la injusticia no tiene aquí su última palabra, sólo la puede dar el reconocimiento de un Dios a la vez amosoro y justo. Citando a Roman Guardini, decía recientemente el Papa Francisco "que Dios responde a nuestra debilidad con su paciencia y éste es el motivo de nuestra confianza, de nuestra esperanza". Sin Dios es muy difícil no caer en el desaliento, al comprobar que los motivos de nuestras esperanzas menores son frágiles: el amor y la amistad, las más nobles, están sujetas a la muerte o la debilidad humana; los objetivos profesionales o las cosas que nos ilusionan, apenas dura su encanto cuando los conseguimos, dejándonos una tensión interior para seguir buscando. Anhelamos algo más, más allá de lo que podemos alcanzar, pero tenemos la convicción interior de que no es un intento vano, de que estamos "llamados" a eso. La esperanza de conseguirlo, la convicción de que hay un mundo más allá al que tendemos, nos llena de alegría, que refuerza las alegrías o remedia el dolor de lo cotidiano. Como bien escribia Dostoyevski, "la sola idea constante de que exista algo infinitamente más justo y más feliz que yo me llena totalmente de desmedida ternura y de gloria, sea yo quien sea, haya hecho lo que haya hecho. Para el hombre, bastante más indispensable que su propia felicidad es saber y creer en todo momento que existe un lugar donde hay una felicidad perfecta y calma para todos en todo...". Podemos vivir sin muchas cosas, pero no podemos vivir sin esperanza, sin el sentido último de lo que hacemos; podremos remediarlo con sentidos más pequeños, pero en el fondo seguramente algo en nuestro interior nos dirá que tenemos un gran vacío, pues anhelamos una alegría plena: no nos conformamos con menos.

lunes, 5 de agosto de 2013

5 lecturas para este verano

Cuando era algo más joven (qué mal sienta empezar de esta manera, pero es lo que hay en estas fechas del año), se ponía de moda todos los años, la llamada "canción del verano", que era casi siempre una melodía pegadiza, de nula consistencia cerebral, que servía para mover el esqueleto en chiringuitos playeros a lo largo y ancho de la costa española.  Ahora se matiza el asunto con el "partido del verano", donde los equipos más cotizados intentan calentar motores a la vez que pasan "el cesto" por algún que otro país exótico (al menos futbolísticamente hablando). El caso es tener entretenidos al hispano medio, que vaga por la canícula veraniega con más pena que gloria.
Pero también hay otras maneras de descansar y disfrutar del mayor tiempo libre. Es el momento para hacer todas esas cosas para las que no tenemos tiempo durante el ajetreo del curso, para atacar ese libro clásico que se nos resiste, esa película larga que algo aporta, para ordenar la colección de sellos, armar por fin el rompecabezas que nos echaron los Reyes, o incluso aprovechar para poner en papel o en pantalla esas ideas que nos revuelan la cabeza.
La lectura es una manera excelente de descansar-aprendiendo. Ya sea en papel, en ebook o en tablet, leer un buen libro siempre es reconfortante. Para esas tardes encapotadas, para esas noches donde apetecer alargar un poco la vigilia, os facilito una lista de libros que pueden convertir el tedio veraniego en una ocasión de renovar nuestro interés literario o cultural.
Ahí va mi selección:
1. Gillian Bradshaw, El faro de Alejandría (estupenda novela ambientada en las últimas décadas del s.IV).
2. Saint Exupery, El principito (siempre es estimulante repensar las múltiples analogías que incluye el genial texto del escritor y aviador francés).
3. Nicolás Jouve, Células Madre (una obra sencilla y profunda a la vez sobre la base biológica de la experimentación con seres humanos y los problemas éticos que plantean).
4. María Calvo, Alteridad Sexual (una de las principales especialistas en esta temática, recorre la trayectoria histórica y las bases de la ideología de género, dejando al descubierto sus carencias y sesgos).
5. Ian Kerr, Newman, sin duda la mejor biografía escrita hasta el momento del genial pensador inglés, uno de los que han ejercido más influencia sobre el catolicismo anglosajón del s. XX.

Animo con ello. Ya me contareis si os gusta la selección.


jueves, 1 de agosto de 2013

Solos y acompañados

Me disculpo por el retraso en este compromiso semanal de compartir con vosotros mis reflexiones. Estoy ahora en EE.UU., y varios compromisos profesionales me han dificultado cumplir este agradable hábito de escribir en esta especie de diario a la vez íntimo y público.
Paseaba el otro día por Nueva York en busca de la catedral de San Patricio, por cierto ahora en restauración. Dicen que en este país hay dos tipos de personas: los que odian y los que aman Nueva York. Es ciertamente una ciudad muy singular, no sólo por su arquitectura, arquetipo de lo que ha llamado "modo de vida americano", sino sobre todo por su vida interna, por el ritmo de las gentes que la habitan. Me comentaba una amiga que trabaja aquí desde hace unos años, que para sobrevivir en Nueva York es preciso, dijo casi literalmente, "ponerse los guantes de boxeo a las 7 de la mañana, pues ya solo entrar en el metro es una lucha por la supervivencia". Lo cierto es que a ella le gusta la ciudad, y que ha sido capaz de superar o al menos de convivir con ese carácter agresivo.
Una de las primeras cosas que saltan a la vista aquí es la cantidad de gente que está sola, que come sola, que se divierta sola, que trabaja sola, que vive sola. Es paradójico que en una ciudad tan abigarrada se dé tanta soledad. Pero no deja de ser reflejo de una sociedad, que se propone como modélica en muchos aspectos, y que en buena medida se basa en la exaltación de lo individual. La competencia, el afán de superación personal, la auto-ayuda, la capacidad de resolver autónomamente los problemas está en la raíz más íntima de ese "modo de vida americano" al que me referia antes. Todo eso puede ser un valor positivo, pero cuando se acentúa hasta casi olvidar que el ser humano, por naturaleza, es un ser social, que depende de otros, se acaba generando un ambiente muy aislado, donde la marginalidad convive cotidianamente con el éxito casi estrafalario. La misma sociedad que construye rascacielos de 100 pisos, observa con parsimonia a cientos de personas sin hogar, abandonados en las calles. La misma que construye inmensos puentes, imposibles sin el concurso de miles de personas, alimenta el aislamiento, el individualismo casi intransigente, que en razón de respetar la intimidad parece conducir a la indiferencia. Me dio que pensar el sentido de esta convivencia abigarrada entre extraños, que nos acostumbremos a la falta de vínculos, que pretendamos crear sociedades minusculas, de una persona consigo mismo, que a la postre nos conducen a estar muy solos, aunque no quepamos en un vagón de metro.

viernes, 19 de julio de 2013

La ideología de género es, sobre todo, ideología

Cuando hablamos de ideología, en términos coloquiales, hacemos referencia a las diversas opiniones sobre un tema determinado, ya sea en cuestiones políticas, sociales o culturales. En este sentido, tener ideología es tan propio de la naturaleza humana como pensar. Ahora bien, si aplicamos el concepto más estricto de la palabra, el que se deriva de la escuela filosófica que denominamos "idealismo", muy ligado a la tradición alemana, y singularmente a Kant, ideología es el esquema mental que aplicamos a interpretar la realidad, puesto que la realidad no es el origen del conocimiento, sino en la medida en que nuestras propias ideas la iluminan e interpretan. En esta acepción, que forma parte clave de la forma de pensar de nuestros contemporáneos, ideología es un esquema mental, que se aplica a la realidad y, si es preciso, la deforma para que encaje en dicho esquema. En este sentido, es muy frecuente que las ideologías se pongan por delante de las realidades, a veces de modo tan evidente que resulta realmente sorprendente que personas inteligentes sigan manteniendo unos determinados postulados pese a que los hechos los desmientan categoricamente. Podemos poner muchos ejemplos de esta actitud, desde las tendencias políticas o sindicales, hasta las deportivas o culturales.
Un ejemplo nítido de lo que estoy diciendo es la denominada "ideología de género", que se considera un postulado sobre el que no cabe disensión. Lejos de garantizar la igual dignidad a hombres y mujeres, simplemente elimina las diferencias entre sexos, so capa de un igualitarismo que acaba volviéndose contra el propio ser humano, pues no se apoya en la realidad, para empezar en la realidad biológica, que aunque no determina al ser humano, le condiciona bastante. Me hacía notar un amigo biólogo hace años que hay más diferencias genéticas entre un hombre y una mujer que entre un sueco y un aborigen australiano (nada menos que un cromosoma, con sus genes asociados). Por ello, parece razonable que haya diferencias en el modo en que hombres y mujeres enfocamos lo cotidano, y que eso se traduzca en múltiples ámbitos, desde el laboral hasta el educativo, logicamente manteniendo lo que he dicho, que ambos tenemos la misma dignidad y derechos. Recomiendo la lectura de un reciente libro de María Calvo sobre este tema: Alteridad Sexual. La verdad intolerable, que ha publicado la editorial Digital Reasons. Os dejo con una breve explicación de la propia autora.

domingo, 14 de julio de 2013

¿Dónde está tu hermano?

Hablaba estos días con unos colegas de trabajo sobre la visita del Papa a Lampedusa, su primera visita fuera de Roma. Es muy significativo que el Papa haya elegido este lugar, puerta de Europa para muchos inmigrantes africanos, puerta del naufragio para miles de ellos, ahogados, año tras año, en una travesía atizada por la pobreza y las mafías que se enriquecen con comercio de humanos. Lampedusa no es un resort turístico; no es un lugar de esparcimiento; es un lugar de esperanza y de sufrimiento, la via de escape a la miseria, a la persecución en la que se debaten miles de africanos, que buscan en sus hermanos europeos la esperanza. Pero no encuentran acogida, no se les recibe con los brazos abiertos, sino tantas veces con reticencia, con sospecha, cuando no con hostilidad: vienen a quitarnos lo "nuestro".
El Papa ha querido recordarnos, a todos los seres humanos de buena voluntad, que este mundo es uno solo, que somos parte de la misma Creación, hijos del mismo Dios, que nos ha dado en usufructo esta Tierra para compartirla, con todos los demás seres humanos y con todas las demás criaturas, que también son fruto del amor de Dios. Lampedusa es el rostro presente de un drama azotado por una economía al servicio de muy pocos, de unos gobiernos corruptos, aquí y allá, que expulsan a las personas con unas condiciones de vida míseras, que
almacenan los inmensos bienes del planeta en muy pocas manos.
El Papa nos ha pedido en Lampedusa que no seamos indiferentes: unos quizá podremos hacer algo efectivo, para remover las situaciones injustas de partida, otros, al menos podremos acoger a quien llega con el cariño de quien recibe a un hermano lejano; todos al menos deberíamos conmovernos ante esos dramas, que ocupan apenas unos segundos en nuestra televisión, pero meses, años, vidas en tantas personas de tantos países cuya única culpa ha sido nacer en un lugar distinto al nuestro.  Te recomiendo leer la Homilia del Papa Francisco en la misa que allí celebró. Son unos minutos, pero te pueden hacer pensar en algo más que en ti mismo, a preguntarte si te has dado cuenta de que falta tu hermano.