domingo, 10 de junio de 2018

Isabel: más tópicos históricos

Ya sé que pueden tacharme de estar poco al día, pero es ahora cuando estoy viendo la serie sobre Isabel I que emitió televisión española hace más de seis años. Reconozco que no veo la televisión habitualmente, y aunque varios compañeros me hablaron de la serie en su momento, prefería esperar a que estuviera disponible en otros formatos para verla con la periodicidad que considerara oportuno. Lo estoy haciendo ahora.
Reconozco que la serie está bien filmada y es atractiva de ver, incluye los elementos que garantizan una audiencia continua. Los episodios fluyen con dinamismo y el guión permite crear una esfera de intriga y pasiones que atrae mucho al espectador. En fin, se ve bien, en pocas palabras.
Pero... sí, la serie tiene peros. El más importante, a mi modo de ver, es el retrato que hace de la sociedad de su tiempo, en muchos casos transponiendo groseramente los valores que ahora se consideran de validez universal. Se me antoja especialmente desagradable la presentación que hace la serie de los cristianos en general y de los líderes eclesiásticos en particular. Hasta donde llevo visto, todos los obispos de la serie son personajes odiosos: ávidos de poder y de dinero, rencorosos, soberbios, lujuriosos, mundanos, sin ninguna referencia espiritual. ¿No había ningún eclesiástico verdaderamente cristiano en aquella época? Lo dudo, es más me parece una presentación infantil de un estamento, que con todos sus errores contribuyó a que España pasara de ser un conjunto de reinos divididos a un imperio de referencia mundial. Quizá convenga revisar el libro de Elvira Barea sobre los tópicos negros de nuestra propia historia, que asumimos sin ningún sentido crítico.
Naturalmente son muchos más los que ven series o películas que los que leen libros especializados, y esa visión negativa y simplona cala en la sensibilidad de quien está viendo un film que se presenta como histórico. En las líneas generales lo es, obviamente, digamos que en un 15% del contenido, pero el guión restante corresponde más a los prejuicios de quien lo firma que a la realidad histórica.
No es de extrañar la imagen pésima que tiene la iglesia católica en este país, pues a sus errores ciertos se le unen múltiples otros imaginados, silenciando siempre los bienes que difundió (hospitales, universidades, educación, sentido de la compasión, justicia y un largo etcétera). ¿Cuándo veremos algún clérigo honesto, amable, alegre, inteligente en una serie o película española? Cuesta creer que el catolicismo haya sido seña de identidad de un país, que tiene entre sus mayores logros haberlo difundido, no sólo como religión, sino principalmente como cultura, como valores que han construido sociedad más justas, con todos los defectos que a todos los seres humanos nos acompañan.

domingo, 20 de mayo de 2018

La enseñanza de la religión en las escuelas

Hemos presentado recientemente en la editorial que promuevo un interesantísimo libro que analizar el panorama de la asignatura de Religión en las escuelas europeas. El profesor de la Universidad de Zaragoza, Alejandro González-Varas, hace un recorrido por los países de nuestro entorno sobre la situación legal de esta materia, tan controvertida en nuestro país, sin duda uno de los caballos de batalla más polémicos en cualquier reforma legal de la educación.
En esta cuestión, como en otras muchas, se confirma que están más extendidos los prejuicios que los conocimientos, y que las cuestiones de fondo se saldan con el recurso fácil al cliché, al manido eslogan, dejando al margen los debates serios. Nuestros políticos, particularmente los que presumen de ser de izquierdas, saben que ganan prestigio en sus audiencias cuando critican a la Iglesia, con ocasión y sin ella, y que cuanto más anticlericales (o antireligiosos) se muestren, más reputación de progresismo les acompañará. Lástima que no se muestre ese mismo progresismo en otros frentes que son mucho más relevantes: sobriedad y coherencia de vida, cuidado del ambiente, promoción real de la educación o la sanidad de calidad, política económica o protección de la familia. Todo eso, que era el discurso de la izquierda moral, puede negociarse, pero la denigración, o aniquilización si es posible, de la religión parece postulado inamovible. Ojalá algún día tengamos políticos verdaderamente cristianos de izquierda, o políticos verdaderamente de izquierda cristianos, o al menos abiertos al hecho religioso: en este país es una categoría bastante inédita.
https://www.digitalreasons.es/libro.php?valor=La%20ense%C3%B1anza%20de%20la%20religi%C3%B3n%20en%20Europa
Pero vuelvo al tema de esta entrada. La religión es una asignatura impartida de modo confesional y evaluable en el curriculum en países europeos muy variados, como Grecia, Austria o Finlandia, que pasa por ser el ideal de calidad educativa (aunque los gurús educativos parece que no comentan mucho sobre este presencia de la religión en la escuela finlandesa). A la lista pueden añadirse Bélgica, Alemania, Letonia, Lituania o Polonia. En todos los casos, la religión es de obligada impartición y los padres de los alumnos eligen la tradición religiosa que se adecúa a sus creencias (católica, ortodoxa, luterana, islámica, etc.).  Otros países ofrecen la misma religión confesional pero de modo voluntario, generalmente fuera del horario escolar, como es el caso de Bulgaria, Hungría, Portugal o la República Checa. En tercer lugar, hay otros países donde la religión se imparte como una materia obligatoria sin carácter confesional, como un aspecto más de la cultura humana. Este es el caso del Reino Unido, Suecia o Noruega. Finalmente, hay muy pocos países, pese a lo que digan algunos políticos o formadores de opinión interesados, donde no se imparta enseñanza religiosa en absoluto: caso de Francia, Albania o Eslovenia, si bien en el país galo se están replanteando esa decisión (muy propia de la concepción republicana de ese país) ante el impacto cultural que la ignorancia religiosa tienen entre sus jóvenes habitantes.
En suma, la religión es una dimensión cultural imprescindible de la educación humana. Es clave para entender el contexto histórico y una gran cantidad de manifestaciones artísticas (cuando entré por primera vez en un templo budista, entendí lo difícil que se hará disfrutar de una catedral a quien no sepa nada del cristianismo). Enseñar adecuadamente esta disciplina es clave para formar cultural y moralmente a nuestros alumnos. Una visión más amplia permitirá superar trasnochados laicismos, que no ayudan a promover un verdadero progreso.

domingo, 6 de mayo de 2018

¡Qué difícil es rezar en las iglesias!

Tengo costumbre de hacer un rato diario de oración, donde intento dialogar con Dios, contarle mis inquietudes, conocerle un poco más, escuchar sus sugerencias...
Escuché un viejo chiste, en el que le preguntaban a un recluta para ascender a cabo, -¿dónde está Dios?. El contestaba: -"Estar, estar, está en todas partes, pero donde mayormente para es en las iglesias".
No es fácil hablar con Dios, no es evidente, y por tanto -al menos a mi me pasa- se requiere un cierto sosiego exterior para "pegar la hebra". Claro que puedes decirle cosas mientras vas en el metro, paseando por la calle, o incluso en medio del trabajo, pero para hablar tranquilamente se requiere una cierta tranquilidad, silencio, aislamiento del barullo exterior. Y eso, junto a la presencia de Jesús en la Eucaristía, es lo que busco cuando intento hacer mi rato diario de oración en una iglesia. Pero no siempre es fácil. Es más, a veces resulta bastante difícil, por dos razones principalmente: o porque la iglesia está cerrada, o porque hay ruido dentro. Ambas cosas no se entienden bien. ¿Para qué sirve una iglesia que está cerrada? Entiendo que puede haber energúmenos que puedan agredir al templo y es preciso ser precavido, pero ¿realmente es necesario tener las iglesias cerradas la mayor parte del día, abriéndolas apenas unos minutos antes de las celebraciones eucarísticas?
Si hay suerte y está abierta, todavía me resulta más frustante que haya ruido en el interior. ¿No hay sitios para charlar, mucho más interesantes que una iglesia? ¿Es tanto el ruido exterior que hemos cogido horror al silencio? No siempre es ruido de cháchara, a veces son devociones de unas personas piadosas, que rezan el rosario u otras oraciones en voz alta. Me parece muy bien que lo hagan, pero ¿tiene que ser precisamente en el único rato que está la iglesia disponible?
Pongo tres ejemplos. En mi parroquia, solo se abre 30 m antes de la misa, y siempre hay personas rezando el rosario en ese rato, asi que ya he decidido buscar otro templo. El pasado viernes tenía una reunión cerca de la catedral, asi que entré en la cripta de la Almudena a hacer ese rato de meditación. En la capilla del Santísimo, reservada para la oración, unas piadosas señoras rezaban las letanías del Sagrado Corazón. Me fui a la nave principal, donde entre el órgano (lo más llevadero), los turistas paseando y haciendo fotos, y finalmente un sacristán con la aspiradora, no puede decirse que el sosiego fuera ejemplar. El sábado me acerqué a la ermita de la virgen del Puerto, a media tarde. Estaba abierto, "estupendo", por fin tranquilidad. Resulta que preparaban la fiesta del día siguiente, y entre la limpieza, sacar las andas de la imagen y otras chácharas, no hubo manera de concentrarse.
En fin, a veces me pregunto por qué será tan difícil rezar en una iglesia.

domingo, 29 de abril de 2018

¿Como entendemos el bien común?

El pasado miércoles, mientras buena parte de los madrileños se empotraban en la televisión ante la semifinal europea, presentamos un nuevo libro de la editorial Digital Reasons. Se centra en la renta básica universal, un concepto que tenemos a considerar como utópico o excesivamente idealista, archivándolo sin apenas consideración: pero la tiene, y mucho. Hay varios aspectos que conviene considerar sobre este asunto:
1. Los bienes de la tierra tienen un destino universal, esto es un principio moral que avala la Teología católica y otras muchas posiciones religiosas y filosóficas. ¿Como se concreta? Esto es mucho más difícil. Si el pastel es de todos parece justo que todos tomemos un poco, pero si uno piensa que solo pueden comer los que lo hayan elaborado, entonces la cosa se complica. En cualquier caso, se trata de una cuestión del bien común, de cómo distribuir el progreso que alcanzamos entre todos. Obviamente, abogar por el bien común es cosa muy distinta de pensar que todo tiene que ser común.
2. El sistema económico actual funciona con deficiencias. No sabemos bien cuál puede ser su reemplazo (el comunismo, obviamente, no lo fue), pero algo hay que hacer al respecto porque no tiene sentido que las desigualdades sociales sigan creciendo a la par que lo hace la riqueza global. Los pobres son un poco menos pobres y los ricos son mucho más ricos. Esto no es razonable, no crea sociedades justas, ni sanas socialmente. Las desigualdades extremas llevan a la pobreza marginal, a las carencias educativas, sanitarias y, en muchos casos, a la delincuencia. Hay que pensar en cómo distribuir los gastos sociales de manera más eficiente. No se trata solo de remediar situaciones límite, sino de conseguir que todos vivan con un minimo de bienestar.
3. La revolución tecnológica es imparable y va a suponer, ya lo está haciendo, una tremenda pérdida de puestos de trabajo. Las máquinas hacen mucho más barato, y tantas veces mejor, muchos trabajos que antes hacían los seres humanos. Esto se va a incrementar. Van a crearse otros trabajos nuevos si, pero casi nadie considera que en la misma proporción que los que se destruyen.
4. Los sistemas de renta básica asumen que la gente va a contribuir al sistema y no a aprovecharse de él. No somos ángeles,y en algunas sociedades donde es tan evidente la falta de ética pública, las cosas no apuntan bien para conseguir que la renta básica no degenere en abusos. Hay tarta actualmente para todos, obviamente, pero no sabemos qué pasaría si hubiera mucha gente que dejara de contribuir a construir la tarta.
5. La renta básica debería ser universal, esto es afectando a todos los seres humanos. De otra forma, solo queda el remedio a contruir vallas, que tanto denostamos en Trump. Por ejemplo, estando a menos de 10 km de Marruecos, el efecto llamada de una renta básica en España sería obvio, y no cabría dar unos beneficios universales solo a una clase de habitantes. Esto crearía disfunciones tan severas como vemos en Emiratos u otros países petroleros, con ciudadanos sumidos en el derroche y una inmensa proporción de inmigrantes tratados casi como esclavos.

Hay muchas otras consideraciones, pero dejo al lector a que extraiga sus propias conclusiones de la lectura del libro.

sábado, 21 de abril de 2018

Cambio climático para torpes: los motores diesel

Hace unos días hablaba con un vendedor de coches y, no sé bien por qué, salió a relucir el tema del cambio climático, la contaminación y el futuro de los diesel. Ante mi asombro, me largó una serie de convicciones sobre el asunto que me dejaron verdaderamente perplejo. Llevo tantos años leyendo sobre esta cuestión, que he de reconocer humildemente que puedo estar viviendo en una búrbuja y considerar que lo que yo considero obvio puede resultar lejano a la población común. Así las cosas, vi claro que tengo que hacer un mayor esfuerzo por difundir lo que la Ciencia dice sobre estas cuestiones, en el lenguaje más primario que se me ocurra. El objeto del debate con este vendedor era que los coches diesel son muy buena alternativa ahora, porque lo del cambio climático y la capa de ozono está ya arreglándose, y que las amenazas de prohibir los coches diesel no tienen ningún fundamento científico. Como no teníamos mucho tiempo para aclarar las cosas, me atrevo ahora a hacerlo por este medio, consciente de que lo más probable es que no lo lea nunca. Quizá a algún otro le sirva. En pocas palabras, ante las afirmaciones del citado vendedor, la ciencia actual dice lo siguiente:
1. El cambio climático y el deterioro de la capa de ozono (en la estratosfera) tienen poco que ver. Si se pierde la capa de ozono habría un cambio en todos los seres vivos, porque no estamos diseñados para soportar la radiación ultravioleta, asi que la cosa sería más grave que el propio cambio climático.
2. Los dos fenómenos están causados por factores muy distintos: el cambio climático se debe principalmente a las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero. El deterioro de la capa de ozono estratosférico por la emisión de gases clorofluorocarbonados (CFC), antes muy usados en refrigeración y aerosoles y que ahora están prohibidos (desde el año 1987, con la firma del Protocolo de Montreal). El descubrimiento de esta relación les valió el premio Nobel a Mario Molina, Paul J. Crutzen y Frank Sherwood Rowland en 1995.
3. La capa de ozono estratosférica se está recuperando, pero no lo hace cada año, sino a lo largo de muchos, ya que los CFC tienen alta pervivencia en la atmósfera.
4. Los motores diesel emiten menos CO2 que los de gasolina (salvo los híbridos), porque consumen menos combustible. No obstante, emiten más NOx, que también es un gas de efecto invernadero, que los de gasolina. Los de gas natural mejoran a ambos, con menos emisiones. Obviamente todos ellos, diesel, gasolina y gas, emiten más CO2 que los eléctricos, sobre todo si la electricidad se genera con fuentes renovables o nuclear.
5. El problema de los diesel entonces no es el cambio climático, sino la contaminación urbana, porque emiten más NOx (precursor del ozono troposférico) y particulas de pequeño tamaño, ambos muy daniños para la salud humana). Por tanto, los diesel generan un problema local principalemente, y de ahí que tendrán restricciones para entrar en núcleos urbanos. Se sabe lo suficiente de las muertes prematuras debidas a contaminación urbana para que la legislación aplicable se refuerce en el futuro. Pongo la figura que emplee hace unas semanas para ilustrar los datos sobre cada tipo de vehículo.
6. Los coches diesel más modernos tienen mejores filtros y por tanto emiten muchas menos particulas que los antiguos: el problema es que los nuevos acaban siendo antiguos. La combustión diesel es más sucia que la de gasolina y mucho más que la del gas natural.
7. Si el citado vendedor sigue recomendando a sus clientes que compren coches diesel lo hará por un argumento económico (muy razonable, pero que así debería explicarse a los clientes), pero desde luego no con un argumento científico, que le queda lejos a su percepción de la realidad. La legislación futura veremos a quien da la razón. La tendencia europea está bastante clara.

domingo, 11 de marzo de 2018

Superar el paradigma tecnocrático

Sin duda la encíclica Laudato Si' ha sido uno de los documentos vaticanos más leídos y que ha generado más controversia, dentro y fuera de la Iglesia. Curiosamente los más entusiastas del documento no han sido siempre los católicos (que muchos también), sino algunos otros, habitualmente poco cercanos a la Iglesia. Este es, en mi opinión, uno de los grandes méritos de la Encíclica, ya que no cabe duda que el diálogo con el mundo contemporáneo es una prioridad de la Evangelización.
Entre las críticas que se han hecho a la Encíclica (también desde el lado católico) algunos la han acusado de estar en contra del mundo moderno, al criticar al sistema económico y a la tecnología, acusándola de estar detrás de la crisis ambiental actual. Incluso alguna mente un tanto calenturienta ha comparado la Encíclica con la crítica al modernismo de Pio IX.
En mi modesta opinión, la crítica -muy dura, por cierto- que hace la Encíclica al sistema económico y a la mentalidad tecnocentrista no es antimoderna sino más bien al contrario, es postmoderna, porque lo hace no desde la mentalidad de algo que haya que recuperar del pasado, sino de algo que hay que superar del presente para proyectarlo al futuro. El Papa no está recomendando que volvamos a las cavernas, porque sería absurdo y porque, dicho sea de paso, tampoco nuestros antepasados paleolíticos tenían una relación idílica con el ambiente (recordemos las extinciones masivas con la colonización de América hace 10-15.000 años). Lo que el Papa plantea es que el sistema actual tiene muchas deficiencias que no pueden obviarse y que se manifiestan en dos parámetros muy profundamente tratados en la Encíclica: deja fuera del "sistema" a muchas personas y destruye el ambiente, o dicho en una sola frase degrada a la vez a la Naturaleza y a las personas que formamos parte de ella. La tecnología es obviamente una aliada imprescindible del cambio ético que necesitamos afrontar para cambiar nuestra relación con el entorno, pero también puede serlo de quienes quieren seguir manteniendo un modelo que solo beneficia a una pequeña parte de la población mundial. La tecnología en sí es neutra, puede usarse para curar tumores o para destruir ciudades, para comunicar a las personas o para controlarlas, para salvaguardar la vida o para manipularla, haciendo niños, animales o plantas "a gusto del consumidor". Respetar la naturaleza es, en primer lugar, aceptarla tal y como es, admitir que es fruto de una decisión amorosa del Creador, para los que creemos en Dios, o de un conjunto de mutaciones aleatorias: en cualquier caso, no somos quien para manipularla a antojo. El "seréis como Dios" del Génesis tiene aquí un nuevo eco. En un reciente número de la prestigiosa revista Nature se habla de "biología sintética" para identificar el conjunto de técnicas que nos permiten rediseñar seres vivos "para usos prácticos", indica la revista. Yo me pregunto, ¿prácticos para quién? No, desde luego, para los más pobres y vulnerables de la Tierra. Todo el pensamiento trashumanista se viste del prestigio actual de la ciencia para proponer verdaderos disparates éticos, que intentan en última instancia crear seres humanos más "avanzados" que los que la evolución (guiada o no por Dios, no es el caso ahora esta discusión) ha generado naturalmente. ¿Pero quién decide qué es ser "avanzado"? ¿Quién se abroga el papel de creador artificial? Y, sobre todo, ¿quién evalúa los impactos indirectos que tienen esas manipulaciones?
¿Qué significa entonces "superar el paradigma tecnocrático"? A mi modo de ver algo tan sencillo como reconocer que la técnica es un aliado, pero no es una guía ética. No debe hacerse todo lo que puede hacerse, porque la Naturaleza, y las personas como parte de ella, tienen muchas dimensiones y valores que no pueden juzgarse con criterios de eficiencia humana, a corto plazo y para interés individual. Es preciso superar ese paradigma, que el Papa toma en buena parte de la lúcida crítica a la modernidad que ya hizo Romano Guardini a mediados del pasado siglo. Conviene insistir que la ciencia y la técnica, sin guía ética, no necesariamente son beneficiosas. Criticar el modelo tecno-economicista no es estar en contra de la economía o la técnica, sino pedir que ambas sirvan a los intereses de todos los seres humanos, no sólo de unos pocos, y que en última instancia garanticen que el planeta siga siendo un lugar habitable, para nosotros y para otras especies. Por eso, la solución a los problemas ambientales no pasa únicamente por introducir tecnología que reduzca la contaminación del aire y del agua (que obviamente son necesarias), sino por solucionar la actitud de fondo que causa esa contaminación, la de quien piensa que vivimos en un planeta sin límites, hecho para nosotros solos (más bien para ellos solos), y justifica los atentados al medio como un medio para un desarrollo que no deja de ser una versión muy reducida de lo que realmente implica un progreso integral. Por eso, me parece imprescindible entender la conversión ecológica que plantea la Laudato Si' como un concepto muy amplio y hondo, que atañe a todas nuestras dimensiones: corporal, racional y espiritual. Como cualquier conversión esto implica un cambio radical de rumbo, muy bien reflejado en estas palabras del papa Francisco: «La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático» (LS 111). De nosotros depende que este cambio se produzca, al menos de que se produzca en nosotros mismos.

domingo, 28 de enero de 2018

El sentido del celibato

Hablar del celibato en el mundo que nos rodea parece tan exotérico como de hadas madrinas o centauros. Una sociedad que exalta hasta límites patológicos la sexualidad humana no entenderá fácilmente que haya personas que renuncien a ella por un fin espiritual. Ni lo entenderán ni lo creerán seguramente, pensando que todos los supuestos célibes en realidad llevan una vida oculta nada ejemplar. Casi siempre esta polémica sobre el celibato se ha circunscrito al de los sacerdotes, asociado al ministerio clerical en la Iglesia latina desde el siglo XII (I Concilio de Letrán), aunque ya se venía practicando desde la época apostólica. Sin embargo, conviene recordar que hay muchas otras personas, dentro y fuera de la Iglesia católica que viven también una vida célibe: budistas, hinduistas, algunas ramas del protestantismo, o incluso judíos o musulmanes decide abrazar un estado de vida más radicalmente orientado al cuidado de su vida espiritual y a la atención a otras personas. Incluso en la Roma clásica, una de las tareas de mayor relevancia social, el mantenimiento del fuego sagrado de Vesta, era ejercida por mujeres célibes, lo que indica que en muchas tradiciones religiosas se ha valorado a quienes seguían este camino.
Comprender la vida célibe de las personas laicas, que viven y trabajan en medio de las circunstancias cotidianas de la sociedad del siglo XXI, sin consagración clerical o religiosa, entender sus razones y penetrar en su vivencia son los objetivo de un libro que he publicado recientemente en la editorial Digital Reasons.  Está estructurado en cuatro capítulos: una revisión histórica de cómo el celibato espiritual se ha vivido en la tradición cristiana y en otras grandes tradiciones espirituales, con particular detalle en el celibato de los laicos en los primeros siglos de la Iglesia; el sustrato teológico en el caso del celibato de los laicos cristianos; el sentido último de esta dedicación, y finalmente algunas experiencias vivenciales de cómo se desarrolla este estilo de vida en la sociedad actual.
Obviamente el celibato para un cristiano es una respuesta a una llamada de Dios, no un plan para el perfeccionamiento personal. Como resumen de este libro podría afirmar que quien se da del todo a Dios, lo tiene Todo, porque Dios es Amor infinito. Por tanto, el célibe es alguien que sabe amar “con todo el corazón” a Dios y a los demás, como nos pide el primer y más importante mandamiento predicado por Jesús.  Una persona que vive el celibato espiritual no es alguien seco, que envidia lo que renuncia, sino alguien plenamente enamorado, que quiere tanto que no puede querer solo a una persona: quiere en primer lugar a Jesucristo, y después a todos los que Él pone cerca de su itinerario vital.

martes, 23 de enero de 2018

¿Por qué no yo?

Me gusta ver de vez en cuando alguna de las múltiples charlas TED que están disponibles en internet. Suele tratarse de temas interesantes, expuestos por personas que conocen bien esos temas y hacen un notable esfuerzo de comunicación. Aunque solo fuera para practicar inglés, ya valdrían la pena, pero generalmente el tema y el ponente le dan un valor añadido.
Buscaba el otro día alguna de las que han puesto más recientemente a disposición pública y me llamó la atención comprobar que había una del Papa Francisco. Me alegró mucho esta nueva manifestación de su interés por conectar con todo tipo de audiencias, usando si es preciso cualquier medio de comunicación. La intervención del Papa se ajusta a los criterios estándar de TED, durando casi exactamente los 18 m que exige este formato. El mensaje no tiene desperdicio en ninguno de esos 18 m. Ya lo han visto casi 3 millones de personas. No es un mensaje al uso, no habla de grandes directrices, ni ofrece soluciones tecnológicas innovadoras. Solo se dirige al corazón de las personas, de cada una y cada uno, a los que quieren construir un futuro distinto que incluya a todos los seres humanos, a todos.
En un momento del mensaje, se pregunta el Papa Francisco por qué las personas que descarta la sociedad son otros y no nosotros. -"¿Por qué no yo?" quien sufre la marginación, la carencia, la ignorancia... Me preguntaba eso el otro día cuando salía de tomar café con un amigo que trabaja en un centro de acogida de la Comunidad de Madrid. Trabaja con niños de 3 a 18 años, con terribles historias detrás que seguramente condicionarán su vida. ¿Por qué ellos y no yo? ¿Qué hace que ellos estén fuera, y cómo podemos acogerles?

lunes, 25 de diciembre de 2017

Felices ¿qué?

En estos días previos a la Navidad, todos hemos recibido múltiples felicitaciones y buenos deseos. La facilidad de las comunicaciones a veces entorpece más que ayuda, pues al menos antes la gente se tomaba un poco de tiempo e imaginación para escribir un tarjetón navideño y poner algunas palabras que tuvieran que ver algo con el receptor de la misiva. Ahora, se elige "lista de distribución", y se envía por ahí cualquier chorradilla que se le ha ocurrido a uno en los previos quince segundos, o incluso se re-envía la chorradilla que se le ha ocurido al algún otro individuo quien, por alguna razón desconocida, ha conseguido nuestra dirección de correo o de whatsapp. Parece que de lo que se trata es de enviar algo, aunque sea una foto familiar, todos sonrientes, un paisaje invernal o una
instantánea de un señor gordo vestido de rojo con pinta de vikingo.
Escribo esto mientras escucho un concierto de Navidad de los tenores, en Viena, hace algunos años. Ante tanta belleza, dirigida previsamente a celebrar lo que hoy celebramos (que Dios se ha hecho hombre para que los hombres podemos acercanos más a Dios), me resulta todavía mas preocupante el aluvión improcedente de felicitaciones sin sentido que me han llegado estos días. Pero¿ dónde estamos en la civilización occidental? ¿No nos sirve la enorme cantidad de artistas que han pintado el nacimiento de Jesús, para tener que camuflar la Navidad de una fiesta de fin de semana? ¿No nos parece eminente la música que se ha compuesto en honor del Salvador del mundo para que destrocemos los oídos con música bullanguera y petardos? ¿No es excelso contemplar las historias escritas por genios de todos los tiempos sobre el sentido de la Navidad, para que sigamos buscandolo en las rebajas de Amazon?
Sigo escuchando el concierto de los tenores, sigo contemplando el Belén que tengo ante mi vista, y sigo agradeciendo a Jesús que no se haya fijado en nuestra cazurrez, que haya preferido arriesgarse a que le tratemos así... por que si no, no habríamos tenido la oportunidad de tratarle como quiere, con la cercanía de quien abandonó su hogar de Dios, allá donde brillan las estrellas, para venirse a nuestras casa, para estar con nosotros, para que lo sintamos muy cerca...

domingo, 10 de diciembre de 2017

El legado de Lutero

Terminamos el año 2017 en el que hemos conmemorado el aniversario del cisma que partió el cristianismo occidental en dos. Digo conmemorado, y no celebrado, porque no creo que haya mucho que celebrar la mayor crisis que ha sacudido al cristianismo desde sus orígenes. Si bien el gnosticismo fue una gran amenaza para el cristianismo primitivo, o el arrianismo -unos siglos más tarde- estuvo a punto de barrer la ortodoxia cristiana, o el cisma de Oriente partió en dos mitades a la Iglesia, a mi modo de ver la mayor herida a la comunidad cristiana ha sido la mal llamada Reforma protestante. No cabe duda que la Iglesia necesitaba una reforma desde bien entrada la Edad Media, que las corruptelas de todo tipo habían deteriorado el mensaje evangélico en muchos estamentos de la Iglesia, pero lo que consiguió Lutero y los demás "reformadores" protestantes, no fue tanto reformar la Iglesia sino romperla. Romperla y, añado yo, desfigurar su doctrina hasta pulverizar la misma noción del cristianismo. No estoy diciendo que todos los protestantes estén alejados de Jesucristo, ni mucho menos: los hay muy piadosos y enormemente ejemplares en su actuar moral. Lo que estoy diciendo es que Lutero sembró el germen de una transformación doctrinal tan intensa que ha terminado por difuminar la misma esencia del cristianismo. La enorme división en las propias iglesias protestantes así lo prueba: más de 12.000 denominaciones desde el s. XVI a nuestros días, lo que indica qué pocos principios comunes dejó la "libre interpretación" de las Escrituras que preconizaba Lutero.
Hace poco estuve en Amsterdam, para una reunión de trabajo. Cuando viajo al norte de Europa, precisamente a esos países que se sumaron a la rebeldía luterana, comprobamos el resultado: son países donde el cristianismo ha desaparecido casi completamente, dejando solo al recuerdo las señales de la tradición cristiana.
No estoy juzgando las intenciones de Lutero, ni mucho menos las de los muchos cristianos que ahora siguen su tradición "reformadora", sólo me centro en las consecuencias. La reforma de la Iglesia era completamente necesaria, pero desde dentro de la Iglesia, no creando iglesias paralelas, con planteamientos doctrinales que poco tienen que ver con la tradición cristiana. Reformados son Francisco de Asís y Domingo de Guzmán, Ignacio de Loyola y Teresa de Jesús, Hildegarda de Bingen y Felipe Neri. Ellos consiguieron que la Iglesia dejara muchas prácticas mundanas, que los sacerdotes estuvieran mejor formados y fueran mas ejemplares, que las órdenes religiosas buscaran la perfección espiritual. Naturalmente sigue habiendo necesidad de reforma en la Iglesia, porque donde hay seres humanos, hay debilidad y pecado, pero sobre un sustrato de valores y piedad que esté anclado en el Evangelio.
Lutero, Calvino, Zwinglio y compañía viven en el s.XVI en países cristianizados a partir del siglo VII. Si querían recuperar la pureza del cristianismo primitivo que según ellos había deformado la Iglesia romana, quizá deberían haber mirado a en qué creían los cristianos de los lugares donde nació el cristianismo. La fe en la presencia de Jesús en la Eucaristía, la importancia de la confesión o el sacerdocio, la devoción a la Virgen María o la petición a los santos, por ejemplo, son valores 100% comunes a los cristianos orientales y latinos. Sin embargo, todo eso es negado por los seguidores de Lutero. ¿Quién tiene más probabilidad de estar cerca de lo que Jesús realmente enseñó, de lo que sus primeros discípulos entendieron y practicaron, algunos cristianos del norte de Europa del siglo XVI o los sucesores de los lugares donde vivieron Jesús y sus primeros discípulos? ¿A qué tipo de sociedades han dado lugar los principios de Lutero? ¿Qué frutos de santidad, de piedad cristiana han ofrecido?

domingo, 5 de noviembre de 2017

Cambio climático y salud

Acabo de regresar de una reunión de la Academia Pontificia de las Ciencias sobre "Salud del Planeta y Salud de las Personas". El encuentro ha sido muy interesante, con el aliciente añadido de celebrarse en la sede de la Academia, la Casina Pio IV, en plenos jardines vaticanos. El encuentro ha tenido el valor añadido de juntar a especialistas muy variados de muy distintos países, tanto en el ámbito de las ciencias naturales como sociales. Además ha contado con la participación de algunos líderes políticos (el gobernador de California, el de San Luis en Argentina, el Ministro de Medioambiente chileno y algunos congresistas estadounidenses).
El tema más destacado ha sido la revisión de los impactos del cambio climático y la contaminación sobre la salud humana. A partir de un amplio informe de la Organización Mundial de la Salud y de una comisión específica promovida por la prestigiosa revista Lancet, se han ido revisando algunas manifestaciones de esos impactos, particularmente los derivados de la contaminación del aire que afecta a la mayor parte de las grandes ciudades, de modo singular en los países en desarrollo. Además de las enfermedades respiratorias, mejor conocidas, se ha puesto énfasis en las ligadas a la circulación de la sangre (infartos, ictus cerebrales,...), que causan más de 4 millones de muertes anuales. Los principales agentes de esa contaminación son los compuestos derivados de la combustión de las energías fósiles más contaminantes (carbón, diésel, gasolina con plomo), que causan la emisión de partículas sólidas, y de oxídos de nitrógeno y sulfuro, precursores del ozono troposférico.
 Además, se han revisado los impactos actuales y previsibles del cambio climático sobre la salud, tanto en lo hace referencia a fenómenos climáticos extremos (olas de calor, sequías, inundaciones), como a su impacto en la seguridad alimentaria, las reservas de agua, los vectores de transmisión de enfermedades o el incremento del nivel del océano.  Estos impactos se están observando ya y afectan a las población más pobres y vulnerables, precisamente los que menos impacto directo tienen en el origen del problema.
La causa común de la contaminación aérea y del cambio climático es el uso de combustibles fósiles, por lo que la recomendación primaria del encuentro es aumentar el esfuerzo para "decarbonizar la economía", aumentando la eficiencia por un lado (ahorro energético) y por otro promoviendo las energías de baja emisión, principalmente las renovables. Junto a esto, deberíamos fomentar los sumidores naturales de carbono (a través de la reforestación y la recuperación de tierras degradadas) y seguir avanzando en tecnologías que permitan atrapar parte del CO2 acumulado en la atmósfera hacia su almacenamiento geológico.
El encuentro ha valorado también la gran contribución de los líderes espirituales al cambio necesario para adaptar nuestro estilo de vida a un marco que considere los impactos ambientales de nuestro consumo, transporte, forma de vestir o alimentarnos. Se ha subrayado de nuevo la relevancia de la encíclica <Laudato si> como catalizadora de esta dimensión moral y espiritual, tan imprescindible para que el cambio del actual modelo social y económico tenga la profundidad requerida.

domingo, 22 de octubre de 2017

Pon entusiasmo para cambiar las cosas

"Una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie". Me encantan estas palabras del Papa Francisco que escribió al poco de iniciarse su pontificado, en la Evangelii Gaudium. Creo que hay que darle muchas vueltas cuando nos preguntamos por qué determinadas ideas prevalecen u otras se marchitan. No se trata tanto de que sean razonables (mucho mejor si lo son) o incluso coherentes (todavía mejor), sino de que se presenten con convicción, de modo positivo, festivo si se quiere. Ciertamente la manera de presentar las ideas propias no debería ser garantía de éxito, porque también puede hacerse entusiasta apología de cosas muy poco razonables, pero en la sensibilidad contemporánea, cuenta mucho más el entusiasmo con el que se presenta que la solidez del argumento.
Me parece que esta afirmación vale para casi todo, desde la transmisión de la Fe, que era en el marco en el que el  Papa Francisco presentó la frase que he citado antes, hasta la promoción de una estilo artístico, una escuela de pensamiento o un programa político. Sin entusiasmo es difícil cambiar las mentalidades. Y el entusiasmo lleva consigo imaginación para presentar el mensaje, coraje para defenderlo en todas las circunstancias, y testimonios personales que muestren el éxito de quien lo aplica con coherencia.
Pese a haber escrito un libro sobre el entusiasmo en la vida cristiana (permitanme que lo recomiende de nuevo), me sigue dando una "envidia sana" (si tal cosa existe) las personas que transmiten entusiasmo en el mensaje que propagan, sobre todo en el mundo académico en el que me muevo, porque muchas veces me reconozco como mas racionalista que emotivista. Obviamente presentar argumentos sólidos, certeros, es muy importante en la educación, pero también transmitirlos con pasión, con verdadero entusiasmo, ayuda enormemente a crear empatías, no sólo a transmitir conocimientos, sino vivencias, y por tanto, hábitos que estimulen el cambio. Y sin cambio, sin mejora, la educación -en cualquier nivel académico- se queda coja.
Me venía esta reflexión a la mente viendo estos días la situación de Cataluña. Un grupo presenta argumentos muy "serios" (la ley, la constitución, el estado de derecho); otro presenta testimonios y eslóganes que se apoyan en valores muy atractivos (libertad, autonomía, pacifismo...), que hablan de la vida, no solo de la razón, que indican lo que les gustaría ser y no lo que deberían ser. Me preocupa que los catalanes que prefieren mantenerse en España no parezcan mostrar entusiasmo por ello, mientras los secesionanistas lo ofrecen con ocasión o sin ella, sin apelar a razones de peso, que todavía no acabo de entender en profundidad. ¿Alguien puede explicarme exactamente por qué quieren separarse? ¿Qué grado nuevo de libertad adquirirían? ¿Dejarían de aplicarse las leyes, serían otras, cuáles? ¿Tendrían mejores servicios públicos? ¿Dejarían de pagarse impuestos? ¿Habría otros territorios en Cataluña que también tendrían derecho a la autodeterminación?
Me parece que si se quiere cambiar la marea que lleva a una gran parte de la población catalana al independentismo es preciso articular un mensaje ilusionante, entusiasta, de qué significa estar en España, qué aporta la Historia común, la cultura compartida, la forma de ver el mundo, los valores familiares, las tradiciones... No es solo cuestión económica, ni jurídica, sería muy poco entusiasmante que fuera solo eso.


domingo, 15 de octubre de 2017

La revolución que cambio el mundo

Se cumple este mes el primer centenario de la Revolución Rusa, iniciada en marzo de 1917 con el destronamiento del zar, y culminada en octubre con la proclamación del gobierno bolchevique que abría paso a la creación de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia.
Llama la atención el poco impacto mediático que está teniendo esta conmemoración, quizá por haberse diluido en la vorágine informativa del secesionismo catalán, o quizá porque la izquierda ideológica es poco amiga de aceptar su pasado histórico cuando es especialmente perverso. Mis casi 57 años (los cumplo en unos días) me permiten recordar el entusiasmo con el que la izquierda valoraba el regimen soviético, incluso en los años 70 y 80, cuando ya eran bastante evidentes las barbaries que había cometido con su propio pueblo. Recuerdo una entrevista que realizó TVE a Aleksandr Solzhenitsyn poco antes de ser galardonado con el premio Nobel de literatura. Su descripción del horror de los campos de concentración mereció para algunos compañeros de carrera, que seguían empeñados en defender el marxismo, el calificativo de engañosa, el del entrevistador (José María Iñigo) de tendencioso, y el del entrevistado de "fascista", que es el apelativo coloquial de todo aquel que no está de acuerdo con las ideas de quien reparte los "carnets de progre" (por cierto hace unos días le aplicaron el mismo calificativo a Serrat a propósito de sus dudas sobre el supuesto referendum, ya se ve que la ideología marxista mantiene sus atavismos).
Volviendo a la revolución rusa, me parece grave que no se recuerde un acontecimiento de tal magnitud histórica, no sólo porque fue el primer estado donde se aplicó el sistema marxista (lo que luego se denominó el socialismo real), sino porque fue el núcleo que expandió esa ideología a múltiples países: desde Cuba hasta Camboya y China, pasando por buena parte del Este europeo y Sur asiático. El balance de estos regímenes es aterrador: 100 millones de muertos según algunos autores. Ya fuera por  flagrantes incompetencias en la gestión pública, que llevaron a enormes hamburnas en Rusia o China, ya por la represión política generalizada (el caso de Camboya es especialmente terrible, pero no hay que olvidar a Corea del Norte o, en mucho menor grado, a China, todavía actualmente), los crímenes asociados al sistema marxista son inmensos, y todavía frecuentemente banalizados o ignorados, por quienes siguen identificando al marxismo con el progreso social.
Quien quiera conocer con algo más de detalle el origen de esta maquinaría ideológica que ha impactado terriblemente la vida de cientos de millones de personas en el s. XX, y aún hoy día, les recomiendo la lectura de la obra de Vladimir Lamsdorff-Galagan: "La Herencia de la Revolución Rusa", publicado hace unos días por Digital Reasons. Describe de manera ágil y muy bien documentada el origen y desarrollo del proceso revolucionario ruso, la entronización de Lenin y Stalin, las contradicciones del sistema y su derrumbamiento a fines de los años ochenta. Un obra sencilla, de fácil lectura, pero que hará pensar a muchos intelectuales más familiarizados con la ideología que con la Historia.

domingo, 1 de octubre de 2017

¿Nacionalismo = Egoísmo?

Este verano charlaba con un buen amigo con el que nunca había comentado temas políticos, ya que nos unen otro tipo de intereses culturales y, sobre todo, ambientales. En concreto, salió el tema del nacionalismo catalán, al que mi amigo se adhería con singular entusiasmo. La conversación transcurrió en un tono cordial y razonable, pero me dejó muy mal sabor de boca, ya que suponía empañar, de alguna forma, la amistad que habíamos forjado a partir de esos intereses comunes. Es propio de amigos compartir ideas, y no sería lógico que estuvieramos de acuerdo en todas. Del diálogo surge la comprensión, ver las cosas desde otro punto de vista y aprender de quien discrepamos. Sin embargo, en las cuestiones políticas, esos intercambios de opiniones acaban resultando pegajosos, y queda el poso tras el rifirafe de que algo se ha levantado entre nosotros.
Casi dos meses después de aquella conversación, hoy se evidencia esta cuestión en el proceso independentista de Cataluña, que ha supuesto la separación de amigos y de familias, azuzados por los políticos oportunistas, remachado por los medios de uno y otro bando, y sembrados por muchos años de educación unidireccional.
En la conversación con mi amigo, lo más decepcionante fue constatar que tras las grandes aspiraciones se escondía, en el fondo, la búsqueda de la autonomía económica. Tras repasar las raíces culturales o históricas del sentimiento separatista, me vino a decir algo así como: "si nos hubieran dado algo parecido al cupo vasco, no se hubiera llegado a esto". Así que de eso se trata, pensé, de que el dinero que se genera allí se quede allí, de contribuir menos al bien común y algo más al bien de ese territorio. Es un argumento fácil de esgrimir. En tiempos de crisis, encontrar el culpable en la contribución que se realiza a otros territorios más desfavorecidos es muy sencillo. Basta además con insistir en el supuesto despilfarro de quienes reciben esos recursos. Como el asunto no es muy elegante, se tiñe de otras cuestiones: se habla de sentimiento (que entiendo, y me parece muy respetable), de historia (que convendría estudiar más a fondo, por ambos lados), de cultura (que todos valoramos, la de uno u otro lado), y, a más a más, del sacrosanto derecho a decidir nuestro futuro. No se habla de dinero, se habla de democracia, de derecho a elegir y de otras muchas cosas que son n nobles y fácilmente vendibles, sobre todo de cara al exterior. A mi me resulta cuando menos sospechoso que quien reclame la independencia sean las regiones más ricas de un país: Lombardía, Cataluña, País Vasco, Quebec... Me parecen más auténticas las que saben que pueden perder recursos si se separan, pero están convencidas de que tienen una herencia distinta: Escocia, Irlanda, Córcega...
La solución es muy compleja, pero como escribir es gratis, propongo que hablemos a fondo de ese asunto, del dinero, de cuánto y cómo tiene cada territorio de un estado que contribuir al bien común. Quizá si el estado de las autonomías no ha resuelto los problemas del nacionalismo catalán es porque nunca se ha planteado un verdadero estado autonómico, en donde quien gestiona los servicios cobre por ellos a sus ciudadanos: quien no pueda o no quiera hacerlo, que le ceda sus competencias al estado.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Spotlight: las medias verdades

Ayer vi Spotlight, ganadora del Oscar a la mejor película y al mejor guión en 2016. Cuenta la investigación realizada por unos periodistas del Boston Globe sobre los abusos sexuales de sacerdotes católicos en la diócesis de Bostón, que concluyó con un gran escándalo social y religioso,que todavía mantiene un clima de sospecha sobre el clero católico en muchos países del mundo, incluido el nuestro, pese a que no se hayan detectado casos significativos.
La película está muy bien hecha, los actores son excelentes, el guió es vivo y las diferentes historias están bien entrelazadas. Ciertamente la película merece el óscar, aunque me queda la duda de si también su sesgo anticatólico ha colaborado en el éxito. Me pregunto qué hubiera pasado si, por ejemplo, la cinta hubiera elaborado la idea de que la mayor parte de los abusos sexuales se realizaron por sacerdotes homosexuales. Seguramente, la cosa hubiera sido distinta: quizá ni siquiera se habría estrenado.
La película, como se indica al inicio, está "basada en hechos reales", los personajes son los que son y los hechos se parecen bastante a lo que ocurrieron. Como a cualquier católico razonable, me llena de profunda verguenza y pena lo ocurrido en Bostón y cualquier otro país donde se hayan producido estos abusos de niños, y me cuesta entender cómo una persona que ha entregado su vida a Dios y a los demás pueda caer en tamaña degeneración. Pero, a la vez, me parece que la película plantea una visión maniquea de un problema muy complejo. Para el guionista de Spotlight, la diócesis de Bostón, con el cardenal Law a la cabeza, no sólo no hizo nada eficaz para acabar con el problema, sino que hizo todo lo posible para encubrirlo. El film extiende esta sospecha a toda la Iglesia, presentando en el epílogo de la película la dimision y traslado a Roma del cardenal Law poco menos que como un ascenso. Poco saben de la forma vaticana de retirar a un obispo de su mandato cuando su actuación ha sido equivocada, como el mismo Law reconoció al marchar: "A todos los que ha sufrido por mis defectos y errores les pido a la vez disculpas e imploro su perdón". Nada se dice, por supuesto, del muy activo papel de Law en la promoción de los derechos civiles en los años 60 en EE.UU.: en la película se le presenta como una figura más bien frívola y superficial. 
Nada se dice tampoco de los esfuerzos internos de la Iglesia para conocer y atajar el problema (recomiendo el libro de George Weigel, El coraje de ser católico, 2002). De hecho, una parte de la opinión pública puede pensar que la pederastia se da únicamente en la Iglesia católica, simplemente porque es la única institución religiosa que ha investigado y publicado masivamente esos abusos. Los informes más concienzudos en EE.UU. realizados a partir de casos estudiados en un periodo de 50 años afectan al 4% de los sacerdotes católicos de ese país, y la mayor parte de los casos comprobados afectan únicamente al 0.002 %: esto es se trata de verdaderos desequilibrados.
Por otro lado, no queda muy claro las supuestas terribles presiones que iba a ejercer la Iglesia contra el Boston Globe para que no publicara su reportaje. Uno hubiera esperado ver en el film varios matones visitando a cada uno de los periodistas, pero esa tremenda presión parece que se concretó en un par de conversaciones de amigos católicos con el encargado del equipo. Parece que el guionista tiene una percepción equivocada del supuesto poder del catolicismo en Boston: quizá eso explique que haya sido gobernador de Massuchussets... un mormón!! (Mitt Romney: 2003-2007).

Sin quitar un ápice a la gravedad del problema, y aplaudiendo las múltiples iniciativas que tanto Benedicto XVI como Francisco han tomado en esta cuestión, un juicio objetivo sobre la pederastia en los sacerdotes católicos concluye que se trata de un fenómeno muy marginal. En ningún paso sería justo afirmar que esta patología se da más entre los católicos que entre otros colectivos religiosos, incluidos sus líderes. Ernie Allen, presidente del National Center for Missing and Exploited Children, de EE.UU. concluía en un artículo de Newsweek (2010): "Puedo afirmar sin duda que hemos visto casos en muchas instituciones religiosas, desde evangélicos a ministros de las principales denominaciones, pasando por rabís y otros". Si esto es así, la pregunta obligada es "¿por qué sólo hay noticias de los sacerdotes católicos? ¿se imaginan una película de Hollywood donde el protagonista fuera un rabino pederasta?
Insisto, no estoy defendiendo la conducta de quienes abusaron de niños con el agravante de la confianza que da un autoridad religiosa: me parece repugnante. Sólo estoy diciendo que el caso, desgraciadamente, no es exclusivo de la Iglesia, sino que afecta a muchas otras entidades, civiles y religiosas. Pero escupir sobre la Iglesia católica es gratis, en ciertos ambientes está bien visto.