domingo, 27 de enero de 2019

El racismo a examen

El racismo constituye una de las páginas más vergonzosas de la historia contemporánea. Una ideología del odio y la exclusión que ha marcado las relaciones entre las culturas y las naciones de nuestro tiempo presente. Sobre esta cuestión, que no está todavía completamente superada ni siquiera en las sociedades culturalmente más desarrolladas, escribe el Prof. Jose Alfredo Elía. El resultado es el libro: "Racismo. Historia del peligroso mito de la raza", que publica la editorial Digital Reasons. El libro pretende responder a tres  grandes cuestiones: ¿cuáles han sido los orígenes del racismo?, ¿cuáles son sus bases ideológicas?, ¿cómo demostrar y contrarrestar, con argumentos sólidos, su falsedad de esta ideología?
El origen del racismo está ligado a la justificación intelectual de la esclavitud, que está relacionada con el pensamiento enciclopedido e ilustrado. Buffón acuñó el término raza para designar los distintos tipos humanos y Blumenbach inició la jerarquía de razas situando a la negroide abajo y a la caucásica arriba. Filósofos como Montesquieu, Hume, Rousseau, Hegel,… propusieron argumentos para justificar un comercio de esclavos, que tan lucrativo resultaba a las haciendas de los poderosos. Por otro lado, la expansión colonialista del siglo XIX se justificó en cierta medida por la superioridad cultural y racial. El racismo "científico" se dedicó a medir distintos elementos del cuerpo para demostrar la diferenciación de razas y eventual superioridad de la blanca, al que se suma el nacionalismo en busca de sus propias raíces.
El francés Arthur de Gobineau tiene el triste honor de ser el creador del racismo como ideología. Para él, la raza aria estaría en decadencia debido a su degeneración y mestizaje con otras “inferiores”. Era necesaria pues, una lucha de razas, en que la superior prevaleciera sobre el resto, declaradas inferiores. Ese concepto de lucha, llevará a otros autores a ensalzar la violencia y a anunciar que la historia y la vida no es sino el escenario de batalla en que unos seres aniquilan a otros en una lucha por la existencia (Spencer, Nietzsche,…) Renan declararon a raza la semita como la antirraza, enemiga de la aria. Wagner y Chamberlain, divulgaron las ideas gobinianas por Alemania. La ideología de la raza en cierta medida legitimó la eliminación de los nativos estadounidenses, del este asiático por los rusos, de los territorios vírgenes de Sudamérica por las repúblicas independientes, y principalmente la explotación del continente africano, repartido por las principales potencias europeas. Desde 1933 hasta 1945, Alemania llevó la biopolítica racista a sus máximas consecuencias. Eugenesia, antisemitismo, reproducción y crianza en las granjas del lebensborn, holocausto,… condujeron a la hora de las tinieblas. El fin de la II Guerra Mundial con la derrota del régimen nazi inicia el ocaso de la ideología de la raza.
El autor subraya que el cristianismo católico siempre se opuso doctrinalmente a la ideología de la raza, tanto en sus escritos como en su actividad misionera. De hecho, la jerarquía católica en EE.UU. jugó un papel importante en la lucha por los Derechos Civiles, negándose a aceptar las leyes segregacionistas. Con el fin del Apartheid en Sudáfrica (1994) se puso punto final al último estado racista del mundo.
El libro del Prof. Elia concluye mostrando el panorama actual del racismo ideológico. Indica que actualmente puede afirmarse que no tiene ninguna base científica, como han demostrado científicos de la talla de Jay Gould, Harris, Levi-Strauss, Lewontin o Cavalli-Sforza. A partir de nuestros conocimientos genéticos no es posible aislar "razas puras" ni establecer una jerarquía racial. Hoy en día reconocemos que la biodiversidad es una gran riqueza biológica, y que el hermanamiento de los hombres es la mejor garantía para construir la paz y para el progreso de los pueblos.

sábado, 19 de enero de 2019

Por favor, cultiva el espíritu

Me he encontrado, como siempre me pasa buscando otras cosas, con esta interpretación magistral de uno de los temas más bellos creados para una película, "la Misión", sin duda una de las películas más inspiradoras que he visto en mi vida. Conduce la orquesta el mismísimo Ennio Morricone, el compositor de la banda sonora. Por favor, dedícale 9 minutos de tu tiempo a ver y escuchar esto...



Me parece que es muy difícil escuchar una pieza como ésta sin sentirse emocionado. Si a alguno de mis lectores le pasa, debería empezar a preocuparse, porque algo está mal en su interior. Igual debería aparcar su televisión, su móvil, su tablet, su ipod, su reloj inteligente o todas esas cosas a la vez una temporada y empezar a cultivar una dimensión de su vida sin la que no puede considerarse propiamente una vida humana. Si no somos capaces de emocionarnos ante la belleza es que hay algo en nuestro vida que está atrofiado, y conviene que lo desarrollemos cuanto antes. Cuando a uno le operan una pierna y tiene que estar postrado una temporada enflaquecen sus músculos. Restablecerse implica también fortalecer lo que no ha actuado con normalidad en esa temporada de convalecencia. Quizá nos pase algo parecido con nuestros músculos espirituales. Nos falta leer, escuchar buena música, ver películas interesantes, tener charlas tranquilas con nuestros amigos, pensar, sobre todo pensar, reflexionar sobre nosotros mismos, lo que hacemos o quisieramos hacer.
Leía hace unos días las evaluaciones de un alumno sobre la asignatura de ética ambiental que impartí el pasado curso. Decía que les había hecho pensar en cosas sobre las que no había tenido tiempo de hacerlo. No tener tiempo para pensar sobre lo que es bueno y malo, sobre los valores que configuran la vida de cada uno es cuando menos preocupante."Nunca hagas deprisa lo que es para siempre" dice un pensador latinoamericano, subrayando la importancia de cultivar nuestra dimensión espiritual (De los Santos Salvador Lima Huerta, Inteligencia espiritual, 2013, 81). Necesitamos recuperar la dimensión espiritual, que es la única que realmente nos hace felices.
Es difícil hacerlo si seguimos confiando nuestro ocio a la tecnología, que es por definición inmediata. Necesitamos tiempo para lo esencial. Demorarnos pensando en lo que realmente llena nuestra vida, meditar (orar si eres creyente, no solo contigo mismo, sino con Dios que siempre te escucha). Me sigue pareciendo de gran actualidad el libro clásico de Schumacher, "Lo pequeño es Hermoso", que plantea la necesidad de cultivar nuestra faceta espiritual, mermando la material que -cuando se convierte en protagonista- nos acaba destruyendo por dentro. "Nos dicen en ocasiones que hemos entrado en la era de la "sociedad del conocimiento". Esperemos que sea verdad. todavía tenemos que aprender a vivir pacíficamente, no solamente con al resto de la humanidad, sino también con la naturaleza y, sobre todo, con esos Poderes más altos que han hecho a la naturaleza y que nos han hecho a nosotros. Porque, seguramente, no hemos venido a este mundo por accidente y ciertamente no nos hemos hecho a nosotros mismos" (E.F. Schumacher, Small is beautiful. Economics as if People Mattered, 1973, 22).

domingo, 13 de enero de 2019

Seamos más optimistas, aunque sea un poco

Hemos iniciado el año 2019 con los deseos de que sea un periodo estupendo y que nuestra vida, en alguna de sus dimensiones, sea mejor. No sabemos en qué medida eso ocurrirá, ya que la mayor parte de las cosas que anhelamos dependen de factores que no controlamos (cómo irá el trabajo, la salud, las relaciones de familiares o de amistad), por lo que parece más razonable que nos centremos en lo que sí depende de nosotros. Por eso es una buena receta proponernos algo que haga nuestra vida mejor, algo que vaya en la buena dirección. Ahí nos planteamos dos disyuntivas, por un lado, elegir bien el objetivo y por otro acumular energías para abordarlo. Seguro que tenemos experiencia de propósitos hechos a inicio de año con la mejor intención que se mantienen casi idénticos al acabarlo. Como ganar en cualquer virtud es costoso, vale la pena dedicar algo de tiempo a pensar qué meta vamos a proponemos, y qué medios vamos a utilizar para llevarla a cabo. No hablo aquí de las cosas más comunes en los medios, como puede ser cambiar la dieta o hacer más ejercicio. Me estoy refiriendo a algo que afecte a nuestro modo de ser, a nuestra forma de encarar la vida cotidiana, a ese aspecto de nuestro carácter que nos resulta fastidioso, porque vemos que también fastidia a los demás y acaba por hacernos desagradables.
Cada uno que medite y haga examen, pues esto es muy personal. Pero me permito sugerir un frente en el que todos podemos hacer algo más: contemplar la vida con una visión más positiva. De acuerdo que ser optimista también es cuestión de carácter, pero seguro que todos podemos hacer algo más para ver los vasos medio llenos en lugar de medio vacíos, para valorar las virtudes de quienes tratamos en lugar de sus defectos, para alegrarnos con lo que tenemos en lugar de frustarnos con lo que nos falta. Creo que una actitud de fondo que puede ayudarnos en esta línea es considerar que todo, TODO, lo que tenemos es un regalo, y dar gracias por ello. Cuando alguien es tratado con cariño y considera que es así porque lo merece, el agradecimiento se adormila, y además de obviar el esfuerzo de quien nos manifiesta ese trato afectuoso, solo queda sufrir cuando no lo recibamos. Si asumimos de partida que no merecemos ese trato, cuando no lo recibamos, evitaremos el sufrimiento y cuando lo tengamos, lo valoraremos como un tesoro. Naturalmente esto se aplica a las personas con las que tratamos, pero de modo principal y sustantivo a Dios, que nos regala todos los días muchísimas cosas buenas: la fe, la vida, la salud (aunque sea precaria algunas veces), las personas que nos quieren, la naturaleza, esa casa común, tan bella, y un largo etcétera. Leí hace algún tiempo una frase que me ha dado bastante que pensar: "La religiosidad es, ante todo, la afirmación y el desarrollo del atractivo que tienen las cosas" (Luigi Giussani, El sentido religioso, 1987, 147). Sí, ciertamente ser creyente es ser agradecido, es reconocer que recibimos tantas cosas gratis, de Dios, que nos otorga sus dones, de los demás, de la naturaleza que Dios nos regala.