Tengo una buena amiga que acaba de tener su tercer hijo. Tanto ella como su marido son buenos cristianos, entusiastas de su fe. Sabiendo eso, me sorprendió sobremanera que decidieran no bautizar a su primera hija, ni a los siguientes, indicando que no querían imponer su fe a sus hijos, pero que serían muy felices si ellos la acogían libremente y se bautizaban cuando pudieran elegirlo de modo consciente.
Como no son católicos, cuando hablamos de este tema no he podido emplear la amplia lista de argumentos que la Iglesia da para aconsejar a los padres que bauticen a sus hijos pequeños. Así las cosas, centremonos por el momento en los que tienen raíz en la Sagrada Escritura, que sirvan para cualquier cristiano:
1. Pocos o ningún cristiano dudará que el Bautismo es necesario para la salvación, lo dice en muchas ocasiones Jesucristo, así como los demás escritos neotestamentarios. El mismo Jesucristo, que lógicamente no necesita del Bautismo ni de ningún otro sacramento, se hace bautizar por San Juan en el Jordán. Sus últimas palabras en esta tierra, según nos relata San Mateo, fueron precisamente para animar a los discípulos a que bautizaran en su nombre: "Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (San Mateo, 28: 18-20).
2. Los primeros cristianos tenían claro que la conversión al cristianismo llevaba consigo el Bautismo. Tras el primer discurso de S. Pedro en Jerusalén, poco después de Pentecostés, los que le escuchaban le preguntaron qué tenían que hacer para salvarse, les contestó: "Convertíos y que cada uno de vosotros
se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hechos 2:38). Tras la labor apostólica de S. Felipe entre los samaritanos, nos cuenta también el libro de los Hechos: "Pero cuando creyeron a Felipe que anunciaba la Buena Nueva del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo,
empezaron a bautizarse hombres y mujeres" (Hechos 8:12). Lo mismo cabee decir con la conversión del centurión Cornelio (Hechos 10), o con la del carcelero que custodiaba a San Pablo (Hechos 16).
3. Como dicen mis amigos, ciertamente en ningún sitio se indica explícitamente que los cristianos bautizaran a los niños pequeños. Tampoco se indica en ningún sitio que no se haga, por lo que cabría considerarse algo optativo. Ahora bien, si leemos el Nuevo Testamento con más atención vemos cómo la conversión de los primeros que abrazan la fe se hace, con cierta frecuencia, por familias enteras, en donde parece lógico asumir que se incluían los niños. Los dos casos que he citado antes son especialmente claros. Narrando la conversión del carcelero, nos dice el libro de los Hechos que pregunta al Apóstol: "«Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?» Le respondieron: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa.»Y le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa. En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas; inmediatamente
recibió el bautismo él y todos los suyos" (Hechos 16: 29-33). Todos los suyos, a mi modo de ver, incluye implícitamente a sus hijos de todas las edades. Lo mismo cabe decir de la familia de Cornelio, que fue bautizada por San Pedro, en un episodio muy significativo del Nuevo Testamente, pues el primer gentil que recibe la gracia del Espíritu Santo.
4. Ciertamente Jesucristo se bautizó en el Jordán al inicio de su vida pública, cuando tendría unos 30 años, pero fue circundidado al octavo día de su nacimiento, como nos narra San Lucas (cap. 2), poco después de citar la de su primo San Juan Bautista. Esa ceremonia litúrgica tiene similitudes con el bautismo cristiano, puesto que incorpora al niño al pueblo elegido, como nos incoporaba el bautismo a la Iglesia, por lo que puede asumirse que los cristianos bautizarían a sus hijos en temprana edad. Tenemos testimonios de ello, que comentaré en otra entrada.
Los argumentos que he indicado sirven para cualquier cristiano, católico o no, puesto que todos respetamos con igual cariño la Sagrada Escritura, y me parece que dan sobrados criterios para no retrasar innecesariamente el Bautismo de los niños. En este año de la Fe, sería una pena no facilitar que nuestros hijos la reciban de modo explícito con el Bautismo. Es una semilla; a nada obliga, puesto que luego ellos tendrán que confirmarla con su propia libertad. Los padres toman decisiones sobre el futuro de sus hijos que les transmiten sus valores (con el colegio que eligen, con la alimentación que les dan, con las amistades que frecuentan...) y nada de eso se considera ofensivo de su libertad. No veo por qué ha de serlo transmitirles su fe a través del sacramento que la inicia.