domingo, 29 de abril de 2012

La X que tanto importa

Estamos a punto de iniciar una nueva campaña de la renta, este año marcada por un tunel económico del que pocos parecen ya librarse. En situación generalizada de recortes y escaseces cualquier gasto se contempla con lupa, y es fácil dar argumentos para considerarlo prescindible.
Como era previsible, ese caldo de cultivo ha vuelto a traer a primer plano el debate sobre la financiación de la Iglesia católica. Con ocasión y sin ella, pero esta vez realmente con ocasión, muchos consideran que se encuentra en situación de privilegio, y que no parece razonable mantener subvenciones a un ente religioso, cuando otras  cosas que parecen más esenciales se están eliminando. Los más radicales consideran que un estado laico no debería en modo alguno subvencionar a ninguna entidad religiosa, pues eso vulnera el principio de neutralidad consagrado en la constitución.
Vayamos por partes. En primer lugar, no es cierto que la constitución española sea laica. Una vez más, hay que afirmar que vivimos en un estado no confesional, que es muy distinto de un estado laico y poco tiene que ver con un estado laicista u oficialmente ateo. Que yo sepa, muy pocos paises en el mundo son oficialmente ateos, tal vez China, Cuba y Corea del Norte, ejemplos que me imagino ni los más entusiastas del laicismo consideraran modelos de libertades públicas. Nuestro país es constitucionalmente no confesional; esto es, no considera ninguna religión como oficial del estado (como ocurre en países tan civilizados como Reino Unido, Dinamarca o Noruega, por ejemplo), pero eso no significa que no valore la importancia de la religión en la sociedad, y especificamente del catolicismo, con el que la misma constitución, asegura relaciones especiales (art. 16). En este marco, volvamos al debate sobre las subvenciones a la Iglesia católica. Por un lado, cabe decir que el estado español como tal no subvenciona directamente a la Iglesia, sino a través de lo que los ciudadanos quieran asignarle, con la famosa X en su declaración de la renta. Sería estupendo que me permitieran decidir si doy o no un porcentaje de mis impuestos a otras muchas cosas que el gobierno de turno decide por mi, desde el deporte hasta el cine, el ejército, los medios de comunicación o los partidos políticos. En suma, a la Iglesia va sólo el dinero que los españoles, católicos o no, deciden explícitamente.
Tercera idea. Hay muchas instituciones relacionadas con la Iglesia a las que sí se subvenciona directamente (colegios, hospitales, ONGs...), pero sólo en la medida en que cumplen la función social para la que reciben esa ayuda, en igualdad de condiciones con cualquier otra institución, independientemente de su titularidad. Si la Iglesia estimula la atención de enfermos, inmigrantes,  víctimas de violencia de género, si crea y atiende comedores sociales, centros para la reinserción de exdrogadictos o la búsqueda de empleo, colegios de todo tipo, es algo que deberían valorar positivamente cualquier ciudadano que esté de acuerdo con esas labores sociales. A mi me da igual que a un drogadicto lo atienda cáritas o una institución musulmana u otra fundada por un ideario socialista: lo importante es que ayuden a esa persona a salir del abismo en que se encuentra.
Hay muchos datos contrastados que muestran la impresionante labor social que realiza la Iglesia católica en nuestro pais. Tantos que seguir atacando a la Iglesia en este terreno es sólo propio de personas ignorantes o muy sectarias. Solo en educación, los colegios concertados de la Iglesia católica atienden a 1,3 millones de alumnos y ahorran a las administraciones públicas más de 3.500 millones de euros. Cáritas ha atendido en 2010 a 950.000 personas, la tercera parte de las cuales lo hacía por primera vez. Lo importante no es la inversión económica, sino los miles de voluntarios que intentan mantener la esperanza a cientos de miles de familias que tienen ya poco que perder. Baste un dato para indicar cómo trabajan los voluntarios católicos: el tiempo para concertar una entrevista inicial en los servicios sociales públicos, como media, es de un mes, frente a los cuatro días de los servicios de acogida de Cáritas. El tiempo medio de respuesta para los servicios públicos es de 65 días; de 7 días en Cáritas.
Es tan evidente esa labor que muchas personas poco o nada favorables a la Iglesia no tienen inconveniente en marcar la X en su declaración de la renta. El año pasado lo hicieron casi 7,5 millones de contribuyentes, unos 200.000 mas que en 2010, pero aún son muchas las necesidades que cubrir. Está en tu mano colaborar.

sábado, 21 de abril de 2012

En defensa de la educación

Me quedo en esta entrada con un lema que se viene repitiendo estos días, al hilo de las protestas que se producen contra los recortes  del nuevo ejecutivo. Sin embargo, no le pongo calificativo, pues la educación debe defenderse en cualquier caso, ya sea pública, ya concertada o privada. Si de verdad queremos una educación mejor, debe darnos igual quien la dirija, aunque -a mi modo de ver- la educación nunca es privada, pues la imparta quien la imparta siempre es un servicio al público, a quien recibe nuestras clases. Toda educación debe defenderse, pero puestos a poner un adjetivo, prefiero ponerle el "de calidad". Mi lema sería "en defensa de la educación de calidad", venga de donde venga. Sinceramente me parece deplorable que centremos el recorte de nuestro maltrecho presupuesto en educación, incluso más que en sanidad, no porque piense que es más importante estar instruido que estar sano, sino porque va a contribuir con más eficacia a sacarnos del hoyo económico en el que estamos metidos. La actual crisis, a mi modo de ver, tiene un carácter coyuntural (el déficit) que no es la raíz del problema, sino sólo su manifestación. El problema clave es mucho más estructural y tiene que ver con la falta de innovación, el acomodamiento, la parsimonia, la noñez, la flojera, o incluso la ignorancia manifiesta con la que muchos de nuestros estudiantes acaban su ciclo educativo. No es razonable que estemos (aún, no sé por mucho tiempo) entre las primeras diez economías del mundo y tengamos el nivel de indicadores educativos que nos asigna, un año tras otro, el informe PISA. No es razonable que no tengamos ninguna universidad entre las 150 mejores del mundo. No es sensato que nuestros héroes sean deportistas o, lo que es peor, personajes de la farándula que no aportan nada al bienestar social, mientras nuestros cerebros más brillantes se consumen abandonados de las autoridades que les desprecian o decidan marcharse a países que les valoren como merecen. Estamos en apuros económicos, no cabe duda, pero la solución que se escoge no requiere de ningún talento; recortar lo puede hacer todo el mundo; plantear soluciones originales, ilusionantes, que nos lleven a salir de la cutrez educativa en la que nos han metido entre unos y otros, es tarea que no parece del alcance de quienes tienen la batuta de mando. Tal vez porque su educación tampoco fue la que merecían. Desde luego no es la que merece este país, que sólo puede salir adelante si formamos en contenidos, en valores y en hábitos de trabajo. Si enseñamos a nuestros alumnos a pensar por sí mismos, a plantear sus propias soluciones y a tener el coraje de llevarlas adelante, sin consignas externas, por si mismos. Este país se merece una educación de calidad, me da igual de donde venga.

viernes, 20 de abril de 2012

Ya estoy en Kindle!!




Permitidme que me haga un poco de propaganda en esta entrada menor, pero me ha hecho cierta ilusión ver qué mi último libro lo acaban de colgar en Amazon y pasar a formato digital. Como es un libro más bien poco conocido, pero al que me siento muy cercano porque refleja muchos pensamientos íntimos, me permito aquí recomendarlo:

Se títula, como este blog, Entusiásmate, y lo teneis disponible en Amazon. Lo llamé así, porque hace unos años un amigo que estudiaba clásicas me comentó que entusiasmo viene del griego: "en-theos",  que significa literalmente "estar en Dios". Llenarse de Dios y mostrar alegría por ello: ¿no te parece que es estupendo estar entusiasmado?

domingo, 15 de abril de 2012

El pecado del señor obispo


En España hay aproximadamente 74 obispos, que seguramente predicarían en alguno de los casí 23,000 templos en los que se ha celebrado la Semana Santa en nuestro país. Los temas sobre los que han predicado parece que no interesan mucho a los medios de comunicación pública, con excepción de la homilia -o mejor dicho una pequeña parte de la homilia- que pronunció el obispo de Alcalá de Henares el Viernes Santo y que  ha sido objeto de magro escandalo para unos cuantos. Como vivimos en un mundo donde la información es muy accesible, la primera cosa que deberíamos hacer antes de emitir una opinión sobre algún asunto es conocerlo de primera mano. He visto alguno de los vídeos que se han publicado sobre el "pecado" del obispo de Alcalá, que nada más y nada menos que se atrevió a utilizar la televisión pública para supuestamente atacar a los homosexuales. La mayor parte de los vídeos que están colgados se limitan a los 23 segundos que duró su referencia al tema, naturalmente sin hacer alusión al hilo conductor de su homilia, y sazonados con múltiples escarnios  a tales palabras. Inserto en mi comentario uno de esos videos, un poco más largo (4 minutos) que los citados, pero que permite situar mejor de qué estaba hablando el obispo de Alcalá. Juzga por ti mismo.



A mi modo de ver, es obvio que el obispo no estaba hablando de la homosexualidad, sino del pecado, y que entre los muchos ejemplos que puso de pecado social (la infidelidad matrimonial, la avaricia de algunos empresarios, la falta de responsabilidad de algunos trabajadores, el aborto...) también citó la homosexualidad. Me ahorro las lindezas que le han dedicado al bueno de D. Juan Antonio, persona afable donde las haya, naturalmente sin citar el entorno de sus palabras, y asumiendo que considerar la homosexualidad como inmoral es equivalente poco menos que a quemar en la hoguera a los homosexuales. Sentir atracción por alguien del mismo sexo es una cosa, y tener relaciones homosexuales, otra. Para el cristianismo, sólo es inmoral la segunda actitud, con la misma distancia entre las dos situaciones que media entre que un casado sienta la atracción por la mujer de otro y que se fugue con ella. Por otro lado, que un cristiano esté en desacuerdo con la homosexualidad no quiere decir que no pueda tratar con afecto y amistad a los homosexuales.
Entonces, el pecado del señor obispo fue más bien hablar del pecado, algo que la sociedad postmoderna rechaza como propio del periodo de los dinosaurios, pero que está tan enraizado en la conciencia humana que acaba venciendo cualquier tendencia a ponerlo entre paréntesis. Sentirse mal por hacer cosas que no son correctas es tan natural a la condición humana como el deseo de mejorarlas. Sin pecado no hay arrepentimiento ni deseos de enmendar actuaciones equivocadas. Quien diga que no yerra es un arrogante o ingenuo, que le falta recordar la máxima inscrita en el oráculo de Delfos: "conócete a ti mismo".
Algunos piensan que la educación se basa en evitar cualquier tensión, principalmente las que llevan a reprimir nuestras tendencias negativas y reforzar las positivas. La represión se vende mal en nuestros tiempos; parece que sólo sirve para crear complejos. Me parece que nos pasa como a los ríos: si el agua corre sobre un valle sin límites, no profundiza; necesita estar encajado, tener limites claros. Asumir que cualquer tendencia natural del ser humano es buena, es seguir en el rousonismo del siglo XVIII, que tan nefasto se ha mostrado. Sin un sentido de lo que es bueno y malo, es imposible mejorar. Una sociedad sin valores objetivos de lo que es bueno (virtud) y malo (pecado) acaba convirtiéndose en una tribu urbana.


domingo, 8 de abril de 2012

Sin Resurrección, no se entiende nada

¡Feliz Pascua de Resurrección a todos!
Para los cristianos se trata de la fiesta más importante del año, la que muestra de manera más evidente que la esperanza cristiana no es ilusa, sino que está anclada en una roca firme, tan firme como el sepulcro que quedó vacío. "Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe", nos dice San Pablo. En definitiva, si todo hubiera acabado en el Calvario, los cristianos estaríamos siguiendo a un gran hombre, un excelso predicador, un sabio sin parangón, que acabó fracasando, traicionado por casi todos, abandonado por su propio pueblo, a quien solo miró con cariño.
Pero la realidad no es ésa: Cristo ha resucitado, ha salido del sepulcro para mostrarnos que la muerte no es el final, que estamos destinados a la eternidad, y que sin la eternidad no se entiende nada. Si nos empeñamos en que la ecuación cuadre aquí, que todo sea razonable, dificilmente encontraremos razones de nuestra esperanza. La fe es razonable, pero las razones no son sólo terrenas: la existencia del mal en el mundo sería absurda sin la dimensión eterna; las piezas no encajan sólo si miramos desde la Tierra. Si no admitimos a Dios, seguramente concluiremos que no encajan porque el mundo es ininteligible, porque estamos aquí por una mera casualidad que no tiene por qué ser razonable. Si eso fuera así, estaríamos encerrados en una permanente contradicción: ¿por qué nuestro espíritu demanda la justicia si casi todo en este mundo es injusto?, ¿vivimos de una ilusión fatua o de un fundamento que reclama la eternidad, donde la justicia será plena? Para mi es obvio que no somos fruto de una automanipulación masoquista: si demandamos la justicia es porque tendremos justicia, pero no aquí, o no siempre aquí. La Resurrección de Jesús nos abre una dimensión que de alguna manera demanda toda persona, porque todos necesitamos mirar más allá de nuestra propia existencia. Todos necesitamos anclar nuestra alegría sobre algo más sólido que el placer de este mundo, tan estupendo, pero tan pasajero.  Demandamos signos de credibilidad, pero, como nos advierte Benedicto XVI: "...el único "signo" es Jesús elevado en la cruz: Jesús muerto y resucitado es el signo absolutamente suficiente. En Él podemos comprender la verdad de la vida y obtener la salvación. Éste es el anuncio central de la Iglesia, que no cambia a lo largo de los siglos. Por tanto, la fe cristiana no es ideología, sino encuentro personal con Cristo crucificado y resucitado..., nace una existencia marcada por el amor" (Homilía 26-III-2006).
De esa experiencia, mana la alegría y el afán de comunicar a otros ese entusiasmo. "Cuando se ha tenido verdadera experiencia del Resucitado, alimentándose de su cuerpo y de su sangre, no se puede guardar la alegría sólo para uno mismo. El encuentro con Cristo, profundizado continuamente en la intimidad eucarística, suscita en la Iglesia y en cada cristiano la exigencia de evangelizar y dar testimonio." (Juan Pablo II, Mane Nobiscum, 2004, n. 24)

domingo, 1 de abril de 2012

¿Es santa tu semana santa?

Comenzamos la semana más importante para los católicos, en la que conmemoramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Es una semana de intenso contenido religioso, que justifica su carácter festivo, vigente en buena parte de los países católicos, al menos desde el jueves. Como es bien sabido, las fechas de la Semana Santa cambian cada año, pues se ajustan al calendario lunar que regía entre los judíos en tiempos de Cristo. La fiesta de la Pascua, que para el pueblo hebrero significaba el recuerdo de la liberación de sus antepasados de la esclavitud en Egipto, de convierte para los cristianos en la celebración de la liberación que Jesús nos consigue a través del ofrecimiento de su vida por nosotros. Como la celebración de la Pascua cristiana coincide con el domingo inmediatamente posterior a la primera Luna llena tras el equinoccio de primavera, se celebra en fechas distintas cada año (no antes del 22 de marzo, ni más tarde del 25 de abril). Para muchos se trata simplemente de un descanso laboral o escolar; para otros muchos, una ocasión de entrar en contacto con tradiciones culturales de nuestro país (procesiones, oficios, velas...), que tantas veces no alcanzan a comprender; para los cristianos, debería ser una ocasión de conocer mejor los momentos clave de la vida de nuestro Señor, de agradecer su entrega por nosotros, de crecer en deseos de tratarle con mayor intensidad, de acompañarle en su oración en Getsemaní, de consolarle ante las burlas y el desprecio de quienes un día le aclamaron, de estar junto a María para sentir con ella...  Ojalá que sean para ti unos días de encuentro, de revisar si nuestra vida es coherente con nuestra fe, si podemos hacer más por Dios y por quienes nos rodean, de ir más allá de las imágenes para llegar a lo que significan. Ojalá que sea muy santa tu Semana Santa, ojalá que no abandones a Jesús, como lo hicieron casi todos, ojalá que estés cerca de El, como Simón de Cirene, ayudándole con su Cruz.

domingo, 25 de marzo de 2012

Diálogos de Besugos

Hace ya años que no veo regularmente la televisión, pero todavía me llegan ecos de algunos programas de especial audiencia, ya sea por su calidad, ya, aunque sea poco edificante decirlo, por su zafiedad, porque tantas veces lo más notorio no es precisamente lo más recomendable. En esta última categoría están los programas popularmente llamados de chismorreo, en donde unos tertuliantes más o menos indocumentados, cruzan sus "argumentos", por utilizar un término generoso, para descalificar a un personaje proveniente casi siempre del mundo de la farándula. Poco importa si las lindezas que ahí se sueltan se ajustan a la realidad o son fruto de la imaginación: lo crucial es conseguir audiencia.
Estos "prodigios" intelectuales están creando escuela y, esa manera tan poco civilizada de dialogar se imita por otros programas de debate que supuestamente son mucho más serios. En esas tertulias, donde los participantes casi nunca son expertos en lo que hablan, se emplean razones de propósito general, que tanto valen para hablar de guerra de Afganistán, como de las tarifas eléctricas, del cambio climático o de la reforma laboral. Si son temas polémicos, que habitualmente suelen serlo para animar a la audiencia, suelen cruzarse argumentos -también aquí resulta muchas veces generoso el calificativo- que el tertuliano trae preparados de casa, y que coloca con ocasión y sin ella, sin reflexionar ni un minuto sobre las razones que la posición contraria a la suya está manejando.
Como la televisión tiene una influencia tan destacada en la sociedad, esta manera de no-razonar se extiende a la esfera del ciudadano de a pie, y se acaba pervirtiendo el significado de discutir, que pasa de ser el intercambio de argumentos entre dos personas con posturas distintas, al proceso de afirmar las propias ideas confrontándolas con las postura contraria. En lugar de buscarse honradamente la verdad en ese diálogo, se busca la victoria sobre el contrincante, pues cualquier concesión a una postura distinta a la inicial se interpreta como una derrota. Esto es lo que podemos llamar "discusión de barricada".
Con la ayuda de varios amigos, acabo de iniciar una editorial (http://www.digitalreasons.es/) precisamente para ayudar a que esta situación se mitigue. Pretendemos generar un debate serio sobre temas que afectan hondamente a los valores que lideran la sociedad contemporánea, como son el origen de la vida, los fundamentos del derecho, la educación, la familia, los valores en la economía, o las relaciones entre ciencia y ética. Cada tema será expuesto desde una visión cristiana de la vida, presentando con la mayor honestidad posible los argumentos de quienes tienen otras concepciones, respondiendo con profundidad a los mismos y buscando puntos de encuentro. Estamos iniciando la andadura y, si estás interesado en participar en el proyecto, te animo a que contactes conmigo. Cualquier ayuda es bienvenida.

domingo, 18 de marzo de 2012

Un lavado de cara

Estamos en Cuaresma, para los cristianos un tiempo excelente de reflexión y conversión, de volver sobre nosotros mismos, de re-enfocar cómo y por qué hacemos las cosas. Vivimos en la sociedad del ruido, siempre hay música, noticias, ruido, conversaciones ajenas, que escuchar, pero ?cuándo nos escuchamos a nosotros mismos? ¿Por qué no dejamos hablar a nuestra conciencia? ¿Tal vez es por que tenemos miedo de enfrentarnos a lo que tenemos que cambiar?
Convertirse en reflexionar y hacer algo al respecto. No conformarnos con lo que ya somos. La diferencia entre la juventud y la ancianidad es que la primera vive de los proyectos y la segunda de los recuerdos. No tiene que ver con el edad física, sino con la mental. En mi adolescencia leí un diario, escrito por una adolescente escondida de la persecución nazi. Quizá nos ayude a evitar esa extraña compasión que sentimos de nosotros mismos, que no conduce más que a la indolencia.
 "Honestamente, yo no puedo imaginar como alguien puede decir: "soy débil" y permanecer así. Después de todo, si lo sabes, ¿por qué no luchar contra ello, porqué no intentar entrenar a tu carácter? La respuesta será: "Porque es mucho más fácil no hacerlo" Esta respuesta me descorazona. ¿Fácil? ¿Eso significa que una vida perezosa y mediocre es una vida fácil? No, eso no puede ser verdad, no debe ser verdad, que la gente puede ser tan fácilmente tentada por la flojera o por el dinero" (A. Frank, Diario de Ana Frank, 1944,)
 ¿Qué mejor medio para la conversión que reconocer que hacemos mal las cosas y pedir perdón por ello? ¿Cómo podemos mejorar si pensamos que todo va bien?  Reconocer el error es el primer paso para solventarlo. Después, acudir a quien tiene capacidad para resolver el problema, para lavar la herida. El sacramento de la confesión es un medio excelente para ello. No es una terapia, sino un encuentro personal con Jesús, que puede perdonarnos porque es Dios, y porque es Dios es también un padre que lleva quizá años aguardando nuestro arrepentimiento.
Lávate la cara, acude al perdón, encontrarás alegría.

domingo, 11 de marzo de 2012

Ecologista y católico, ¿por qué no?

Winfried Kretschmann
A raíz del artículo que publicara Lynn White hace 46 años en la revista Science, se inició un debate intelectual de gran interés sobre la responsabilidad que el cristianismo ha tenido en la crisis ambiental que observamos cada vez con mayor evidencia. La tesis de White se basaba en el supuesto antropocentrismo que consagra el primer capítulo del Génesis, haciendo creer al ser humano que es el único ser que ha sido querido directamente por Dios, confiándole para su uso y recreo las demás criaturas. Esta base religiosa que consagraría el dominio déspota del hombre sobre los recursos se habría hecho más manifiesta con el creciente acceso de la sociedad cristiana a la técnica y la ciencia, principalmente a partir del siglo XVIII. Las críticas de White han sido contestadas por numerosos especialistas, tanto teólogos como ambientólogos, pero aún puede considerarse un tópico contemporáneo, que vendría a confirmarse por la sospecha que levanta en algunos cristianos convencidos la actitud beligerante de planteamientos conservacionistas más radicales, que consideran al ser humano como el principal cáncer del planeta y justifican medidas, incluso coercitivas, para reducir la población mundial. Si ser ecologista es defender el aborto o poner al ser humano por debajo de la defensa de otros seres vivos, o incluso renegar de la existencia de un Creador, muchos cristianos acabarán recelando del ecologismo.
Admitiendo que existen esos planteamiento en algunas ideologías biocéntricas, sería injusto considerar que todo conservacionismo es antihumanista, y que un ecologista convencido ha de ser necesariamente agnóstico. Antes al contrario, la cantidad de pensadores de fuerte convicción religiosa que están seriamente comprometidos con la conservación ambiental es abrumadora. Y lo que es más importante, de un análisis teológico profundo no sólo no se justifica una actitud depredadora con la naturaleza, sino más bien al contrario: si admitimos que el mundo ha sido creado por Dios, deberíamos concluir que cualquier criatura ha sido querida por Dios y que somos responsables (esto es, debemos responder) del uso que hagamos de ellas.
Por si alguno todavía piensa que los católicos tenemos algo en contra la conservación ambiental, convendría que revisara algunos documentos papales de los últimos años sobre estos temas:
Y si a alguno le parece que esto es muy teórico, pero que en la práctica poco se hace en esta línea, le vendrá bien revisar la trayectoria de uno de los pocos políticos ecologistas que tienen poder político real. Se llama Winfried Kretschmann, es católico practicante y pertenece al partido Alianza 90/Los Verdes, ocupando desde el 12 de mayo de 2011 el puesto del jefe de gobierno del estado federado de Baden-Württemberg.

domingo, 4 de marzo de 2012

Cuaresma, ¡a empezar de nuevo!

Hemos iniciado hace unos días un nuevo tiempod de Cuaresma, que para los católicos es un tiempo de renovación interior, de replantearnos los grandes temas de nuestra vida, de volver a la oración, a meditar qué quiere el Señor de nosotros y qué estamos dispuestos a hacer para dárselo, de volver a poner lo importante en su sitio y apartar lo marginal, lo que sólo nos llena de ruido.
Cada uno se buscará la forma concreta de plantear esa renovación, según sus circunstancias y el estado de su propia relación con Dios. Me ha pasado un amigo un vídeo muy simpático que da qué pensar, que nos acerca al verdadero sentido de la Cuaresma:



La negación no es lo importante; es la negación que nos lleva a afirmar, la que corrige lo que impide avanzar, la que nos hace más grandes, más capaces de amar. Jesús no aceptó su dolorísima Pasión por sí misma, sino por la Redención que le acompañaba, que además no era suya, sino nuestra. No hay mayor manifestación de amor: sufrir para evitar el sufrimiento de quien se quiere, aunque sea culpable. Nosotros no haremos tanto: tan sólo devolver algo del amor que hemos recibido de Dios, dándolo a quienes El ha puesto a nuestro lado.

domingo, 26 de febrero de 2012

El apostolado de sonreir

El término "apostolado" designa tradicionalmente en el cristianismo el afán por comunicar el mensaje de Jesús a las personas que nos rodean. La etimología del término indica "el que es enviado", pues ciertamente Jesús eligió a los apóstoles para enviarles a propagar la "buena noticia" a todas las gentes: "Yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca" (Jn 15: 16). Esto no se lo dice únicamente a los apóstoles propiamente dichos, sino a todos los cristianos, de todos los tiempos y profesiones, como nos recordó el último Concilio. No hace falta tener un "ministerio" especial en la Iglesia para comunicar nuestra fe a nuestros familiares, amigos, o compañeros de trabajo.
Hay muchas maneras de hacer ese apostolado que Jesús nos pidió: la palabra es el más común, pero resulta tantas veces mucho más eficaz el apostolado del testimonio de la propia vida, donde procuramos ser coherentes con nuestra fe cristiana, imitando la vida de Jesús, pues el ejemplo, como asegura el dicho popular, "es el mejor predicador". En pocas palabras, que de nuestra conducta concluyan quienes conviven con nosotros que algo especial guía nuestros afanes, que procurando

domingo, 19 de febrero de 2012

¿Para qué sirve la religión?

No se trata en esta entrada de responder a una pregunta típica de adolescente que tiene que seguir clases de una asignatura que no acaba de ver muy necesaria. Quiero tratar aquí una pregunta que se vuelve esencial cuando intentamos transmitir la hondura de nuestra fe religiosa a personas que carecen de ella. A mi modo de ver, una de las grandes dificultades con las que nos encontramos para el diálogo con no creyentes sea la trivilización social del hecho religioso; si se me permite hablar así, su falta de trascendencia práctica. Puesto que aparentemente no influye en nuestras actividades ordinarias, en las decisiones profesionales, económicas o vitales que tomamos, la religión queda relegada al ámbito personal, o se torna en un diálogo puramente intelectual, donde se cruzan argumentos que no impactan en la vida, como si estuvieramos jugando una especie de ajedrez mental en un tablero inexistente.
Me vino este pensamiento a la cabeza hace unos días cuando, hablando con uno de mis estudiantes de postgrado, salió la cuestión de mis creencias religiosas. El me indicaba que también era religioso, pues "aunque no rezo, procuro no hacer mal a nadie". En definitiva, para él ser religioso es simplemente una postura ética. Intenté hacerle ver que la religión es algo más que un soporte para nuestros valores morales, y que en realidad cubre otros muchos ámbitos de nuestra vida, pero me dio que pensar esa conexión de mi alumno entre religión y actuar. Se es religioso cuando se actúa bien, aunque en realidad el motivo de actuar bien tenga poco que ver con la religión. Es más, según este planteamiento, es mucho más religioso un ateo "buena persona" que un cristiano que no lo sea.
Me parece que ese planteamiento es muy reduccionista, pues convertir una religión únicamente enn una justificación de nuestras acciones morales sería empobrecerla tremendamente. Ser moral y no ser

domingo, 12 de febrero de 2012

Newman: la verdad que complica la vida

Estoy leyendo estos días la magnífica biografía de John Henry Newman escrita por su biógrafo más prestigioso, Ian Kerr, publicada en nuestro país en 2010 por ediciones Palabra. Se trata de un extenso trabajo sobre el gran intelectual inglés, beatificado ese mismo por Benedicto XVI. La biografía intenta penetrar en la compleja personalidad de Newman, mostrandonos su pensamiento a través de sus propias palabras, ya que recoge una ingente cantidad de extractos de sus cartas y libros. Newman es un sacerdote y teólogo anglicano, profesor en la Universidad de Oxford, que intenta encontrar una vía intermedia entre el anglicanismo y el catolicismo romano, tomando lo que le parece más verdadero de ambos. Inicia un movimiento de renovación teológica en la década de 1830 con la publicación de una serie de monografías que denomina "Tracts for the Times", a la que se adhieren otros intelectuales preocupados por fundamentar con más solidez la Iglesia anglicana sobre los cimientos de la primitiva tradición cristiana, principalmente los Padres de la Iglesia, que Newman conoce bien gracias a sus trabajos sobre las controversias teológicas de los primeros siglos (arrianismo, monofismo, nestorianismo...). Tras generar un importante debate intelectual, el llamado Movimiento de Oxford, va derivando hacia un creciente convencimiento de que el verdadero progreso en esa tradición histórica sólo conduce

domingo, 5 de febrero de 2012

Provida es Progreso

Hace unos días se celebró el día internacional por la vida, que nos sirve de ocasión para recordar los muchos atentados a la vida que ocurren en el mundo. El aprecio a cualquer vida humana, por pequeña o deteriorada que se encuentre, está en la base del progreso social. ¿i no respetamos el don de la vida, qué otros vamos a respetar, que son consecuencia del primero? Ciertamente hay muchas personas que, con toda honestidad, piensan que el aborto es un derecho que hay que proteger, pues cada mujer debe tener autonomía para ser madre cuando lo estime oportuno. No puede imponerse a nadie ser madre. De acuerdo; el asunto de fondo es que la persona que pretende abortar (muchas veces, no lo olvidemos, presionada por un ambiente que no contempla otras opciones) YA ES MADRE. No se es madre cuando se da a luz, sino cuando se está embarazada, por lo que occurre entre el embarazo y el parto no es nada más que un cambio de "ecosistema". El bebé es tan dependiente de su madre cuando tiene 6 meses desde su concepción como cuando tiene 18 meses. Es preciso extender culturalmente

domingo, 29 de enero de 2012

¿Y por qué el domingo?

Vivimos en un país de raíces cristianas, que tienen muchas manifestaciones en la vida ordinaria, algunas de las cuales poca gente conecta con su origen religioso. Una muy sencilla es que los domingos sean fiesta laboral. A algunos les puede parecer una decisión arbitraria (da igual el domingo que el lunes o el jueves), a otros fruto del acuerdo (igual piensan que es parte de la negociación colectiva) y otros ni siquiera se lo plantean: disfrutan de la fiesta y mañana será otro día.
Como todo tiene su por qué, y buena parte de las cosas que vivimos sus raíces históricas, lo primero que convendría no dar por supuesto es el hecho mismo de que exista una día de fiesta. Eso también tiene un origen religioso, pues en el periodo pre-cristiano, en plena esclavitud además, no siempre estaba claro que hubiera que descansar del trabajo. La Iglesia intentó promover que así fuera, para dejar a los trabajadores un día festivo para poder asistir a la Santa Misa, cumpliendo el cuarto mandamiento del Decálogo ("Santificarás las fiestas"). La elección más obvia era el domingo, pues se produjo la principal festividad del calendario