Hace ya años que no veo regularmente la televisión, pero todavía me llegan ecos de algunos programas de especial audiencia, ya sea por su calidad, ya, aunque sea poco edificante decirlo, por su zafiedad, porque tantas veces lo más notorio no es precisamente lo más recomendable. En esta última categoría están los programas popularmente llamados de chismorreo, en donde unos tertuliantes más o menos indocumentados, cruzan sus "argumentos", por utilizar un término generoso, para descalificar a un personaje proveniente casi siempre del mundo de la farándula. Poco importa si las lindezas que ahí se sueltan se ajustan a la realidad o son fruto de la imaginación: lo crucial es conseguir audiencia.
Estos "prodigios" intelectuales están creando escuela y, esa manera tan poco civilizada de dialogar se imita por otros programas de debate que supuestamente son mucho más serios. En esas tertulias, donde los participantes casi nunca son expertos en lo que hablan, se emplean razones de propósito general, que tanto valen para hablar de guerra de Afganistán, como de las tarifas eléctricas, del cambio climático o de la reforma laboral. Si son temas polémicos, que habitualmente suelen serlo para animar a la audiencia, suelen cruzarse argumentos -también aquí resulta muchas veces generoso el calificativo- que el tertuliano trae preparados de casa, y que coloca con ocasión y sin ella, sin reflexionar ni un minuto sobre las razones que la posición contraria a la suya está manejando.
Como la televisión tiene una influencia tan destacada en la sociedad, esta manera de no-razonar se extiende a la esfera del ciudadano de a pie, y se acaba pervirtiendo el significado de discutir, que pasa de ser el intercambio de argumentos entre dos personas con posturas distintas, al proceso de afirmar las propias ideas confrontándolas con las postura contraria. En lugar de buscarse honradamente la verdad en ese diálogo, se busca la victoria sobre el contrincante, pues cualquier concesión a una postura distinta a la inicial se interpreta como una derrota. Esto es lo que podemos llamar "discusión de barricada".
Con la ayuda de varios amigos, acabo de iniciar una editorial (http://www.digitalreasons.es/) precisamente para ayudar a que esta situación se mitigue. Pretendemos generar un debate serio sobre temas que afectan hondamente a los valores que lideran la sociedad contemporánea, como son el origen de la vida, los fundamentos del derecho, la educación, la familia, los valores en la economía, o las relaciones entre ciencia y ética. Cada tema será expuesto desde una visión cristiana de la vida, presentando con la mayor honestidad posible los argumentos de quienes tienen otras concepciones, respondiendo con profundidad a los mismos y buscando puntos de encuentro. Estamos iniciando la andadura y, si estás interesado en participar en el proyecto, te animo a que contactes conmigo. Cualquier ayuda es bienvenida.
"Una auténtica fe -que nunca es cómoda e individualista– siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra. Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades" (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 2013, n. 183)
domingo, 25 de marzo de 2012
domingo, 18 de marzo de 2012
Un lavado de cara
Estamos en Cuaresma, para los cristianos un tiempo excelente de reflexión y conversión, de volver sobre nosotros mismos, de re-enfocar
cómo y por qué hacemos las cosas. Vivimos en la sociedad del ruido, siempre hay música, noticias, ruido, conversaciones ajenas, que escuchar, pero ?cuándo nos escuchamos a nosotros mismos? ¿Por qué no dejamos hablar a nuestra conciencia? ¿Tal vez es por que tenemos miedo de enfrentarnos a lo que tenemos que cambiar?
Convertirse en reflexionar y hacer algo al respecto. No conformarnos con lo que ya somos. La diferencia entre la juventud y la ancianidad es que la primera vive de los proyectos y la segunda de los recuerdos. No tiene que ver con el edad física, sino con la mental. En mi adolescencia leí un diario, escrito por una adolescente escondida de la persecución nazi. Quizá nos ayude a evitar esa extraña compasión que sentimos de nosotros mismos, que no conduce más que a la indolencia.
"Honestamente, yo no puedo imaginar como alguien puede decir: "soy débil" y permanecer así. Después de todo, si lo sabes, ¿por qué no luchar contra ello, porqué no intentar entrenar a tu carácter? La respuesta será: "Porque es mucho más fácil no hacerlo" Esta respuesta me descorazona. ¿Fácil? ¿Eso significa que una vida perezosa y mediocre es una vida fácil? No, eso no puede ser verdad, no debe ser verdad, que la gente puede ser tan fácilmente tentada por la flojera o por el dinero" (A. Frank, Diario de Ana Frank, 1944,)
¿Qué mejor medio para la conversión que reconocer que hacemos mal las cosas y pedir perdón por ello? ¿Cómo podemos mejorar si pensamos que todo va bien? Reconocer el error es el primer paso para solventarlo. Después, acudir a quien tiene capacidad para resolver el problema, para lavar la herida. El sacramento de la confesión es un medio excelente para ello. No es una terapia, sino un encuentro personal con Jesús, que puede perdonarnos porque es Dios, y porque es Dios es también un padre que lleva quizá años aguardando nuestro arrepentimiento.
Lávate la cara, acude al perdón, encontrarás alegría.
Convertirse en reflexionar y hacer algo al respecto. No conformarnos con lo que ya somos. La diferencia entre la juventud y la ancianidad es que la primera vive de los proyectos y la segunda de los recuerdos. No tiene que ver con el edad física, sino con la mental. En mi adolescencia leí un diario, escrito por una adolescente escondida de la persecución nazi. Quizá nos ayude a evitar esa extraña compasión que sentimos de nosotros mismos, que no conduce más que a la indolencia.
"Honestamente, yo no puedo imaginar como alguien puede decir: "soy débil" y permanecer así. Después de todo, si lo sabes, ¿por qué no luchar contra ello, porqué no intentar entrenar a tu carácter? La respuesta será: "Porque es mucho más fácil no hacerlo" Esta respuesta me descorazona. ¿Fácil? ¿Eso significa que una vida perezosa y mediocre es una vida fácil? No, eso no puede ser verdad, no debe ser verdad, que la gente puede ser tan fácilmente tentada por la flojera o por el dinero" (A. Frank, Diario de Ana Frank, 1944,)
¿Qué mejor medio para la conversión que reconocer que hacemos mal las cosas y pedir perdón por ello? ¿Cómo podemos mejorar si pensamos que todo va bien? Reconocer el error es el primer paso para solventarlo. Después, acudir a quien tiene capacidad para resolver el problema, para lavar la herida. El sacramento de la confesión es un medio excelente para ello. No es una terapia, sino un encuentro personal con Jesús, que puede perdonarnos porque es Dios, y porque es Dios es también un padre que lleva quizá años aguardando nuestro arrepentimiento.
Lávate la cara, acude al perdón, encontrarás alegría.
domingo, 11 de marzo de 2012
Ecologista y católico, ¿por qué no?
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| Winfried Kretschmann |
Admitiendo que existen esos planteamiento en algunas ideologías biocéntricas, sería injusto considerar que todo conservacionismo es antihumanista, y que un ecologista convencido ha de ser necesariamente agnóstico. Antes al contrario, la cantidad de pensadores de fuerte convicción religiosa que están seriamente comprometidos con la conservación ambiental es abrumadora. Y lo que es más importante, de un análisis teológico profundo no sólo no se justifica una actitud depredadora con la naturaleza, sino más bien al contrario: si admitimos que el mundo ha sido creado por Dios, deberíamos concluir que cualquier criatura ha sido querida por Dios y que somos responsables (esto es, debemos responder) del uso que hagamos de ellas.
Por si alguno todavía piensa que los católicos tenemos algo en contra la conservación ambiental, convendría que revisara algunos documentos papales de los últimos años sobre estos temas:
- Juan Pablo II, Mensaje para la jornada mundial de la paz (1990); Solicitudo Rei socialis (1987); Centessimus annus (1991).
- Benedicto XVI: Caritas in Veritate (2009), n. 48-51, Discurso al cuerpo diplomático con motivo del Año Nuevo (11.1.2010), Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz (1.1.2010), Discurso al parlamento alemán (22.9.2011)
Y si a alguno le parece que esto es muy teórico, pero que en la práctica poco se hace en esta línea, le vendrá bien revisar la trayectoria de uno de los pocos políticos ecologistas que tienen poder político real. Se llama Winfried Kretschmann, es católico practicante y pertenece al partido Alianza 90/Los Verdes, ocupando desde el 12 de mayo de 2011 el puesto del jefe de gobierno del estado federado de Baden-Württemberg.
domingo, 4 de marzo de 2012
Cuaresma, ¡a empezar de nuevo!
Hemos iniciado hace unos días un nuevo tiempod de Cuaresma, que para los católicos es un tiempo de renovación interior, de replantearnos los grandes temas de nuestra vida, de volver a la oración, a meditar qué quiere el Señor de nosotros y qué estamos dispuestos a hacer para dárselo, de volver a poner lo importante en su sitio y apartar lo marginal, lo que sólo nos llena de ruido.
Cada uno se buscará la forma concreta de plantear esa renovación, según sus circunstancias y el estado de su propia relación con Dios. Me ha pasado un amigo un vídeo muy simpático que da qué pensar, que nos acerca al verdadero sentido de la Cuaresma:
La negación no es lo importante; es la negación que nos lleva a afirmar, la que corrige lo que impide avanzar, la que nos hace más grandes, más capaces de amar. Jesús no aceptó su dolorísima Pasión por sí misma, sino por la Redención que le acompañaba, que además no era suya, sino nuestra. No hay mayor manifestación de amor: sufrir para evitar el sufrimiento de quien se quiere, aunque sea culpable. Nosotros no haremos tanto: tan sólo devolver algo del amor que hemos recibido de Dios, dándolo a quienes El ha puesto a nuestro lado.
Cada uno se buscará la forma concreta de plantear esa renovación, según sus circunstancias y el estado de su propia relación con Dios. Me ha pasado un amigo un vídeo muy simpático que da qué pensar, que nos acerca al verdadero sentido de la Cuaresma:
La negación no es lo importante; es la negación que nos lleva a afirmar, la que corrige lo que impide avanzar, la que nos hace más grandes, más capaces de amar. Jesús no aceptó su dolorísima Pasión por sí misma, sino por la Redención que le acompañaba, que además no era suya, sino nuestra. No hay mayor manifestación de amor: sufrir para evitar el sufrimiento de quien se quiere, aunque sea culpable. Nosotros no haremos tanto: tan sólo devolver algo del amor que hemos recibido de Dios, dándolo a quienes El ha puesto a nuestro lado.
domingo, 26 de febrero de 2012
El apostolado de sonreir
El término "apostolado" designa tradicionalmente en el cristianismo el afán por comunicar el mensaje de Jesús a las personas que nos rodean. La etimología del término indica "el que es enviado", pues ciertamente Jesús eligió a los apóstoles para enviarles a propagar la "buena noticia" a todas las gentes: "Yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca" (Jn 15: 16). Esto no se lo dice únicamente a los apóstoles propiamente dichos, sino a todos los cristianos, de todos los tiempos y profesiones, como nos recordó el último Concilio. No hace falta tener un "ministerio" especial en la Iglesia para comunicar nuestra fe a nuestros familiares, amigos, o compañeros de trabajo.
Hay muchas maneras de hacer ese apostolado que Jesús nos pidió: la palabra es el más común, pero resulta tantas veces mucho más eficaz el apostolado del testimonio de la propia vida, donde procuramos ser coherentes con nuestra fe cristiana, imitando la vida de Jesús, pues el ejemplo, como asegura el dicho popular, "es el mejor predicador". En pocas palabras, que de nuestra conducta concluyan quienes conviven con nosotros que algo especial guía nuestros afanes, que procurando
Hay muchas maneras de hacer ese apostolado que Jesús nos pidió: la palabra es el más común, pero resulta tantas veces mucho más eficaz el apostolado del testimonio de la propia vida, donde procuramos ser coherentes con nuestra fe cristiana, imitando la vida de Jesús, pues el ejemplo, como asegura el dicho popular, "es el mejor predicador". En pocas palabras, que de nuestra conducta concluyan quienes conviven con nosotros que algo especial guía nuestros afanes, que procurando
domingo, 19 de febrero de 2012
¿Para qué sirve la religión?
No se trata en esta entrada de responder a una pregunta típica de adolescente que tiene que seguir clases de una asignatura que no acaba de ver muy necesaria. Quiero tratar aquí una pregunta que se vuelve esencial cuando intentamos transmitir la hondura de nuestra fe religiosa a personas que carecen de ella. A mi modo de ver, una de las grandes dificultades con las que nos encontramos para el diálogo con no creyentes sea la trivilización social del hecho religioso; si se me permite hablar así, su falta de trascendencia práctica. Puesto que aparentemente no influye en nuestras actividades ordinarias, en las decisiones profesionales, económicas o vitales que tomamos, la religión queda relegada al ámbito personal, o se torna en un diálogo puramente intelectual, donde se cruzan argumentos que no impactan en la vida, como si estuvieramos jugando una especie de ajedrez mental en un tablero inexistente.
Me vino este pensamiento a la cabeza hace unos días cuando, hablando con uno de mis estudiantes de postgrado, salió la cuestión de mis creencias religiosas. El me indicaba que también era religioso, pues "aunque no rezo, procuro no hacer mal a nadie". En definitiva, para él ser religioso es simplemente una postura ética. Intenté hacerle ver que la religión es algo más que un soporte para nuestros valores morales, y que en realidad cubre otros muchos ámbitos de nuestra vida, pero me dio que pensar esa conexión de mi alumno entre religión y actuar. Se es religioso cuando se actúa bien, aunque en realidad el motivo de actuar bien tenga poco que ver con la religión. Es más, según este planteamiento, es mucho más religioso un ateo "buena persona" que un cristiano que no lo sea.
Me parece que ese planteamiento es muy reduccionista, pues convertir una religión únicamente enn una justificación de nuestras acciones morales sería empobrecerla tremendamente. Ser moral y no ser
Me vino este pensamiento a la cabeza hace unos días cuando, hablando con uno de mis estudiantes de postgrado, salió la cuestión de mis creencias religiosas. El me indicaba que también era religioso, pues "aunque no rezo, procuro no hacer mal a nadie". En definitiva, para él ser religioso es simplemente una postura ética. Intenté hacerle ver que la religión es algo más que un soporte para nuestros valores morales, y que en realidad cubre otros muchos ámbitos de nuestra vida, pero me dio que pensar esa conexión de mi alumno entre religión y actuar. Se es religioso cuando se actúa bien, aunque en realidad el motivo de actuar bien tenga poco que ver con la religión. Es más, según este planteamiento, es mucho más religioso un ateo "buena persona" que un cristiano que no lo sea.Me parece que ese planteamiento es muy reduccionista, pues convertir una religión únicamente enn una justificación de nuestras acciones morales sería empobrecerla tremendamente. Ser moral y no ser
domingo, 12 de febrero de 2012
Newman: la verdad que complica la vida
Estoy leyendo estos días la magnífica biografía de John Henry Newman escrita por su biógrafo más prestigioso, Ian Kerr, publicada en nuestro país en 2010 por ediciones Palabra. Se trata de un extenso trabajo sobre el gran intelectual inglés, beatificado ese mismo por Benedicto XVI. La biografía intenta penetrar en la compleja personalidad de Newman, mostrandonos su pensamiento a través de sus propias palabras, ya que recoge una ingente cantidad de extractos de sus cartas y libros. Newman es un sacerdote y teólogo anglicano, profesor en la Universidad de Oxford, que intenta encontrar una vía intermedia entre el anglicanismo y el catolicismo romano, tomando lo que le parece más verdadero de ambos. Inicia un movimiento de renovación teológica en la década de 1830 con la publicación de una serie de monografías que denomina "Tracts for the Times", a la que se adhieren otros intelectuales preocupados por fundamentar con más solidez la Iglesia anglicana sobre los cimientos de la primitiva tradición cristiana, principalmente los Padres de la Iglesia, que Newman conoce bien gracias a sus trabajos sobre las controversias teológicas de los primeros siglos (arrianismo, monofismo, nestorianismo...). Tras generar un importante debate intelectual, el llamado Movimiento de Oxford, va derivando hacia un creciente convencimiento de que el verdadero progreso en esa tradición histórica sólo conduce
domingo, 5 de febrero de 2012
Provida es Progreso
Hace unos días se celebró el día internacional por la vida, que nos sirve de ocasión para recordar los muchos atentados a la vida que ocurren en el mundo. El aprecio a cualquer vida humana, por pequeña o deteriorada que se encuentre, está en la base del progreso social. ¿i no respetamos el don de la vida, qué otros vamos a respetar, que son consecuencia del primero? Ciertamente hay muchas personas que, con toda honestidad, piensan que el aborto es un derecho que hay que proteger, pues cada mujer debe tener autonomía para ser madre cuando lo estime oportuno. No puede imponerse a nadie ser madre. De acuerdo; el asunto de fondo es que la persona que pretende abortar (muchas veces, no lo olvidemos, presionada por un ambiente que no contempla otras opciones) YA ES MADRE. No se es madre cuando se da a luz, sino cuando se está embarazada, por lo que occurre entre el embarazo y el parto no es nada más que un cambio de "ecosistema". El bebé es tan dependiente de su madre cuando tiene 6 meses desde su concepción como cuando tiene 18 meses. Es preciso extender culturalmente
domingo, 29 de enero de 2012
¿Y por qué el domingo?
Vivimos en un país de raíces cristianas, que tienen muchas manifestaciones en la vida ordinaria, algunas de las cuales poca gente conecta con su origen religioso. Una muy sencilla es que los domingos sean fiesta laboral. A algunos les puede parecer una decisión arbitraria (da igual el domingo que el lunes o el jueves), a otros fruto del acuerdo (igual piensan que es parte de la negociación colectiva) y otros ni siquiera se lo plantean: disfrutan de la fiesta y mañana será otro día.
Como todo tiene su por qué, y buena parte de las cosas que vivimos sus raíces históricas, lo primero que convendría no dar por supuesto es el hecho mismo de que exista una día de fiesta. Eso también tiene un origen religioso, pues en el periodo pre-cristiano, en plena esclavitud además, no siempre estaba claro que hubiera que descansar del trabajo. La Iglesia intentó promover que así fuera, para dejar a los trabajadores un día festivo para poder asistir a la Santa Misa, cumpliendo el cuarto mandamiento del Decálogo ("Santificarás las fiestas"). La elección más obvia era el domingo, pues se produjo la principal festividad del calendario
Como todo tiene su por qué, y buena parte de las cosas que vivimos sus raíces históricas, lo primero que convendría no dar por supuesto es el hecho mismo de que exista una día de fiesta. Eso también tiene un origen religioso, pues en el periodo pre-cristiano, en plena esclavitud además, no siempre estaba claro que hubiera que descansar del trabajo. La Iglesia intentó promover que así fuera, para dejar a los trabajadores un día festivo para poder asistir a la Santa Misa, cumpliendo el cuarto mandamiento del Decálogo ("Santificarás las fiestas"). La elección más obvia era el domingo, pues se produjo la principal festividad del calendario
domingo, 22 de enero de 2012
¿Sólo una crisis económica?
Sin duda es una de las palabras más repetidas, en las conversaciones cotidianas, en los medios de comuniación, en los ámbitos académicos: la crisis económica. Sus orígenes, que ahora todos aseguran que conocían, pero no evitaron; sus impactos, que cada vez resultan más evidentes y más denigrantes de la dignidad de las personas; y sus soluciones, que tantos proponen, pero casi nadie atina.Se habla de crisis de liquidez, de crisis bancaria, de crisis hipotecaria, de crisis de confianza, y un largo etcétera. ¿Pero cuál es realmente el origen de esta crisis? ¿por qué lo que hace únicamente un par de años eran bienes sólidos ahora no lo son? ¿por qué quien era válido, ahora no cuenta?
Mientras no identifiquemos el origen de la crisis, creo que será difícil salir de ella. A mi modo de ver, esta crisis es más antropológica que económica. Lo que ha dado lugar a la situación actual me parece que puede resumirse en tres puntos:
domingo, 15 de enero de 2012
Libertad es decirte que no
Con mucha frecuencia definimos la libertad como la capacidad de elegir, y nos sentimos más libres cuanto más elecciones distintas tenemos disponibles. Pensamos que la única limitación de la libertad viene del exterior, cuando alguien o algo impide hacer lo que queremos, a lo que optamos libremente. Por eso cualquier régimen político que prohíba se considera de algún modo limitante de la libertad. Ciertamente así es, nos repulsan las prohibiciones, y si acaso las toleramos cuando suponen un freno a invadir la libertad de los demás.
Pero, en la práctica, ¿cuáles son las limitaciones de la libertad? ¿qué nos limita, en la práctica, tomar las decisiones que consideramos adecuadas? Sería largo repasarlas todas (lo haré en otras entradas de este blog). Ahora quería fijarme en una que me parece protagonista en la sociedad actual. No somos plenamente libres porque no somos capaces de vencer nuestros propios defectos, que nos impiden hacer en la práctica lo que vemos claramente que deberíamos hacer: desde aprovechar mejor el tiempo hasta cambiar nuestra dieta, desde ser más cariñosos en casa hasta mejorar el orden, desde ser más sobrios en la bebida o en las compras hasta visitar con más frecuencia a nuestra familia, desde levantarnos a la hora convenida hasta cambiar horas de tele por horas de lectura. Un cúmulo de detalles nos impiden
Pero, en la práctica, ¿cuáles son las limitaciones de la libertad? ¿qué nos limita, en la práctica, tomar las decisiones que consideramos adecuadas? Sería largo repasarlas todas (lo haré en otras entradas de este blog). Ahora quería fijarme en una que me parece protagonista en la sociedad actual. No somos plenamente libres porque no somos capaces de vencer nuestros propios defectos, que nos impiden hacer en la práctica lo que vemos claramente que deberíamos hacer: desde aprovechar mejor el tiempo hasta cambiar nuestra dieta, desde ser más cariñosos en casa hasta mejorar el orden, desde ser más sobrios en la bebida o en las compras hasta visitar con más frecuencia a nuestra familia, desde levantarnos a la hora convenida hasta cambiar horas de tele por horas de lectura. Un cúmulo de detalles nos impiden
lunes, 9 de enero de 2012
Año nuevo, metas nuevas
Comenzamos un nuevo año, algunos con la ilusión de muchos planes que contemplan como posibles; otros con la pesadumbre de un horizonte que consideran demasiado cerrado; otros, tal vez, con la incertidumbre de estar en un mundo que parece pasarnos por encima sin pedir permiso.
Un año nuevo es un buen momento para hacer balance y plantearse nuevas metas. En este periodo, me parece excelente recordar la conocida oración de Reinhold Niebuhr:
"Señor, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo y sabiduría para poder diferenciarlas".
Hay cosas que no podemos cambiar, que no dependen directamente de nosotros (la crisis económica, las injusticias que ocurren en el mundo, los defectos de los demás...), aunque podamos contribuir indirectamente a mejorarlas. Hay otras muchas cosas que sí dependen de nuestra decisión: levantarnos a la hora, sin dejarnos llevar por la pereza; hacer bien nuestro trabajo; sonreir a quienes nos rodean; ser optimistas ante las situaciones que parecen difíciles; ser honestos, en fin, adoptar hábitos que mejoren nuestra vida y nos hagan más amables (más fácilmente amados) por los demás. Distinguir entre lo que podemos y no podemos cambiar es clave: si no cambiamos lo que podemos, somos endebles; si intentamos cambiar lo que no podemos, perdemos el tiempo y nos hastiamos. Por eso, es importante pedirle a Dios, en este año que comienza, la sabiduría para distinguir entre ambas, para no quejarnos de cosas que podemos cambiar y cambiarlas, para plantearnos nuevas metas y con coraje sacarlas adealnte; también para no frustarnos ante las que no dependen de nosotros, para no perder la calma cuando hay comportamientos que nos desagradan pero que dependen de la libertad ajena. Esa sabiduría de Dios, nos dará también Su paz, el gozo de saber que hacemos lo que podemos (también con su ayuda), y de poner en sus manos lo que no alcanzan nuestras fuerzas.
Un año nuevo es un buen momento para hacer balance y plantearse nuevas metas. En este periodo, me parece excelente recordar la conocida oración de Reinhold Niebuhr:
"Señor, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo y sabiduría para poder diferenciarlas".
Hay cosas que no podemos cambiar, que no dependen directamente de nosotros (la crisis económica, las injusticias que ocurren en el mundo, los defectos de los demás...), aunque podamos contribuir indirectamente a mejorarlas. Hay otras muchas cosas que sí dependen de nuestra decisión: levantarnos a la hora, sin dejarnos llevar por la pereza; hacer bien nuestro trabajo; sonreir a quienes nos rodean; ser optimistas ante las situaciones que parecen difíciles; ser honestos, en fin, adoptar hábitos que mejoren nuestra vida y nos hagan más amables (más fácilmente amados) por los demás. Distinguir entre lo que podemos y no podemos cambiar es clave: si no cambiamos lo que podemos, somos endebles; si intentamos cambiar lo que no podemos, perdemos el tiempo y nos hastiamos. Por eso, es importante pedirle a Dios, en este año que comienza, la sabiduría para distinguir entre ambas, para no quejarnos de cosas que podemos cambiar y cambiarlas, para plantearnos nuevas metas y con coraje sacarlas adealnte; también para no frustarnos ante las que no dependen de nosotros, para no perder la calma cuando hay comportamientos que nos desagradan pero que dependen de la libertad ajena. Esa sabiduría de Dios, nos dará también Su paz, el gozo de saber que hacemos lo que podemos (también con su ayuda), y de poner en sus manos lo que no alcanzan nuestras fuerzas.
jueves, 5 de enero de 2012
¿Quiénes son los Reyes Magos?
Un amigo me ha enviado recientemente una explicación bastante razonable de quiénes son los Reyes Magos, que espero sea útil para algunos padres que tienen que explicar a sus hijos el significado último de estos amables personajes:
"Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
-¿Papa?
-Sí, hija, cuéntame
-Oye, quiero... que me digas la verdad
-Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
-Es que... -titubeó Cristina
-Dime, hija, dime.
-Papá, ¿existen los Reyes Magos? El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
-Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad? La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
-¿Y tú qué crees, hija?
-Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
-Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero....
viernes, 16 de diciembre de 2011
Los cristianos también tenemos un armario
Hace unas décadas se puso de moda la expresión "salir del armario" para indicar que una persona manifestaba públicamente lo que antes sólo era conocido por unos pocos o, incluso, tal vez era ignorado completamente. La frase se aplicaba principalmente a los que eran homosexuales y, especialmente, a los que tenían una cierta relevancia pública.
Creo que la expresión puede aplicarse a otras muchas facetas de la vida, donde uno puede considerar que manifestar abiertamente lo que es o lo que piensa causará rechazo. Me parece que también podemos utilizar este concepto para referirnos a la manifestación pública de nuestra condición de cristianos. Pese a las raíces culturales de nuestro país, el carácter cristiano de una persona se considera cada vez más como algo marginal, por lo que muchos pueden sentirse tentados a camuflar sus convicciones religiosas, bajo el miedo de que podrían reportarle situaciones desagradables: burlas de compañeros de trabajo o amigos, pérdida de oportunidades de promoción social o profesional, descrédito en las propias opiniones...
A veces, estos prejuicios están basados en situaciones reales. No estoy de acuerdo con que en este país haya una persecución religiosa, como algunos católicos parecen indicar, pero sí resulta evidente que ser cristiano
Creo que la expresión puede aplicarse a otras muchas facetas de la vida, donde uno puede considerar que manifestar abiertamente lo que es o lo que piensa causará rechazo. Me parece que también podemos utilizar este concepto para referirnos a la manifestación pública de nuestra condición de cristianos. Pese a las raíces culturales de nuestro país, el carácter cristiano de una persona se considera cada vez más como algo marginal, por lo que muchos pueden sentirse tentados a camuflar sus convicciones religiosas, bajo el miedo de que podrían reportarle situaciones desagradables: burlas de compañeros de trabajo o amigos, pérdida de oportunidades de promoción social o profesional, descrédito en las propias opiniones...
A veces, estos prejuicios están basados en situaciones reales. No estoy de acuerdo con que en este país haya una persecución religiosa, como algunos católicos parecen indicar, pero sí resulta evidente que ser cristiano
lunes, 5 de diciembre de 2011
Preparando la Navidad
Ya han encendido las luces especiales, ya comienzan a verse los primeros adornos, ya empiezan a organizarse las comidas o cenas de confraternización, ya es insistente el reclamo comercial para regalar con ocasión o sin ella, ya los niños -y no tan niños- te "asaltan" para que compres papeletas de algún tipo de sorteo, ligado casi siempre con la lotería,... !ya estamos en Navidad!
Pero, ¿es eso realmente la Navidad?, ¿cuál es el sentido de estas fiestas? ¿de qué tenemos que alegrarnos?, ¿del fin de año, del cambio de calendario, de la proximidad a una celebración tradicional, aunque no se sepa bien de dónde viene la celebración?
Navidad proviene del latín nativitas, que significa nacimiento. ¿De quién? Aunque la Sagrada Escritura no nos da pistas claras para situar el día exacto del nacimiento de Jesús en Belén, los cristianos lo celebramos el 25 de diciembre desde el siglo III, cuando Sexto Julio Africano lo situó en ese día. Para la época del Concilio de Nicea en 325, la iglesia alejandrina ya había fijado el Díes nativitatis et epifaníae de Jesús, que se mantiene desde entonces en la Iglesia Católica, la Iglesia Anglicana, algunas otras Iglesias protestantes y la Iglesia Ortodoxa Rumana; mientras otras iglesias ortodoxas lo sitúan el 7 de enero.
Dejando a un lado esas controversias históricas, la tradición cristiana de Europa ha celebrado desde hace 17 siglos el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, y la alegría por ese acontemiento tan trascendental da un sentido muy hondo a las celebraciones de estos días. La honda alegría por conmemorar la encarnación y nacimiento de nuestro Señor no está reñida con el regocijo, la sana celebración y la licencia de algo extraordinario. De ahí a que las navidades se conviertan en una demonstración de derroche consumista desproporcionado, de jolgorio que raya en el esperpento, de desatino insustancial, va un abismo. Celebramos que Jesús nació en Belén, y eso nos llena de alegría, pero Jesús nació en una cueva, desprovisto de casi todo lo que consideramos imprescindible: sólo tuvo el cariño de sus padres, la compañía de unos animales y, poco después, de unos pastores rudos, pobres, pero que quisieron dar a Jesús lo mejor que tenían. En Belén había alegría, cantos, pero sobre todo una enorme generosidad de quien siendo Dios se quiso hacer hombre, como nosotros, frágil, necesitado. El rostro de la Navidad no es el rostro del desenfreno, sino del cuidado amoroso por quienes son olvidados, quienes son más frágiles, quienes están más necesidados.
Pero, ¿es eso realmente la Navidad?, ¿cuál es el sentido de estas fiestas? ¿de qué tenemos que alegrarnos?, ¿del fin de año, del cambio de calendario, de la proximidad a una celebración tradicional, aunque no se sepa bien de dónde viene la celebración?
Navidad proviene del latín nativitas, que significa nacimiento. ¿De quién? Aunque la Sagrada Escritura no nos da pistas claras para situar el día exacto del nacimiento de Jesús en Belén, los cristianos lo celebramos el 25 de diciembre desde el siglo III, cuando Sexto Julio Africano lo situó en ese día. Para la época del Concilio de Nicea en 325, la iglesia alejandrina ya había fijado el Díes nativitatis et epifaníae de Jesús, que se mantiene desde entonces en la Iglesia Católica, la Iglesia Anglicana, algunas otras Iglesias protestantes y la Iglesia Ortodoxa Rumana; mientras otras iglesias ortodoxas lo sitúan el 7 de enero.
Dejando a un lado esas controversias históricas, la tradición cristiana de Europa ha celebrado desde hace 17 siglos el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, y la alegría por ese acontemiento tan trascendental da un sentido muy hondo a las celebraciones de estos días. La honda alegría por conmemorar la encarnación y nacimiento de nuestro Señor no está reñida con el regocijo, la sana celebración y la licencia de algo extraordinario. De ahí a que las navidades se conviertan en una demonstración de derroche consumista desproporcionado, de jolgorio que raya en el esperpento, de desatino insustancial, va un abismo. Celebramos que Jesús nació en Belén, y eso nos llena de alegría, pero Jesús nació en una cueva, desprovisto de casi todo lo que consideramos imprescindible: sólo tuvo el cariño de sus padres, la compañía de unos animales y, poco después, de unos pastores rudos, pobres, pero que quisieron dar a Jesús lo mejor que tenían. En Belén había alegría, cantos, pero sobre todo una enorme generosidad de quien siendo Dios se quiso hacer hombre, como nosotros, frágil, necesitado. El rostro de la Navidad no es el rostro del desenfreno, sino del cuidado amoroso por quienes son olvidados, quienes son más frágiles, quienes están más necesidados.
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