domingo, 27 de enero de 2019

El racismo a examen

El racismo constituye una de las páginas más vergonzosas de la historia contemporánea. Una ideología del odio y la exclusión que ha marcado las relaciones entre las culturas y las naciones de nuestro tiempo presente. Sobre esta cuestión, que no está todavía completamente superada ni siquiera en las sociedades culturalmente más desarrolladas, escribe el Prof. Jose Alfredo Elía. El resultado es el libro: "Racismo. Historia del peligroso mito de la raza", que publica la editorial Digital Reasons. El libro pretende responder a tres  grandes cuestiones: ¿cuáles han sido los orígenes del racismo?, ¿cuáles son sus bases ideológicas?, ¿cómo demostrar y contrarrestar, con argumentos sólidos, su falsedad de esta ideología?
El origen del racismo está ligado a la justificación intelectual de la esclavitud, que está relacionada con el pensamiento enciclopedido e ilustrado. Buffón acuñó el término raza para designar los distintos tipos humanos y Blumenbach inició la jerarquía de razas situando a la negroide abajo y a la caucásica arriba. Filósofos como Montesquieu, Hume, Rousseau, Hegel,… propusieron argumentos para justificar un comercio de esclavos, que tan lucrativo resultaba a las haciendas de los poderosos. Por otro lado, la expansión colonialista del siglo XIX se justificó en cierta medida por la superioridad cultural y racial. El racismo "científico" se dedicó a medir distintos elementos del cuerpo para demostrar la diferenciación de razas y eventual superioridad de la blanca, al que se suma el nacionalismo en busca de sus propias raíces.
El francés Arthur de Gobineau tiene el triste honor de ser el creador del racismo como ideología. Para él, la raza aria estaría en decadencia debido a su degeneración y mestizaje con otras “inferiores”. Era necesaria pues, una lucha de razas, en que la superior prevaleciera sobre el resto, declaradas inferiores. Ese concepto de lucha, llevará a otros autores a ensalzar la violencia y a anunciar que la historia y la vida no es sino el escenario de batalla en que unos seres aniquilan a otros en una lucha por la existencia (Spencer, Nietzsche,…) Renan declararon a raza la semita como la antirraza, enemiga de la aria. Wagner y Chamberlain, divulgaron las ideas gobinianas por Alemania. La ideología de la raza en cierta medida legitimó la eliminación de los nativos estadounidenses, del este asiático por los rusos, de los territorios vírgenes de Sudamérica por las repúblicas independientes, y principalmente la explotación del continente africano, repartido por las principales potencias europeas. Desde 1933 hasta 1945, Alemania llevó la biopolítica racista a sus máximas consecuencias. Eugenesia, antisemitismo, reproducción y crianza en las granjas del lebensborn, holocausto,… condujeron a la hora de las tinieblas. El fin de la II Guerra Mundial con la derrota del régimen nazi inicia el ocaso de la ideología de la raza.
El autor subraya que el cristianismo católico siempre se opuso doctrinalmente a la ideología de la raza, tanto en sus escritos como en su actividad misionera. De hecho, la jerarquía católica en EE.UU. jugó un papel importante en la lucha por los Derechos Civiles, negándose a aceptar las leyes segregacionistas. Con el fin del Apartheid en Sudáfrica (1994) se puso punto final al último estado racista del mundo.
El libro del Prof. Elia concluye mostrando el panorama actual del racismo ideológico. Indica que actualmente puede afirmarse que no tiene ninguna base científica, como han demostrado científicos de la talla de Jay Gould, Harris, Levi-Strauss, Lewontin o Cavalli-Sforza. A partir de nuestros conocimientos genéticos no es posible aislar "razas puras" ni establecer una jerarquía racial. Hoy en día reconocemos que la biodiversidad es una gran riqueza biológica, y que el hermanamiento de los hombres es la mejor garantía para construir la paz y para el progreso de los pueblos.

sábado, 19 de enero de 2019

Por favor, cultiva el espíritu

Me he encontrado, como siempre me pasa buscando otras cosas, con esta interpretación magistral de uno de los temas más bellos creados para una película, "la Misión", sin duda una de las películas más inspiradoras que he visto en mi vida. Conduce la orquesta el mismísimo Ennio Morricone, el compositor de la banda sonora. Por favor, dedícale 9 minutos de tu tiempo a ver y escuchar esto...



Me parece que es muy difícil escuchar una pieza como ésta sin sentirse emocionado. Si a alguno de mis lectores le pasa, debería empezar a preocuparse, porque algo está mal en su interior. Igual debería aparcar su televisión, su móvil, su tablet, su ipod, su reloj inteligente o todas esas cosas a la vez una temporada y empezar a cultivar una dimensión de su vida sin la que no puede considerarse propiamente una vida humana. Si no somos capaces de emocionarnos ante la belleza es que hay algo en nuestro vida que está atrofiado, y conviene que lo desarrollemos cuanto antes. Cuando a uno le operan una pierna y tiene que estar postrado una temporada enflaquecen sus músculos. Restablecerse implica también fortalecer lo que no ha actuado con normalidad en esa temporada de convalecencia. Quizá nos pase algo parecido con nuestros músculos espirituales. Nos falta leer, escuchar buena música, ver películas interesantes, tener charlas tranquilas con nuestros amigos, pensar, sobre todo pensar, reflexionar sobre nosotros mismos, lo que hacemos o quisieramos hacer.
Leía hace unos días las evaluaciones de un alumno sobre la asignatura de ética ambiental que impartí el pasado curso. Decía que les había hecho pensar en cosas sobre las que no había tenido tiempo de hacerlo. No tener tiempo para pensar sobre lo que es bueno y malo, sobre los valores que configuran la vida de cada uno es cuando menos preocupante."Nunca hagas deprisa lo que es para siempre" dice un pensador latinoamericano, subrayando la importancia de cultivar nuestra dimensión espiritual (De los Santos Salvador Lima Huerta, Inteligencia espiritual, 2013, 81). Necesitamos recuperar la dimensión espiritual, que es la única que realmente nos hace felices.
Es difícil hacerlo si seguimos confiando nuestro ocio a la tecnología, que es por definición inmediata. Necesitamos tiempo para lo esencial. Demorarnos pensando en lo que realmente llena nuestra vida, meditar (orar si eres creyente, no solo contigo mismo, sino con Dios que siempre te escucha). Me sigue pareciendo de gran actualidad el libro clásico de Schumacher, "Lo pequeño es Hermoso", que plantea la necesidad de cultivar nuestra faceta espiritual, mermando la material que -cuando se convierte en protagonista- nos acaba destruyendo por dentro. "Nos dicen en ocasiones que hemos entrado en la era de la "sociedad del conocimiento". Esperemos que sea verdad. todavía tenemos que aprender a vivir pacíficamente, no solamente con al resto de la humanidad, sino también con la naturaleza y, sobre todo, con esos Poderes más altos que han hecho a la naturaleza y que nos han hecho a nosotros. Porque, seguramente, no hemos venido a este mundo por accidente y ciertamente no nos hemos hecho a nosotros mismos" (E.F. Schumacher, Small is beautiful. Economics as if People Mattered, 1973, 22).

domingo, 13 de enero de 2019

Seamos más optimistas, aunque sea un poco

Hemos iniciado el año 2019 con los deseos de que sea un periodo estupendo y que nuestra vida, en alguna de sus dimensiones, sea mejor. No sabemos en qué medida eso ocurrirá, ya que la mayor parte de las cosas que anhelamos dependen de factores que no controlamos (cómo irá el trabajo, la salud, las relaciones de familiares o de amistad), por lo que parece más razonable que nos centremos en lo que sí depende de nosotros. Por eso es una buena receta proponernos algo que haga nuestra vida mejor, algo que vaya en la buena dirección. Ahí nos planteamos dos disyuntivas, por un lado, elegir bien el objetivo y por otro acumular energías para abordarlo. Seguro que tenemos experiencia de propósitos hechos a inicio de año con la mejor intención que se mantienen casi idénticos al acabarlo. Como ganar en cualquer virtud es costoso, vale la pena dedicar algo de tiempo a pensar qué meta vamos a proponemos, y qué medios vamos a utilizar para llevarla a cabo. No hablo aquí de las cosas más comunes en los medios, como puede ser cambiar la dieta o hacer más ejercicio. Me estoy refiriendo a algo que afecte a nuestro modo de ser, a nuestra forma de encarar la vida cotidiana, a ese aspecto de nuestro carácter que nos resulta fastidioso, porque vemos que también fastidia a los demás y acaba por hacernos desagradables.
Cada uno que medite y haga examen, pues esto es muy personal. Pero me permito sugerir un frente en el que todos podemos hacer algo más: contemplar la vida con una visión más positiva. De acuerdo que ser optimista también es cuestión de carácter, pero seguro que todos podemos hacer algo más para ver los vasos medio llenos en lugar de medio vacíos, para valorar las virtudes de quienes tratamos en lugar de sus defectos, para alegrarnos con lo que tenemos en lugar de frustarnos con lo que nos falta. Creo que una actitud de fondo que puede ayudarnos en esta línea es considerar que todo, TODO, lo que tenemos es un regalo, y dar gracias por ello. Cuando alguien es tratado con cariño y considera que es así porque lo merece, el agradecimiento se adormila, y además de obviar el esfuerzo de quien nos manifiesta ese trato afectuoso, solo queda sufrir cuando no lo recibamos. Si asumimos de partida que no merecemos ese trato, cuando no lo recibamos, evitaremos el sufrimiento y cuando lo tengamos, lo valoraremos como un tesoro. Naturalmente esto se aplica a las personas con las que tratamos, pero de modo principal y sustantivo a Dios, que nos regala todos los días muchísimas cosas buenas: la fe, la vida, la salud (aunque sea precaria algunas veces), las personas que nos quieren, la naturaleza, esa casa común, tan bella, y un largo etcétera. Leí hace algún tiempo una frase que me ha dado bastante que pensar: "La religiosidad es, ante todo, la afirmación y el desarrollo del atractivo que tienen las cosas" (Luigi Giussani, El sentido religioso, 1987, 147). Sí, ciertamente ser creyente es ser agradecido, es reconocer que recibimos tantas cosas gratis, de Dios, que nos otorga sus dones, de los demás, de la naturaleza que Dios nos regala.

martes, 25 de diciembre de 2018

Feliz Navi... qué?

Navidad viene de natividad y natividad de nacimiento, asi que lo que hoy celebramos es un nacimiento. ¿De quién? Parece que la amnesia colectiva no se acaba de enterar de quien, pero por mucho que se empeñen en ignorarlo algunos, estamos celebrando el nacimiento de Jesús. Hace años me contaba un vecino las piruetas que tenía en mente para celebrar la primera comunión laica de su hijo. "Mire usted, si no es cristiano, no tiene mucho sentido que celebre una primera comunión, que obviamente no tiene nada que ver con el sentido cristiano de recibir a Jesús en la comunión". Ocultar el sentido de la Navidad es tan estrafalario como las peripecias de mi vecino. Nos felicitan de todo, las fiestas, el año, hasta el solsticio de invierno como te descuides... con tal de no citar el nacimiento de Jesús. Como hay que poner adornos y no se puede citar a Jesús, acabamos decorando con las cosas más llamativas y menos cercanas a nuestro ambiente: un reno, un abeto, un muñeco de nieve, un señor gordo de rojo... Por otro lado, la imaginación del "frente anti-cristiano" es poco consistente. Si quieren un animal nuestro, que pongan un jabalí, si precisan un arbol hispano que pongan una encina, para un muñeco de nieve la cosa es complicada (con esto del cambio climático, las nevadas están bajo mínimos), si quieren a un señor gordo de rojo, que pongan un obispo (que por cierto, ese es el origen de Papa Noel = Santa Claus = San Nicolás de Bari, obispo italiano del s. IV).
A veces me pregunto, porque ese empeño en negar lo que estamos celebrando, en obviar el sentido último de lo que hoy celebramos: ¿Es posible que haya un Dios tan tierno que quiera hacerse un Niño, un simple Niño y haya gente que siga ignorandolo, o incluso quizá odiándolo?
Hace tres años estuve en Emiratos, en el mes de diciembre. Allí no había ningún signo navideño salvo en las pocas iglesias que allí se han construido. Es un país árabe, musulmán, y aunque tienen gran respeto por Jesús para ellos la Navidad no es una fiesta de especial relevancia. Lo entiendo. Pero esto no es Emiratos, ni Indonesia, ni Senegal... esto es un país con 2000 años de tradición cristiana. A nadie se le obliga a nada, nadie tiene por qué sentirse ofendido porque celebremos el nacimiento de Jesús. ¿Por qué negar la propia historia? ¿por qué menospreciar a quien se ha acercado tanto a nosotros que no viene con poder sino con la debilidad de un niño, con la misma vulnerabilidad de nuestro propio nacimiento?
Los cristianos nos alegramos enormemente de que Jesús no haya pensado en tantos que no le reconocerían, en tantos que no iban a alegrarse con su venida, que lo iban a ignorar, a odiar, a perseguir... a crucificar. Pese a todo quiso venir con nosotros, quiso acompañarnos, conocer de primera mano esa Tierra que su Padre había creado desde el inicio del mundo para que, también a El, le sirviera como hogar.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Conocer mejor el islam

Decían los primeros cristianos a sus perseguidores una frase que sirve para referirnos a todo aquello a lo que desmostramos prejuicios: "dejan de odiar los que dejan de ignorar", pues ciertamente juzgar sin conocer es sinónimos de juzgar equivocadamente. Por eso es importante conocer bien los grandes temas que circundan nuestra esfera cultural, los que encontramos con tanta frecuencia en los medios de comunicación, casi siempre tratados de manera muy básica, cuando no muy tosca.
Un ejemplo del impacto que tiene este desconocimiento es nuestra actitud ante otras religiones, o incluso de no creyentes ante otras religiones. Los cristianos españoles nos sentimos muchas veces mal juzgados por las personas no creyentes, pero también es de justicia reconocer que juzgamos a otros creyentes de manera simplista o abiertamente injusta. Me parece que esto nos pasa especialmente en lo que se refiere a los musulmanes, supongo que por nuestra larga tradición histórica de enfrentamiento, lamentablemente azuzada por el impacto mediático del islam más radical.
Para entender mejor qué es el islam, sus distintas tendencias, sus realizaciones históricas y su situación presente, recomiendo el libro recientemente publicado por el profesor Juan Martos Quesada, gran conocedor del mundo islámico, tanto en sus raíces históricas como en su desarrollo cultural presente. Conocer el Islam proporciona una visión comprehensiva de esta religión monoteista, ampliamente extendida, sobre todo en el Medio Oriente, el centro norte de Africa y el sureste asiático. Ligada a la tradición árabe, conviene recordar que el país musulmán más poblado es Indonesia, muy alejado culturalmente de los paisajes en los que predicó Mahoma. El libro del prof. Martos aporta una visión muy equilibrada sobre el islam, incluyendo sus principales prácticas religiosas, las distintas ramas que lo conforman, y las distintas escuelas interpretativas. También hace mención al desarrollo literario, artístico, filosófico y científico presente en el mundo musulmán, que lejos de ser una unidad monolítica incluye tradiciones culturales muy variadas.
Un libro ameno e ilustrativo, que servirá al lector para ir más allá de los tópicos al uso, y entender mejor tanto los atractivos como las contradicciones que se presentan en una tradición religiosa que ya practican más de 1.100 millones de personas en el mundo.

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domingo, 9 de diciembre de 2018

Abierto a la propia tradición

Ayer felicité por whatsapp a una compañera del departamento, que se llama Inmaculada. Lo hice a través del grupo. A mi felicitación se fueron uniendo las del resto de los integrantes del mismo. Me llamó la atención que varios se extrañaban de mi mensaje, pues obviamente no habían caído en la cuenta de que estabamos celebrando la fiesta de la Inmaculada Concepción. Era fiesta laboral, estaban de fiesta de hecho, pero no sabían bien por qué. Huelga decir que si no identifican la fiesta, menos aún sabrán por qué es fiesta, esto es por qué una conmemoración referida a la Madre de Jesús se considera suficientemente relevante como para que ni ellos, ni casi nadie en España, trabajaran. Menos aún sabrán por qué el Papa va cada 8 de diciembre a poner unas flores a la estatua de la Inmaculada que hay enfrente de la embajada española en Roma, ni por qué está esa estatua precisamente en ese sitio. De ahí a indicarles el papel que tuvo España como nación, y los teólogos españoles, en la declaración de ese dogma, llevaría un largo camino.

Esto es solo un ejemplo de qué pasa cuando uno desconoce una parte importante de la cultura en la que se encuentra inmerso, así de sencillo. Si voy a un templo budista y no sé nada de budismo, no entenderé casi nada de lo que allí observe. Si voy a una mezquita y no sé nada del islam, pasará algo parecido: observaré sin entender a fondo lo que estoy observando.
Hace poco estaba revisando las competencias que recomienda el Consejo de Universidades para extender la sostenibilidad de modo trasversal, a todos los grados. Me dio que pensar uno de ellos, que abogaba porque los estudiantes tuvieran capacidad de entender y estuvieran abiertos a culturas distintas a la suya. Me parece loable ser persona de mente abierta, dispuesto al conocimiento y al diálogo con personas que tienen raíces muy distintas a las nuestras. Ahora bien, eso implica obviamente que tenemos una cultura propia, y que la conocemos bien; en suma, que tenemos algo de lo que dialogar, algún valor que ofrecer. El pasado año estuve en Irán en un congreso, y comentando las costumbres que allí veía con un colega alemán, me indicó que le parecía muy bien que mantuvieran esas tradiciones culturales, pues la cultura propia es raíz de la propia identidad. Lo curioso es que los europeos, tanto él como nosotros, parece que hemos abandonado la cultura propia, de obvias raíces cristianas, para establecernos en una contra-cultura que solo sabe criticar al pasado, en lugar de construir sobre él. Una cultura sin tradición es un artefacto: no puede generarse cultura a base de cuatro tópicos. Así acabamos celebrando Halloween y comprando en el Black Friday. El rechazo a la propia historia, a la tradición cultural de nuestro país es parte de la crisis de valores en que nos encontramos. La cultura es todo: catedrales, fiestas, gastronomía, música, literatura, virtudes, valores, modos de ver el mundo. Si rechazamos la nuestra, sin apenas conocerla, es difícil que construyamos nada que realmente nos enriquezca, que aporte algo al resto del mundo. "Spain is different" solía decirse hace unas décadas. Sí lo es, lo era,  quizás lo vuelva a ser si salimos de la amnesia colectiva en la que parecemos haber caído.

domingo, 18 de noviembre de 2018

A vueltas con el coche eléctrico

Ayer me mandó un amigo un vídeo elaborado por una revista de automóviles sobre el coche eléctrico. Mi conocida militancia sobre el asunto parece ser un buen blanco para que algunos me lancen andanadas sobre los llamados "puntos oscuros" de la movilidad eléctrica. Después de disfrutar -es el mejor verbo que se me ocurre- de un coche eléctrico durante los últimos 15 meses, nadie mejor que yo conoce las limitaciones del mismo, pero tampoco sus ventajas. Es curioso como muchas personas reaccionan cuando saben que tengo un coche eléctrico, bien sea subrayando las dificultades prácticas, bien los supuestos privilegios de que goza. Claro que tiene dificultades prácticas, como cualquier sistema de transporte, pero de ellas la única relevante es la autonomía, que se matiza mucho cuando uno estudia a fondo sus necesidades de movilidad. Si yo tuviera que hacer viajes profesionales en coche a ciudades lejanas, obviamente no habría comprado un coche eléctrico. Pero no es el caso, como tampoco lo es el de la mayor parte de quienes están tan sumamente preocupados por la escasa autonomía de los modelos disponibles (entiéndase que los que tienen precios asequibles). Con 200 km de autonomía real se pueden hacer bastantes trayectos en un solo día, desde luego para mi son suficientes. Para viajes largos, hay otras formas de transporte.
Frente a ese inconveniente, hay otras muchas ventajas: economía (en torno a 1 € a los 100 km), silencio, suavidad en la conducción, aparcamiento gratuito en las grandes ciudades, acceso a zonas con restricción de tráfico, carga gratuita en diversos lugares públicos... etc. Para mí el más importante es la apuesta por una forma de movilidad mucho más amigable con el medio y con el entorno inmediato. Soy consciente de las emisiones que generan la fabricación del coche y de las baterías, pero la curva global (la que integra todas las emisiones en el ciclo de vida del producto) es claramente favorable al coche eléctrico, sobre todo si -como es mi caso- la energía eléctrica que consumes se produce de fuentes renovables.
Con frecuencia, el consumidor supuestamente preocupado por el medio ambiente usa como excusas de su falta de compromiso real las "dificultades prácticas". En esta vida hay que elegir y casi nunca las elecciones son evidentes: en cada opción hay unos valores que uno fomenta o denigra. Pensar en términos únicamente económicos o de interés personal cuando uno compra algo es dejar al margen el bien común y la solidaridad, seguir construyendo sociedades egocéntricas, donde los problemas siempre tiene que solucionarlos otro. Cada uno que piense sobre los valores que mantiene y actúe en consecuencia.

domingo, 28 de octubre de 2018

Necesitamos caras sonrientes

Me envía una amiga un enlace de Youtube que vale la pena compartir con todos mis lectores (si aún queda alguno, ya siento mi pereza acumulada de las últimas semanas). Es una canción de un grupo norteamericano al que no conocía. Se denominan The Arcadian Wild, recogiendo la idea de ese lugar ideal en donde todos quisieramos habitar. Me parece que esta canción expresa bien un sentido abierto y positivo de la vida, frente a tantos cenizos que intentan convencernos que todo son nubarrones y que lo único propio del ser humano es quejarse. El coro de esta preciosa letra nos dice:

"Benditas son las mentes que no necesita disfrazarse, que vuelan sobre las montañas.
Danza como una emperatriz, impresionarás a todos. Muestra la belleza que se te ha dado"


Ciertamente necesitamos todos levantar el vuelo, mirar más alto para encontrar un sentido al aparente sinsentido de lo cotidiano. Hay dolor y contrariedad, hay negación e injusticia sí, pero también  recibimos todos los días muchos regalos: la propia vida, la de tantas personas que queremos, la de las bellezas naturales que Dios nos regala. ¿Por qué empeñarse en ver siempre lo que te falta, en lugar de lo que tienes? ¿por qué limitarte a tu propia debilidad, en lugar de enriquecer con tu debilidad lo que a otros les falta para ser felices?
El sábado volví a ver una preciosa película de Naomi Kawase, "Una pastelería en Tokio", la anciana cocinera, protagonista de un enorme drama personal, repara con su donación el dolor de otros, dando así sentido a su propia tragedia. Casi al final de la película entrega su mejor frase: "No es preciso ser alguien en la vida, cada uno de nosotros le da sentido a la vida de los demás".

domingo, 19 de agosto de 2018

En el japón de los samurais

La historia de la expansión del cristianismo está hecha de gestas heroicas, protagonizadas tantas veces por misioneros anónimos o poco conocidos, que arriesgaron su vida para llevar su fe en Jesucristo a los rincones más apartados. La evangelización se produjó históricamente en sucesivas olas, desde la expansión de los primeros siglos, principalmente ceñida al Mediterráneo, hasta la del centro, este y norte de Europa, durante los siglos VI al XI. Conocemos, por cercanía cultural, la ocurrida en America a lo largo de los siglos XVI y siguientes, pero mucho menos la que se produjo en la misma época en Africa y Extremo Oriente, de la mano de los misioneros portugueses y apoyándose principalmente en sus colonias costeras. Uno de los frutos más interesantes de esa expansión fue la evangelización de culturas muy alejadas de la occidental, en las que los jesuitas desempeñaron un papel protagonista.
El libro del Prof. Osami Takizawa: Los jesuitas en el Japón de los samuráis  analiza ese proceso con un detalle y maestria hasta ahora no logrados, gracias a su conocimiento directo de las fuentes históricas que explican el proceso. El libro analiza las bases culturales que encontraron estos misioneros a su llegada a Japón, cómo mostraron el mensaje cristiano, cómo transformaron la sociedad de su tiempo, al menos en algunos lugares donde la semilla del Evangelio penetró como campo fecundo. Finalmente, analiza el tragico desenlace del proceso, con la prohibición total del cristianismo en el país y el desarrollo de una de las persecuciones religiosas más cruentas que ha conocido la Historia.

domingo, 8 de julio de 2018

Este no será un país para viejos

Con el rapidez que da el convencimiento sobre un tema que define su ideología, el nuevo gobierno se ha apresurado a iniciar los trámites para el debate parlamentario sobre la eutanasia. Una vez más estamos ante una cadena de eslóganes y se hurta el debate profundo sobre un tema de gran calado, que va a modificar nuestra relación futura con el sistema sanitario. Que un médico se oriente a facilitarte la muerte en lugar de a procurarte la vida es un cambio nuclear en la medicina. Ya ocurrió con el aborto, y las perspectivas se plantean de la misma forma. Lo que se introdujo y aprobó como una excepción, únicamente aceptable para casos extremos (todos nos acordamos de los ejemplos que se ponían en los años ochenta, seguramente muchos inventados por los promotores de la ideología abortista), se convirtió apenas veinte años más tarde en "aborto a la carta". Nadie se cree que los 100.000 abortos que se perpetran en España sean consecuencia de casos extremos. Simplemente se ha convertido en un medio para acabar con los niños con discapacidad (en nombre de un concepto del progresismo que casi nadie entiende) o como un recurso anticonceptivo.
Lo mismo pasará con la eutanasia. Primero son las imágenes de enfermos terminales agobiados por la presión terapeútica (que estoy seguro es absolutamente excepcional), y luego serán los viejos con enfermedades largas (y, ojo, costosas) los que serán impelidos a pedir la eutanasia, por familias que tienen otras cosas que hacer que "cuidar viejos", o por un sistema sanitario que será difícil de mantener económicamente. Quien no lo haga será considerado egoísta con su familia o insolidario con el estado. Una vez que se abra esa puerta, quedará abierta para acabar con la vida de quien no habría nunca pedido ese final. Los mayores acabarán por tener miedo a ir al hospital, porque dudarán si les van a curar o a terminar. La pendiente resbaladiza acabará afectando a las personas más vulnerables, con menos recursos para pagar tratamientos caros o con menos cariño familiar que les asista. No entiendo el progresismo de la medida, no entiendo que la eutanasia -como el aborto- sea una bandera de la izquierda: sufren los más débiles, es una solución que no soluciona nada.

domingo, 24 de junio de 2018

Observación de la tierra y cambio climático


Comparto el enlace con una conferencia que di hace unos meses en la Academia de Ciencias sobre el empleo de las imágenes de satélite en el análisis del cambio climático, que incluye unas referencias éticas sobre nuestra respuesta ante el problema. Espero que os resulte de utilidad.


domingo, 10 de junio de 2018

Isabel: más tópicos históricos

Ya sé que pueden tacharme de estar poco al día, pero es ahora cuando estoy viendo la serie sobre Isabel I que emitió televisión española hace más de seis años. Reconozco que no veo la televisión habitualmente, y aunque varios compañeros me hablaron de la serie en su momento, prefería esperar a que estuviera disponible en otros formatos para verla con la periodicidad que considerara oportuno. Lo estoy haciendo ahora.
Reconozco que la serie está bien filmada y es atractiva de ver, incluye los elementos que garantizan una audiencia continua. Los episodios fluyen con dinamismo y el guión permite crear una esfera de intriga y pasiones que atrae mucho al espectador. En fin, se ve bien, en pocas palabras.
Pero... sí, la serie tiene peros. El más importante, a mi modo de ver, es el retrato que hace de la sociedad de su tiempo, en muchos casos transponiendo groseramente los valores que ahora se consideran de validez universal. Se me antoja especialmente desagradable la presentación que hace la serie de los cristianos en general y de los líderes eclesiásticos en particular. Hasta donde llevo visto, todos los obispos de la serie son personajes odiosos: ávidos de poder y de dinero, rencorosos, soberbios, lujuriosos, mundanos, sin ninguna referencia espiritual. ¿No había ningún eclesiástico verdaderamente cristiano en aquella época? Lo dudo, es más me parece una presentación infantil de un estamento, que con todos sus errores contribuyó a que España pasara de ser un conjunto de reinos divididos a un imperio de referencia mundial. Quizá convenga revisar el libro de Elvira Barea sobre los tópicos negros de nuestra propia historia, que asumimos sin ningún sentido crítico.
Naturalmente son muchos más los que ven series o películas que los que leen libros especializados, y esa visión negativa y simplona cala en la sensibilidad de quien está viendo un film que se presenta como histórico. En las líneas generales lo es, obviamente, digamos que en un 15% del contenido, pero el guión restante corresponde más a los prejuicios de quien lo firma que a la realidad histórica.
No es de extrañar la imagen pésima que tiene la iglesia católica en este país, pues a sus errores ciertos se le unen múltiples otros imaginados, silenciando siempre los bienes que difundió (hospitales, universidades, educación, sentido de la compasión, justicia y un largo etcétera). ¿Cuándo veremos algún clérigo honesto, amable, alegre, inteligente en una serie o película española? Cuesta creer que el catolicismo haya sido seña de identidad de un país, que tiene entre sus mayores logros haberlo difundido, no sólo como religión, sino principalmente como cultura, como valores que han construido sociedad más justas, con todos los defectos que a todos los seres humanos nos acompañan.

domingo, 20 de mayo de 2018

La enseñanza de la religión en las escuelas

Hemos presentado recientemente en la editorial que promuevo un interesantísimo libro que analizar el panorama de la asignatura de Religión en las escuelas europeas. El profesor de la Universidad de Zaragoza, Alejandro González-Varas, hace un recorrido por los países de nuestro entorno sobre la situación legal de esta materia, tan controvertida en nuestro país, sin duda uno de los caballos de batalla más polémicos en cualquier reforma legal de la educación.
En esta cuestión, como en otras muchas, se confirma que están más extendidos los prejuicios que los conocimientos, y que las cuestiones de fondo se saldan con el recurso fácil al cliché, al manido eslogan, dejando al margen los debates serios. Nuestros políticos, particularmente los que presumen de ser de izquierdas, saben que ganan prestigio en sus audiencias cuando critican a la Iglesia, con ocasión y sin ella, y que cuanto más anticlericales (o antireligiosos) se muestren, más reputación de progresismo les acompañará. Lástima que no se muestre ese mismo progresismo en otros frentes que son mucho más relevantes: sobriedad y coherencia de vida, cuidado del ambiente, promoción real de la educación o la sanidad de calidad, política económica o protección de la familia. Todo eso, que era el discurso de la izquierda moral, puede negociarse, pero la denigración, o aniquilización si es posible, de la religión parece postulado inamovible. Ojalá algún día tengamos políticos verdaderamente cristianos de izquierda, o políticos verdaderamente de izquierda cristianos, o al menos abiertos al hecho religioso: en este país es una categoría bastante inédita.
https://www.digitalreasons.es/libro.php?valor=La%20ense%C3%B1anza%20de%20la%20religi%C3%B3n%20en%20Europa
Pero vuelvo al tema de esta entrada. La religión es una asignatura impartida de modo confesional y evaluable en el curriculum en países europeos muy variados, como Grecia, Austria o Finlandia, que pasa por ser el ideal de calidad educativa (aunque los gurús educativos parece que no comentan mucho sobre este presencia de la religión en la escuela finlandesa). A la lista pueden añadirse Bélgica, Alemania, Letonia, Lituania o Polonia. En todos los casos, la religión es de obligada impartición y los padres de los alumnos eligen la tradición religiosa que se adecúa a sus creencias (católica, ortodoxa, luterana, islámica, etc.).  Otros países ofrecen la misma religión confesional pero de modo voluntario, generalmente fuera del horario escolar, como es el caso de Bulgaria, Hungría, Portugal o la República Checa. En tercer lugar, hay otros países donde la religión se imparte como una materia obligatoria sin carácter confesional, como un aspecto más de la cultura humana. Este es el caso del Reino Unido, Suecia o Noruega. Finalmente, hay muy pocos países, pese a lo que digan algunos políticos o formadores de opinión interesados, donde no se imparta enseñanza religiosa en absoluto: caso de Francia, Albania o Eslovenia, si bien en el país galo se están replanteando esa decisión (muy propia de la concepción republicana de ese país) ante el impacto cultural que la ignorancia religiosa tienen entre sus jóvenes habitantes.
En suma, la religión es una dimensión cultural imprescindible de la educación humana. Es clave para entender el contexto histórico y una gran cantidad de manifestaciones artísticas (cuando entré por primera vez en un templo budista, entendí lo difícil que se hará disfrutar de una catedral a quien no sepa nada del cristianismo). Enseñar adecuadamente esta disciplina es clave para formar cultural y moralmente a nuestros alumnos. Una visión más amplia permitirá superar trasnochados laicismos, que no ayudan a promover un verdadero progreso.

domingo, 6 de mayo de 2018

¡Qué difícil es rezar en las iglesias!

Tengo costumbre de hacer un rato diario de oración, donde intento dialogar con Dios, contarle mis inquietudes, conocerle un poco más, escuchar sus sugerencias...
Escuché un viejo chiste, en el que le preguntaban a un recluta para ascender a cabo, -¿dónde está Dios?. El contestaba: -"Estar, estar, está en todas partes, pero donde mayormente para es en las iglesias".
No es fácil hablar con Dios, no es evidente, y por tanto -al menos a mi me pasa- se requiere un cierto sosiego exterior para "pegar la hebra". Claro que puedes decirle cosas mientras vas en el metro, paseando por la calle, o incluso en medio del trabajo, pero para hablar tranquilamente se requiere una cierta tranquilidad, silencio, aislamiento del barullo exterior. Y eso, junto a la presencia de Jesús en la Eucaristía, es lo que busco cuando intento hacer mi rato diario de oración en una iglesia. Pero no siempre es fácil. Es más, a veces resulta bastante difícil, por dos razones principalmente: o porque la iglesia está cerrada, o porque hay ruido dentro. Ambas cosas no se entienden bien. ¿Para qué sirve una iglesia que está cerrada? Entiendo que puede haber energúmenos que puedan agredir al templo y es preciso ser precavido, pero ¿realmente es necesario tener las iglesias cerradas la mayor parte del día, abriéndolas apenas unos minutos antes de las celebraciones eucarísticas?
Si hay suerte y está abierta, todavía me resulta más frustante que haya ruido en el interior. ¿No hay sitios para charlar, mucho más interesantes que una iglesia? ¿Es tanto el ruido exterior que hemos cogido horror al silencio? No siempre es ruido de cháchara, a veces son devociones de unas personas piadosas, que rezan el rosario u otras oraciones en voz alta. Me parece muy bien que lo hagan, pero ¿tiene que ser precisamente en el único rato que está la iglesia disponible?
Pongo tres ejemplos. En mi parroquia, solo se abre 30 m antes de la misa, y siempre hay personas rezando el rosario en ese rato, asi que ya he decidido buscar otro templo. El pasado viernes tenía una reunión cerca de la catedral, asi que entré en la cripta de la Almudena a hacer ese rato de meditación. En la capilla del Santísimo, reservada para la oración, unas piadosas señoras rezaban las letanías del Sagrado Corazón. Me fui a la nave principal, donde entre el órgano (lo más llevadero), los turistas paseando y haciendo fotos, y finalmente un sacristán con la aspiradora, no puede decirse que el sosiego fuera ejemplar. El sábado me acerqué a la ermita de la virgen del Puerto, a media tarde. Estaba abierto, "estupendo", por fin tranquilidad. Resulta que preparaban la fiesta del día siguiente, y entre la limpieza, sacar las andas de la imagen y otras chácharas, no hubo manera de concentrarse.
En fin, a veces me pregunto por qué será tan difícil rezar en una iglesia.

domingo, 29 de abril de 2018

¿Como entendemos el bien común?

El pasado miércoles, mientras buena parte de los madrileños se empotraban en la televisión ante la semifinal europea, presentamos un nuevo libro de la editorial Digital Reasons. Se centra en la renta básica universal, un concepto que tenemos a considerar como utópico o excesivamente idealista, archivándolo sin apenas consideración: pero la tiene, y mucho. Hay varios aspectos que conviene considerar sobre este asunto:
1. Los bienes de la tierra tienen un destino universal, esto es un principio moral que avala la Teología católica y otras muchas posiciones religiosas y filosóficas. ¿Como se concreta? Esto es mucho más difícil. Si el pastel es de todos parece justo que todos tomemos un poco, pero si uno piensa que solo pueden comer los que lo hayan elaborado, entonces la cosa se complica. En cualquier caso, se trata de una cuestión del bien común, de cómo distribuir el progreso que alcanzamos entre todos. Obviamente, abogar por el bien común es cosa muy distinta de pensar que todo tiene que ser común.
2. El sistema económico actual funciona con deficiencias. No sabemos bien cuál puede ser su reemplazo (el comunismo, obviamente, no lo fue), pero algo hay que hacer al respecto porque no tiene sentido que las desigualdades sociales sigan creciendo a la par que lo hace la riqueza global. Los pobres son un poco menos pobres y los ricos son mucho más ricos. Esto no es razonable, no crea sociedades justas, ni sanas socialmente. Las desigualdades extremas llevan a la pobreza marginal, a las carencias educativas, sanitarias y, en muchos casos, a la delincuencia. Hay que pensar en cómo distribuir los gastos sociales de manera más eficiente. No se trata solo de remediar situaciones límite, sino de conseguir que todos vivan con un minimo de bienestar.
3. La revolución tecnológica es imparable y va a suponer, ya lo está haciendo, una tremenda pérdida de puestos de trabajo. Las máquinas hacen mucho más barato, y tantas veces mejor, muchos trabajos que antes hacían los seres humanos. Esto se va a incrementar. Van a crearse otros trabajos nuevos si, pero casi nadie considera que en la misma proporción que los que se destruyen.
4. Los sistemas de renta básica asumen que la gente va a contribuir al sistema y no a aprovecharse de él. No somos ángeles,y en algunas sociedades donde es tan evidente la falta de ética pública, las cosas no apuntan bien para conseguir que la renta básica no degenere en abusos. Hay tarta actualmente para todos, obviamente, pero no sabemos qué pasaría si hubiera mucha gente que dejara de contribuir a construir la tarta.
5. La renta básica debería ser universal, esto es afectando a todos los seres humanos. De otra forma, solo queda el remedio a contruir vallas, que tanto denostamos en Trump. Por ejemplo, estando a menos de 10 km de Marruecos, el efecto llamada de una renta básica en España sería obvio, y no cabría dar unos beneficios universales solo a una clase de habitantes. Esto crearía disfunciones tan severas como vemos en Emiratos u otros países petroleros, con ciudadanos sumidos en el derroche y una inmensa proporción de inmigrantes tratados casi como esclavos.

Hay muchas otras consideraciones, pero dejo al lector a que extraiga sus propias conclusiones de la lectura del libro.