Hablaba estos días con unos colegas de trabajo sobre la visita del Papa a Lampedusa, su primera visita fuera de Roma. Es muy significativo que el Papa haya elegido este lugar, puerta de Europa para muchos inmigrantes africanos, puerta del naufragio para miles de ellos, ahogados, año tras año, en una travesía atizada por la pobreza y las mafías que se enriquecen con comercio de humanos. Lampedusa no es un resort turístico; no es un lugar de esparcimiento; es un lugar de esperanza y de sufrimiento, la via de escape a la miseria, a la persecución en la que se debaten miles de africanos, que buscan en sus hermanos europeos la esperanza. Pero no encuentran acogida, no se les recibe con los brazos abiertos, sino tantas veces con reticencia, con sospecha, cuando no con hostilidad: vienen a quitarnos lo "nuestro".
El Papa ha querido recordarnos, a todos los seres humanos de buena voluntad, que este mundo es uno solo, que somos parte de la misma Creación, hijos del mismo Dios, que nos ha dado en usufructo esta Tierra para compartirla, con todos los demás seres humanos y con todas las demás criaturas, que también son fruto del amor de Dios. Lampedusa es el rostro presente de un drama azotado por una economía al servicio de muy pocos, de unos gobiernos corruptos, aquí y allá, que expulsan a las personas con unas condiciones de vida míseras, que
almacenan los inmensos bienes del planeta en muy pocas manos.
El Papa nos ha pedido en Lampedusa que no seamos indiferentes: unos quizá podremos hacer algo efectivo, para remover las situaciones injustas de partida, otros, al menos podremos acoger a quien llega con el cariño de quien recibe a un hermano lejano; todos al menos deberíamos conmovernos ante esos dramas, que ocupan apenas unos segundos en nuestra televisión, pero meses, años, vidas en tantas personas de tantos países cuya única culpa ha sido nacer en un lugar distinto al nuestro. Te recomiendo leer la Homilia del Papa Francisco en la misa que allí celebró. Son unos minutos, pero te pueden hacer pensar en algo más que en ti mismo, a preguntarte si te has dado cuenta de que falta tu hermano.
El Papa ha querido recordarnos, a todos los seres humanos de buena voluntad, que este mundo es uno solo, que somos parte de la misma Creación, hijos del mismo Dios, que nos ha dado en usufructo esta Tierra para compartirla, con todos los demás seres humanos y con todas las demás criaturas, que también son fruto del amor de Dios. Lampedusa es el rostro presente de un drama azotado por una economía al servicio de muy pocos, de unos gobiernos corruptos, aquí y allá, que expulsan a las personas con unas condiciones de vida míseras, que
almacenan los inmensos bienes del planeta en muy pocas manos.
El Papa nos ha pedido en Lampedusa que no seamos indiferentes: unos quizá podremos hacer algo efectivo, para remover las situaciones injustas de partida, otros, al menos podremos acoger a quien llega con el cariño de quien recibe a un hermano lejano; todos al menos deberíamos conmovernos ante esos dramas, que ocupan apenas unos segundos en nuestra televisión, pero meses, años, vidas en tantas personas de tantos países cuya única culpa ha sido nacer en un lugar distinto al nuestro. Te recomiendo leer la Homilia del Papa Francisco en la misa que allí celebró. Son unos minutos, pero te pueden hacer pensar en algo más que en ti mismo, a preguntarte si te has dado cuenta de que falta tu hermano.





