Ya han encendido las luces especiales, ya comienzan a verse los primeros adornos, ya empiezan a organizarse las comidas o cenas de confraternización, ya es insistente el reclamo comercial para regalar con ocasión o sin ella, ya los niños -y no tan niños- te "asaltan" para que compres papeletas de algún tipo de sorteo, ligado casi siempre con la lotería,... !ya estamos en Navidad!
Pero, ¿es eso realmente la Navidad?, ¿cuál es el sentido de estas fiestas? ¿de qué tenemos que alegrarnos?, ¿del fin de año, del cambio de calendario, de la proximidad a una celebración tradicional, aunque no se sepa bien de dónde viene la celebración?
Navidad proviene del latín nativitas, que significa nacimiento. ¿De quién? Aunque la Sagrada Escritura no nos da pistas claras para situar el día exacto del nacimiento de Jesús en Belén, los cristianos lo celebramos el 25 de diciembre desde el siglo III, cuando Sexto Julio Africano lo situó en ese día. Para la época del Concilio de Nicea en 325, la iglesia alejandrina ya había fijado el Díes nativitatis et epifaníae de Jesús, que se mantiene desde entonces en la Iglesia Católica, la Iglesia Anglicana, algunas otras Iglesias protestantes y la Iglesia Ortodoxa Rumana; mientras otras iglesias ortodoxas lo sitúan el 7 de enero.
Dejando a un lado esas controversias históricas, la tradición cristiana de Europa ha celebrado desde hace 17 siglos el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, y la alegría por ese acontemiento tan trascendental da un sentido muy hondo a las celebraciones de estos días. La honda alegría por conmemorar la encarnación y nacimiento de nuestro Señor no está reñida con el regocijo, la sana celebración y la licencia de algo extraordinario. De ahí a que las navidades se conviertan en una demonstración de derroche consumista desproporcionado, de jolgorio que raya en el esperpento, de desatino insustancial, va un abismo. Celebramos que Jesús nació en Belén, y eso nos llena de alegría, pero Jesús nació en una cueva, desprovisto de casi todo lo que consideramos imprescindible: sólo tuvo el cariño de sus padres, la compañía de unos animales y, poco después, de unos pastores rudos, pobres, pero que quisieron dar a Jesús lo mejor que tenían. En Belén había alegría, cantos, pero sobre todo una enorme generosidad de quien siendo Dios se quiso hacer hombre, como nosotros, frágil, necesitado. El rostro de la Navidad no es el rostro del desenfreno, sino del cuidado amoroso por quienes son olvidados, quienes son más frágiles, quienes están más necesidados.
"Una auténtica fe -que nunca es cómoda e individualista– siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra. Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades" (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 2013, n. 183)
lunes, 5 de diciembre de 2011
domingo, 20 de noviembre de 2011
Resumen del simposio Ciencia y Religion
Los días 10 y 11 de Noviembre se celebró un simposio Internacional denominado: “Ciencia y religión en el siglo XXI: ¿diálogo o confrontación?”. Este evento fue organizado por la Fundación Ramón Areces, con la coordinación científica de Emilio Chuvieco, Catedrático de la Universidad de Alcalá y Denis Alexander, director del Instituto Faraday de la Universidad de Cambridge.
El evento causó un notable interés público. Se inscribieron 410 personas, provenientes de diferentes entidades (centros de enseñanza media, universidades, laboratorios de investigación, hospitales, clínicas…), así como un grupo de personas jubiladas. En cuanto a procedencia geográfica, la mayor parte de los inscritos procedieron de la Comunidad autónoma de Madrid, pero también se contó con la participación de personas provenientes de Manchester, Oxford, Barcelona, Granada, Navarra, Murcia, País Vasco, Vigo, Valencia, Guadalajara y Zaragoza.
Este simposio se organizó como parte de la colaboración incipiente entre el seminario ciencia y religión de la Universidad de Alcalá y el Faraday Institute, de la Universidad de Cambridge. Pretendía impulsar el diálogo
lunes, 14 de noviembre de 2011
A quien no voy a votar en estas elecciones
Ya sé que no es adecuado hacer propaganda negativa, pero sin llegar a acampar en sol, también me siento indignado con muchas cosas que vengo observando en mi país en los últimos años, y que me empujan a adoptar una postura crítica ante las elecciones del próximo domingo. No tengo claro a quien votaré, pero sí a quien no lo haré para que, en lo que dependa de mi, no vuelvan a tomarnos el pelo:
1. No votaré a un partido que no sea toma en serio la educación, que promueve leyes que han conseguido que nuestro país esté en la cola del furgón europeo.
2. No votaré a un partido que no defiende toda vida humana, desde su estado embrionario hasta su muerte natural. La ciencia no establece ninguna diferenciación biológica en esas fases y la ética nos impele a proteger al más débil, al que está más desvalido.
3. No votaré a un partido que sacrifica la protección social a los intereses del mercado, que toma medidas económicas inconsistentes y guiadas por presiones externas.
4. No votaré a un partido que no tiene una política de estado clara, que no sabe cómo articular el gobierno central y el autonómico, que consiente duplicidades en la administración.
5. No votaré a un partido que no se comprometa, en serio, a invertir en investigación y desarrollo, que no esté convenido de que la economía española no puede depender de sectores volátiles (turismo, construcción...).
6. No votaré a un partido que no promueva a los mejores en cada nivel de gobierno, frente a los mediocres que solo tienen como credencial la fidelidad al partido.
7. No votaré a un partido que utiliza el medio ambiente como un señuelo cosmético, que elimina el ministerio, que no tiene una política energética clara, con disposiciones erráticas en la promoción de las energías renovables (ahora sí, ahora no), que no toma decisiones sobre el cementerio de residuos nucleares...
Igual con estos requisitos no encuentro a qué partido votar. Miraré cuál se acerca más y decidiré en consecuencia. Animo a todos a que piensen en sus valores y los confronten con las ideas y los hechos de los distintos partidos. Tenemos una oportunidad clave para comenzar a cambiar las cosas.
1. No votaré a un partido que no sea toma en serio la educación, que promueve leyes que han conseguido que nuestro país esté en la cola del furgón europeo.
2. No votaré a un partido que no defiende toda vida humana, desde su estado embrionario hasta su muerte natural. La ciencia no establece ninguna diferenciación biológica en esas fases y la ética nos impele a proteger al más débil, al que está más desvalido.
3. No votaré a un partido que sacrifica la protección social a los intereses del mercado, que toma medidas económicas inconsistentes y guiadas por presiones externas.
4. No votaré a un partido que no tiene una política de estado clara, que no sabe cómo articular el gobierno central y el autonómico, que consiente duplicidades en la administración.
5. No votaré a un partido que no se comprometa, en serio, a invertir en investigación y desarrollo, que no esté convenido de que la economía española no puede depender de sectores volátiles (turismo, construcción...).
6. No votaré a un partido que no promueva a los mejores en cada nivel de gobierno, frente a los mediocres que solo tienen como credencial la fidelidad al partido.
7. No votaré a un partido que utiliza el medio ambiente como un señuelo cosmético, que elimina el ministerio, que no tiene una política energética clara, con disposiciones erráticas en la promoción de las energías renovables (ahora sí, ahora no), que no toma decisiones sobre el cementerio de residuos nucleares...
Igual con estos requisitos no encuentro a qué partido votar. Miraré cuál se acerca más y decidiré en consecuencia. Animo a todos a que piensen en sus valores y los confronten con las ideas y los hechos de los distintos partidos. Tenemos una oportunidad clave para comenzar a cambiar las cosas.
domingo, 23 de octubre de 2011
Ciencia y religión: ¿diálogo o confrontación?
Con este título, estoy organizando un simposio internacional en la Fundación Ramón Areces, que tendrá lugar los días 10 y 11 de Noviembre en el Salón de Actos de la Fundación (Vitruvio, 5. 28006 Madrid). La entrada es libre y habrá interpretación simultánea, asi que espero que sea una magnífica oportundidad para escuchar opiniones cualificadas sobre diversos ámbitos de la ciencia en los que el diálogo, o a veces la confrontación, con la religión ha sido más evidente. Se cubrirán diversas temáticas, desde cuestiones históricas (origen de la ciencia y el caso Galileo), hasta temas de bioética (investigación ambiental y biomédica), pasando por el debate sobre el origen del Universo, la existencia de vida en otros planetas, la compatibilidad entre evolucionismo y creación, las relaciones cerebro y alma, o la posibilidad de generar inteligencia artificial. Los temas serán tratados por expertos en cada temática, provenientes de prestigiosos centros, tanto nacionales como extranjeros: Francisco Ayala (Universidad de California, Irvine), Denis Alexander (Universidad de Cambridge), John Hedley Brooke (Universidad de Oxford), Marco Bersanelli (Universidad de Milán), Jennifer Wiseman (NASA) John Wyatt (Universidad de Londres), Ignacio Sols, Fernando Sols y Cesar Nombela (Universidad Complutense), Fernando de Arriaga (Universidad Politécnica de Madrid), José Manuel Giménez-Amaya (Universidad de Navarra) y Emilio Chuvieco (Universidad de Alcalá). Creo que será una magnífica oportunidad para debatir sobre temas de gran calado, en donde la religión y la ciencia pueden ayudarse mutuamente. La religión proporciona una estructura moral, que promoviendo el desarrollo de la ciencia asegure que no se vuelva contra el ser humano, mientras la ciencia permite fundamentar más sólidamente las creencias, haciéndolas compatibles con el conocimiento profundo de la realidad material. Animo, por tanto, a todos los lectores de este blog a que participeis en las jornadas y que difundais el evento entre vuestros contactos y amigos.
En enlace para la inscripción está en la página de la Fundación Areces, así como información adicional sobre el evento:
lunes, 17 de octubre de 2011
¿Es Jesús un personaje histórico?
Los cristianos no creemos en un Dios etéreo, inaccesible, conceptual, sino en un Dios que se hizo carne como nosotros, que vivió en una época determinada de la Historia, que sonrió, se cansó, sintió sed, hambre y finalmente murió, tras una serie de sufrimientos horribles. En definitiva, nuestra fe se concreta en un Dios infinito y omnipotente, pero también en un Dios personal, que se hizo humano, como nosotros.
Ahí la fe genérica en la existencia de un Ser que nos supera se concreta en una figura de carne y hueso que nos resulta muy cercana. En ese momento cruzamos el umbral de la Filosofía para entrar en el de Historia. La existencia histórica de Jesús de Nazaret no puede negarse con ningún argumento medianamente riguroso, pues la documentación que nos ha legado la Antigüedad sobre la figura y los hechos de Jesucristo es mucho mayor que la disponible para cualquier otro personaje de la Historia antigua, desde César hasta Alejandro, de Homero a Aristóteles. De hecho, el Evangelio de San Lucas, al que podemos calificar al menos como un buen historiador, ofrece en diversos pasajes una perfecta datación de los hechos que narra. Por ejemplo, nos dice para situar el nacimiento de Jesucristo: “Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino” (San Lucas, 2:1-2). O todavía de modo más preciso, nos dice al inicio de la predicación de San Juan Bautista: “En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto” (San Lucas, 3:1-3).
La reciente controversia a propósito del Código da Vinci, que mezclaba hábilmente la Historia con la ficción, ha facilitado que muchos más cristianos conozcan las raíces de los documentos sobre los que se basan sus
lunes, 10 de octubre de 2011
¿Crecimiento sostenible?
Seguimos levantándonos todos los días con noticias más o menos apocalípticas sobre la situación de la economía, que se capitalizamos los bancos, que si Grecia suspende pagos, que si tal o cual empresa se ha dejado hasta los calcetines en la bolsa, y un largo y cotidiano etcétera.
Parece claro que la economía es la preocupación prioritaria de buena parte de los ciudadanos, que sin entender exactamente qué está pasando, ni cuál es su origen, ni mucho menos su solución, sufren las consecuencias de una incertidumbre que repliega buena parte de su confianza en el futuro.
Hemos vivido décadas bastante anómalas si consideramos la Historia en su conjunto. En nuestro continente, casi nunca ha habido una temporada tan larga sin guerras, hambrunas, o grandes desastres naturales. Y nos hemos acostumbrado a vivir bien, siempre es más fácil acostumbrarse a vivir bien. Como dice la abuela de un amigo: "es más fácil ir de bancos a sillas, que de sillas a bancos". No es esa la experiencia de otros países, por ejemplo de algunos de Latinoamérica, que ya saben lo que significa ser ricos y dejar de serlo. En mi generación no tenemos/teníamos esa experiencia, y por eso estamos perplejos ante lo que ocurre y, sobre todo, ante lo que puede ocurrir.
Pero las crisis son también momentos de mirar las cosas de otra manera, de revisar si estamos apuntando en la línea correcta, si nuestro modelo de desarrollo era realmente consistente. No me refiero a su consistencia económica, sino sobre todo a si ese modo de vida nos hace más felices, nos produce mayor satisfacción vital, nos permite gozar más de la familia y los amigos, sentirnos queridos y querer... Cuando falta el dinero o cuando es más difícil conseguirlo, vale la pena replantearse si realmente el dinero da la felicidad o la estorba. Me parece que, en esto, también se cumple el adagio latino: "In medio virtus". Muy pocos recursos materiales reducen las expectativas vitales, nos empequeñecen; Muchos, sin embargo, no multiplican de la misma manera ese bienestar. No es más feliz un niño que proviene de una familia con más recursos, sino tal vez al contrario. Asegurando un mínimo razonable, se pasa un umbral en el que el crecimiento económico no es igual al desarrollo y, mucho menos, a la felicidad. Mantener un tren de vida que está por encima de nuestras posibilidades crea tensiones, esfuerzo por mantener algo artificial, que se paga en sobre-trabajo o en sobre-egoísmo y que acaba provocando hastío.
Aquí también una honda visión cristiana de la vida puede ayudarnos a poner el punto de mira en un balance vital que nos producirá más alegría. Los medios materiales son sólo eso: medios. Sirven en la medida que nos ayudan a cultivar mejor nuestros dones espirituales (la educación, la cultura, las relaciones sociales, la familia...), si no son más bien obstáculos.
domingo, 2 de octubre de 2011
La grandeza y los límites de la ciencia
Me invitaron hace unos días a participar en un programa de debate que dirige Juan Manuel de Prada sobre los límites éticos de la ciencia. No cabe duda que la ciencia ha reportado enormes beneficios a la sociedad, facilitando la aplicación de nuevos conocimientos a la mejora de nuestro bienestar, en campos tan variados como la salud, el trabajo o la comunicación entre personas. El enorme prestigio social que la ciencia y los científicos tienen puede, sin embargo, convertirse en un arma arrojadiza. Los científicos somos personas normales, con las mismas ilusiones y ambiciones que los demás, con la misma predisposición a la virtud o al vicio, a la abnegación y generosidad o a la adulación y egolatria. Por eso, resulta clave considerar que la ciencia no es un absoluto, sino que como cualquier forma de conocimiento tiene también sus limitaciones. A mi modo de ver, las más destacadas serían:
domingo, 25 de septiembre de 2011
El Derecho y la Justicia
Hace pocas semanas escribía en este blog sobre mis impresiones de la JMJ y particularmente sobre el encuentro que tuvimos con Benedicto XVI en el Escorial. Además de esas impresiones personales, muy gozosas por cierto, insertaba el enlace al discurso que pronunció el Papa en ese acto, un verdadero compendio de lo que debería ser la Universidad como institución educativa. Entre los amigos a quienes mandé mis reflexiones, a una investigadora le picó la curiosidad mis comentarios y se decidió a "pinchar" el enlace al discurso, leyéndolo esa misma. Su sorpresa fue bastante notable. Me confesó que nunca había leído nada de Benedicto XVI, pero que quedó muy gratamente impresionada por las palabras del Papa y que estaba de acuerdo con lo que allí se decía.Pensaba estos días en lo ocurrido a mi amiga, ante la visita del Papa a su tierra natal. A juzgar por los medios, Benedicto XVI no es recibido cordialmente por sus paisanos, y Alemania se presenta como un territorio particularmente hostil al renacimiento católico que encabezó Juan Pablo II e intenta continuar el actual pontífice. Las primeras noticias no son tan desalentadoras y parece que, también entre los que no piensan como él, hay reconocimientos públicos de la hondura y trascendencia del mensaje de Benedicto XVI.
Siguiendo el ejemplo de mi amiga investigadora, invito a los lectores de estas líneas a que pinchen este enlace y lean personalmente a una de las cabezas más brillante de nuestros días. La lección del Papa en el
domingo, 18 de septiembre de 2011
Trabajar mirando al Cielo
El trabajo nos ocupa buena parte de nuestro tiempo, es la fuente principal (tantas veces la única) de recursos para mantenernos, nos proporciona relaciones sociales, amplía nuestros conocimientos, permite poner en valor nuestras habilidades, nos aporta experiencias vitales: en resumen, es uno de los ámbitos más importantes de la vida para la mayor parte de los adultos. Ahora bien, ¿por qué trabajamos?, ¿cuáles son las motivaciones últimas detrás del trabajo que realizamos cotidianamente?
Para muchas personas, el trabajo es sólo una cuestión de ganarse los recursos necesarios para vivir. Cuantos más recursos con menos trabajo, la ecuación resulta más satisfactoria. Para otros, el trabajo es un motivo de angustia, ya que la inestabilidad laboral les implica una inquietud sobre el futuro que les resulta complicado sobrellevar, especialmente cuando es la única fuente de ingresos para la familia. Para otros, tal vez los menos, el trabajo es un compromiso personal con la sociedad, una manera de devolverle los servicios (educación, salud, infraestructuras) que nos han permitido aprender las habilidades que ahora desarrollamos.
La productividad laboral de la que tanto se habla en estos días, va a depender en buena medida de cómo esté el trabajo organizado por quien tiene la misión de hacerlo (empresario, administración), y por las motivaciones que el trabajador tenga para desarrollar su tarea. En pocas palabras, uno trabaja por tres razones: por dinero, por miedo o por convicción. En consecuencia, para trabajar más y mejor, es preciso o más incentivos económicos, o más control, o más firmeza en las convicciones.
Para mi desde luego, la tercera es la motivación que más me motiva: cuando uno trabaja por convicción las cosas se ven y se hacen de otra manera. El problema es cuál es el origen de esa convicción: -¿un sentimiento de gratitud con la sociedad que nos ha favorecido previamente?; -¿una certeza ética, tal vez? -¿un vínculo religioso?
La primera actitud me parece poco frecuente; la segunda puede anclarse en una confianza en la bondad de lo que hacemos, que además nos resulta interesante, y eso nos lleva a efectuarlo bien y con la mente puesta en
Para muchas personas, el trabajo es sólo una cuestión de ganarse los recursos necesarios para vivir. Cuantos más recursos con menos trabajo, la ecuación resulta más satisfactoria. Para otros, el trabajo es un motivo de angustia, ya que la inestabilidad laboral les implica una inquietud sobre el futuro que les resulta complicado sobrellevar, especialmente cuando es la única fuente de ingresos para la familia. Para otros, tal vez los menos, el trabajo es un compromiso personal con la sociedad, una manera de devolverle los servicios (educación, salud, infraestructuras) que nos han permitido aprender las habilidades que ahora desarrollamos.
La productividad laboral de la que tanto se habla en estos días, va a depender en buena medida de cómo esté el trabajo organizado por quien tiene la misión de hacerlo (empresario, administración), y por las motivaciones que el trabajador tenga para desarrollar su tarea. En pocas palabras, uno trabaja por tres razones: por dinero, por miedo o por convicción. En consecuencia, para trabajar más y mejor, es preciso o más incentivos económicos, o más control, o más firmeza en las convicciones.
Para mi desde luego, la tercera es la motivación que más me motiva: cuando uno trabaja por convicción las cosas se ven y se hacen de otra manera. El problema es cuál es el origen de esa convicción: -¿un sentimiento de gratitud con la sociedad que nos ha favorecido previamente?; -¿una certeza ética, tal vez? -¿un vínculo religioso?
La primera actitud me parece poco frecuente; la segunda puede anclarse en una confianza en la bondad de lo que hacemos, que además nos resulta interesante, y eso nos lleva a efectuarlo bien y con la mente puesta en
domingo, 11 de septiembre de 2011
Lo que Europa le debe a la Iglesia

Presenta Woods una revisión histórica de las grandes contribuciones de la Iglesia en diversos aspectos que consideramos clave para entender el marco cultural de la sociedad occidental. En primer lugar, presenta algunos tópicos comúnmente aceptados por los estudiantes europeos o norteamericanos, que raramente dejan a la Iglesia en buena posición, considerando la época medieval, donde se muestra con más claridad su presencia cultural, como una época de regresión social, un paréntesis intelectual entre el esplendor clásico y el Renacimiento, que comenzaría a librarse del supuesto yugo que la Iglesia habría puesto al desarrollo cultural y científico.
La realidad histórica, lejos de esa concepción simplista, muestra que precisamente es en la Edad Media donde se encuentran los gérmenes, cuando no ya algunos desarrollos maduros, que alumbrarían posteriormente a la sociedad más avanzada científica, técnica, cultural y socialmente que ha existido hasta el momento en la Tierra.
En primer lugar sitúa Woods el contexto histórico del inicio de la Edad Media, la difícil transición entre la Roma clásica y el dominio de los pueblos germánicos que acabaron con su Imperio. Este cambio supuso un vacío político y cultural, que poco a poco iría llenando la Iglesia, primero a través de sus monjes, luego de sus universidades, sus catedrales y su presencia territorial. En sucesivos capítulos, repasa Woods el papel de los monjes católicos –singularmente los benedictinos- en la preservación del legado cultural clásico; el papel del Papado en la creación y tutela de las Universidades, garantizando su independencia intelectual; el impacto de la concepción cristiana del mundo para explicar que sea en Europa –y no en cualquier otra civilización- donde nace la ciencia, tal y como la conocemos actualmente; el liderazgo artístico de la Iglesia; la importancia de las controversias teológicas en la creación del derecho internacional, especialmente a propósito de la colonización de América por la corona española; la aportación de la Iglesia a la economía, a la creación de una red de protección social (hospitales, asilos, orfanatos…); y finalmente al establecimiento de valores morales de vigencia universal.
Como en cualquier obra de estas características, algunos capítulos son más brillantes y otros más ligeros, pero en su conjunto la obra de Thomas Woods aporta una gran cantidad de material sobre el que conviene reflexionar. Me parece urgente que fortalezcamos el rigor histórico a la hora de juzgar la aportación católica a la creación de lo que hoy conocemos como Europa (y, por extensión, los países que colonizó más hondamente). Con sombras, que como en toda obra de hombres existen, el balance al que nos guían los hechos es sin duda muy positivo.
sábado, 3 de septiembre de 2011
Lo importante es lo importante
Cuentan que esta sencilla frase, que parece de Perogrullo, decoraba la mesa de un prestigioso gestor internacional. Ciertamente, distinguir lo que realmente es valioso de lo marginal, es una manifestación de sabiduría.
Cuando hablamos del cristianismo en nuestro país, o más propiamente cuando hablamos del modo de vida católico, las primeras cuestiones que saldrán a la palestra –casi siempre en un tono crítico- hacen referencia a temas morales. En los primeros siglos de la Iglesia, las controversias eran intelectuales: si había uno o tres dioses, si Jesús era también Dios o sólo hombre, si tenía una o dos voluntades y naturalezas, etc. Con el paso de los siglos, parece que esos temas no interesan mucho, y que el eje de la conversación va a centrarse seguramente en qué prohíbe la Iglesia sobre determinadas cuestiones morales, siendo las relaciones con el sexto mandamiento las que ocupan la parte más alta del ranking. Lamentablemente, la conversación se centra entonces en lo marginal; no es esencial del cristianismo su concepto de la sexualidad, sino que es en realidad una consecuencia de otras muchas cosas a las que habitualmente no le dedicamos la debida atención.
En un entrañable pasaje del Evangelio de San Lucas se nos narra la visita de Jesús a sus amigos Marta, María y Lázaro. Marta se afanaba en las tareas domésticas, con la estupenda intención de atender mejor a Jesús. Mientras su hermana María “…, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra. Acercándose (Marta), le dijo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.” Le
sábado, 27 de agosto de 2011
¿Para qué sirve rezar?
Hace años leí una noticia en el periódico que me llamó mucho la atención. Una señora, licenciada en Filosofía y Letras y con amplia cultura, se ganaba la vida quedando con gente para charlar en una cafetería. En otras palabras, alquilaba su tiempo para conversar sobre los tópicos más variados con quien tuviera necesidad de compañía. El artículo aclaraba que esas conversaciones no tenían otra finalidad menos noble, sino que eran, simple y llanamente, citas para charlar. Me pareció preocupante que estemos creando una sociedad donde acabemos estando tan solos que sea necesario alquilar el tiempo de alguien para que nos escuche.
Los cristianos no tenemos esa necesidad, porque tenemos a Alguien, con mayúscula, que siempre está esperando que nos dirijamos a Él, que siempre está dispuesto a atender nuestra conversación. En la recogida quietud de una Iglesia, en un paisaje excelso, o en el fragor cotidiano de un medio de transporte está Dios esperándonos, siempre dispuesto a escuchar nuestras alegrías, inquietudes o preocupaciones. Eso es precisamente la oración.
La vida cristiana no se queda en un reconocimiento más o menos vago de que existe un Ser Superior, sino que se concreta en un trato personal, de amor, de amistad, con una Persona. Dios no es un ser lejano, que
lunes, 22 de agosto de 2011
Yo estuve allí (II): la misa en Cuatro Vientos
No me gustan especialmente las multitudes, prefiero los grupos pequeños, pero hay momentos singulares en los que una muchedumbre puede convertirse en una reunión cercana, casi en una familia. Esto pasó ayer en el aeródromo de Cuatro Vientos. Estábamos juntos una multitud inmensa, de países que uno apenas conoce por los Atlas. Había jóvenes católicos iraquíes, paquistaníes, palestinos, sudaneses, chinos... que sufren en sus carnes, todos los días, el odio religioso, que les explota iglesias, les condena al destierro, a la cárcel, o a la marginación social. Había jóvenes de países occidentales en donde ser cristiano "ha pasado de moda ", donde la fe se ridiculiza, identificándola con una ideología de mentes retrasadas. Había jóvenes de países africanos y asiáticos, donde la fe es pujante, vibrante, se identifica con la esperanza de algo nuevo, que supera el pesimismo de una vida sufriente. Había jóvenes de todas las razas, unidos por la alegría de estar con un padre común, de alguien que les da unidad, que les convoca para un mismo ideal de cambiar el mundo, cambiando ellos primero. Siguiendo a Juan Pablo II, Benedicto XVI no habla a los jóvenes complacientemente, les pide más: entrega, compromiso vital, oración, frecuencia de Sacramentos, participar en la vida de la Iglesia, construirla, transmitirla íntegra a los que vendrán.
El Papa nos recordó que la Iglesia no es sólo una institución humana, sino es principalmente la continuación de la vida de Jesús entre nosotros. Los seres humanos somo sociales por naturaleza, tendemos a construirnos en el seno de una familia, donde somos queridos por quien somos, independientemente de nuestras cualidades. Así la fe también se construye sobre la experiencia y el amor de los otros cristianos. "Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor". Por eso, el Papa nos animaba a todos, jóvenes y menos jóvenes, a subrayar la importancia de "vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios.
Como fruto de una vida de oración y un trato con Jesús más intenso, "nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe".
Me parece que éste es el mejor resumen de la estancia de Benedicto XVI en España: animarnos a todos a entusiasmarnos con la fe, con la amistad con Jesús, y a mostrar esa alegría a los demás.
Discurso completo de Benedicto XVI en la Eucaristía de Cuatro Vientos
El Papa nos recordó que la Iglesia no es sólo una institución humana, sino es principalmente la continuación de la vida de Jesús entre nosotros. Los seres humanos somo sociales por naturaleza, tendemos a construirnos en el seno de una familia, donde somos queridos por quien somos, independientemente de nuestras cualidades. Así la fe también se construye sobre la experiencia y el amor de los otros cristianos. "Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor". Por eso, el Papa nos animaba a todos, jóvenes y menos jóvenes, a subrayar la importancia de "vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios.
Como fruto de una vida de oración y un trato con Jesús más intenso, "nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe".
Me parece que éste es el mejor resumen de la estancia de Benedicto XVI en España: animarnos a todos a entusiasmarnos con la fe, con la amistad con Jesús, y a mostrar esa alegría a los demás.
Discurso completo de Benedicto XVI en la Eucaristía de Cuatro Vientos
sábado, 20 de agosto de 2011
Yo estuve allí (I): Benedicto XVI y la Universidad
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| Encuentro con profesores universitarios en el Escorial |
Yo estaba ayer en el Escorial, ilusionado por ver de cerca al Papa y compartir con otros compañeros docentes e investigadores de la Universidad un encuentro que se prometía de gran interés. Y así fue. El ambiente previo era excelente: saludos cordiales entre personas que no conocía de nada, pero que compartíamos lo esencial: una visión del ser humano, imagen de Dios; una familia espiritual, la Iglesia; un padre común, el Papa.
Benedicto XVI se siente especialmente a gusto con los universitarios: él lo ha sido, lo es, pues el espíritu universitario es permanente. Se le veía feliz, aunque cansado. Tuve la dicha de poder darle la mano, verle muy cerca. Le encanta estar con nosotros, pero se transparenta su timidez. Sabe quien es ahora, sabe que tantos necesitamos estar con él, y está ahí, entre multitudes, aunque estoy convencido que a él le gustan los grupos pequeños.Nos habló como profesor universitario, nos recordó que el trabajo universitario es exigente, que debemos buscar sin descanso la verdad, la íntegra, que abarca todos los aspectos, sin reducirla a la fría recopilación de datos. "La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor", nos dijo. Nos pidió que queramos a nuestros alumnos, que seamos verdaderos maestros con una vida íntegra. "Por tanto, os animo encarecidamente a no perder nunca dicha sensibilidad e ilusión por la verdad; a no olvidar que la enseñanza no es una escueta comunicación de contenidos, sino una formación de jóvenes a quienes habéis de comprender y querer, en quienes debéis suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese afán de superación. Sed para ellos estímulo y fortaleza". Nos recordó que la ciencia tiene límites éticos, que nosotros también somos limitados y que la humildad es una virtud muy universitaria, porque nos despoja de la vanidad que busca la propia gloria en lugar del servicio a la verdad de quien dependemos. "Podemos buscarla y acercarnos a ella, pero no podemos poseerla del todo: más bien, es ella la que nos posee a nosotros y la que nos motiva. En el ejercicio intelectual y docente, la humildad es asimismo una virtud indispensable, que protege de la vanidad que cierra el acceso a la verdad. No debemos atraer a los estudiantes a nosotros mismos, sino encaminarlos hacia esa verdad que todos buscamos".
Os dejo el enlace completo al discurso del Papa, que propone ideas de mucho calado, que estoy seguro meditaremos con sosiego durante los próximos meses y nos aportarán luces para mejorar nuestra tarea universitaria.
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2011/august/documents/hf_ben-xvi_spe_20110819_docenti-el-escorial_sp.html
Por cierto, para acabar una mañana espléndida, pude charlar con algunas de las monjas jóvenes que habían estado en el acto con el Papa, muy cercano al nuestro, también en el Escorial. Encantadora su paz y su alegría.
Mirando la cara de esta chica, ¿alguien puede decir que la entrega a Dios es para gente amargada?
sábado, 13 de agosto de 2011
Bienvenido Benedicto XVI
Las polémicas salen en los medios, les encantan a los medios; los debates venden, cuanto más enfrentados mejor. La discusión, el intercambio de argumentos, es propio de gente que razona y que busca la verdad. Prefiero la discusión a la polémica y al debate televisivo, y los argumentos a los tópicos, las medias verdades o directamente a la imaginación calenturienta.
Aquí doy algunos argumentos que justifican, a mi modo de ver, acoger al menos con respeto al Papa. Sirven para todos los públicos, no sólo para los católicos, pues Benedicto XVI es:
1. Uno de los intelectuales más brillantes de las últimas décadas. 8 doctorados honoris causa, 80 libros, 600 publicaciones, catedratico en Bonn, Munster, Tubinga y Ratisbona (http://es.wikipedia.org/wiki/Benedicto_XVI)
2. Teólogo clave en el Concilio Vaticano II, renovador de la Iglesia frente a las corrientes más tradicionales (http://www.catolico.org/santos/benedicto16/sobre_ben16/pensamiento_ratzinger_intro_villalta.htm).
3. Ardiente buscador de la verdad en todos los órdenes (http://www.sigueme.es/librospdf/FE,%20VERDAD,%20TOLERANCIA.pdf).
4. Defensor eminente de la libertad religiosa en todo el mundo (http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20101208_xliv-world-day-peace_sp.html).
5. De carácter afable y dialogante, ha protagonizado numerosos debates con personas agnósticas y no creyentes (http://www.mercaba.org/ARTICULOS/D/debate_Habermas_Ratzinger.htm)
6. Crítico de todo sistema económico y social que no ponga la prioridad en la persona y sacrifique los derechos humanos al dictado de la eficacia económica (http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate_sp.html)
7. Abogado de la racionalidad de la fe, para evitar que caiga en el fundamentalismo religioso (http://www.zenit.org/article-20352?l=spanish).
8. Impulsor de la conexión entre moral y conservación de la naturaleza (http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20091208_xliii-world-day-peace_sp.html).
9. Impulsor de la purificación en la Iglesia, condenando enérgicamente los abusos sexuales de miembros del clero y colaborando en aliviar el dolor de sus víctimas (http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/letters/2010/documents/hf_ben-xvi_let_20100319_church-ireland_sp.html).
Además, para los católicos, es el Santo Padre, una figura entrañable, que nos espolea a ser mejores, a buscar con más ahínco a Jesús, para tratarle con más hondura en la oración y en los sacramentos, a ser mejores trabajadores, a ser más comprometidos con los más desfavorecidos, a estar abiertos a todos... también a los que no piensan como nosotros.
Por todo eso: ¡Bienvenido Benedicto XVI!
Aquí doy algunos argumentos que justifican, a mi modo de ver, acoger al menos con respeto al Papa. Sirven para todos los públicos, no sólo para los católicos, pues Benedicto XVI es:
1. Uno de los intelectuales más brillantes de las últimas décadas. 8 doctorados honoris causa, 80 libros, 600 publicaciones, catedratico en Bonn, Munster, Tubinga y Ratisbona (http://es.wikipedia.org/wiki/Benedicto_XVI)
2. Teólogo clave en el Concilio Vaticano II, renovador de la Iglesia frente a las corrientes más tradicionales (http://www.catolico.org/santos/benedicto16/sobre_ben16/pensamiento_ratzinger_intro_villalta.htm).
3. Ardiente buscador de la verdad en todos los órdenes (http://www.sigueme.es/librospdf/FE,%20VERDAD,%20TOLERANCIA.pdf).
4. Defensor eminente de la libertad religiosa en todo el mundo (http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20101208_xliv-world-day-peace_sp.html).
5. De carácter afable y dialogante, ha protagonizado numerosos debates con personas agnósticas y no creyentes (http://www.mercaba.org/ARTICULOS/D/debate_Habermas_Ratzinger.htm)
6. Crítico de todo sistema económico y social que no ponga la prioridad en la persona y sacrifique los derechos humanos al dictado de la eficacia económica (http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate_sp.html)
7. Abogado de la racionalidad de la fe, para evitar que caiga en el fundamentalismo religioso (http://www.zenit.org/article-20352?l=spanish).
8. Impulsor de la conexión entre moral y conservación de la naturaleza (http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20091208_xliii-world-day-peace_sp.html).
9. Impulsor de la purificación en la Iglesia, condenando enérgicamente los abusos sexuales de miembros del clero y colaborando en aliviar el dolor de sus víctimas (http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/letters/2010/documents/hf_ben-xvi_let_20100319_church-ireland_sp.html).
Además, para los católicos, es el Santo Padre, una figura entrañable, que nos espolea a ser mejores, a buscar con más ahínco a Jesús, para tratarle con más hondura en la oración y en los sacramentos, a ser mejores trabajadores, a ser más comprometidos con los más desfavorecidos, a estar abiertos a todos... también a los que no piensan como nosotros.
Por todo eso: ¡Bienvenido Benedicto XVI!
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